La teoría del pensamiento de Wilfred Bion y su aplicación al fanatismo

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Uno de los temas que interesó a Valentina Rabadán durante su Doctorado, fue la teoría del pensamiento de Wilfred Bion. Por lo cual, decidió investigarla más a fondo, entenderla y, sobre todo, observar su aplicación en el área clínica y social con un fenómeno mental dramático: el fanatismo. En esta ocasión, Valentina nos cuenta sobre su tesis La teoría del pensamiento de Wilfred Bion: aportaciones clínicas y derivaciones teóricas con la cual se tituló del Doctorado en el Centro Eleia en 2018.

La mente según Klein y el pensamiento según Bion

Wilfred Bion es un destacado teórico del psicoanálisis cuyos postulados permiten comprender uno de los procesos básicos de la mente: el pensamiento.

Bion se considera un psicoanalista poskleiniano puesto que su teoría implicó abandonar la visualización de la psicopatología como el resultado de un conflicto entre el impulso y la defensa, a través de una estructura psíquica conformada por el yo, el ello y el superyó.

Bion tomó ideas kleinianas, pero también fue más allá de esta perspectiva. Según Melanie Klein (1975), la mente es un espacio en donde se desarrollan fantasías y se construyen y destruyen relaciones de objeto en función de los polos afectivos (amor-odio).

Además, es ahí donde se ponen en marcha defensas para aliviar los distintos tipos de angustia que estos polos generan. Bion retomó esta concepción kleiniana y la utilizó para explicar cómo se conforma la mente y los procesos que ocasionan varios de los fenómenos que Klein explicó.

 

¿Cómo logramos llegar al pensamiento?

El pensamiento se logra a través de un proceso que inicia cuando el bebé tiene una serie de sensaciones o percepciones rudimentarias —llamadas protopensamientos o pensamientos embrionarios— que le resultan molestas.

Éste tiende a expresarlas o expulsarlas hacia el exterior, donde una persona (usualmente la madre o una figura materna) las recibe, las entiende y las modifica dentro de sí misma para darles sentido; incluso les pone palabras y se las devuelve al bebé en forma de un elemento con significado.

 

Por ejemplo

Si el bebé grita y llora, la madre entonces se da cuenta de que tiene sueño y hambre, por lo cual su reacción es arrullarlo y darle de comer mientras le dice “tienes hambre, te voy a dar tu leche y luego, a dormir”.

Esta interacción “sencilla” es una forma básica de ayudar al bebé a crear pensamientos, ya que, a través de las palabras y acciones de la madre, el infante le da sentido a su experiencia emocional. Poco a poco, dicha función se complejizará y conformará todo un sistema conceptual en la mente del niño hasta convertirse en un adulto.

Según Wilfred Bion (2006)

Pensar no es un acto cognitivo, sino un proceso emocional altamente complejo que implica dar sentido a las experiencias humanas.

Esto último se logra al tolerar la “verdad”, así como la frustración y el dolor mental que ésta suele traer consigo. Esa verdad contiene elementos de los dos polos afectivos que Klein planteó: amor y odio. En estos polos se concentra toda la gama afectiva y conductual que opera cotidianamente dentro de la mente y que implica tanto la parte positiva (creativa, cálida, constructiva, vincular) como la parte “oscura” (la agresión, envidia, celos, rabia y todo lo relacionado con la destructividad propia y del otro).

Por eso, pensar “duele”, porque sabernos amables, generosos y rodeados de amor suele ser fácil; pero descubrirnos envidiosos, aislados y egoístas no es agradable y genera un dolor emocional. Ante este dolor, solemos elegir cancelar el pensamiento antes que desarrollarlo.

Lo mismo ocurre con los duelos y demás eventos exteriores que generan dolor.  No obstante, las fallas excesivas en el proceso de elaboración del dolor mental y, por lo tanto, en el proceso de “pensar pensamientos”, pueden conducir a que el individuo padezca trastornos de la personalidad leves o también graves, como la psicosis.

 

La teoría de Bion aplicada al fanatismo

Distintos psicoanalistas han retomado la teoría del pensamiento de Bion para explicar los fenómenos de la mente, así como los trastornos de personalidad.

Darío Sor y María Rosa Senet (2010) vincularon los principales puntos de esta teoría para analizar y explicar el fanatismo. De acuerdo con estos autores, el fanatismo básicamente está asentado en la intención de cancelar el pensamiento para evitar el dolor o la frustración que pueden acarrear las ideas nuevas.

De esta forma, la idea fanática o “idea máxima” carece de articulaciones con otros planteamientos dentro de la misma mente, es decir, se encapsula, no se transforma, vive en aislamiento y rechaza cualquier sombra de duda.

La idea fanática ofrece algo “maravilloso”: anula el cambio y disminuye el dolor de la incertidumbre y de descubrir algo potencialmente desagradable. Sor y Senet consideran que el fanatismo es un depredador de la mente, puesto que no la deja evolucionar ni crecer, simplemente la consume poco a poco.

Lo más impactante es que las ideas fanáticas no pertenecen únicamente a personas que parecen estar trastornadas, sino que aparece incluso en personas brillantes. La idea dogmática puede pertenecer a cualquier área: científica, artística, ideológica, religiosa, entre muchas otras.

Por esto, los autores afirman que “el fanatismo invita a la polémica, a la guerra, a la destrucción, a la quema en una plaza pública… a lo que jamás invita es a pensar”. (Sor y Senet, 2010, p.86). El fanatismo es un resquicio cómodo del mundo, es un espacio violento, pero conocido, cerrado y acolchonado en la omnisciencia y la arrogancia. Representa una conducta violenta hacia los otros. Es violenta con la “verdad”, pero nunca con la mente que lo posee.

En conclusión

La teoría del pensamiento de Bion es de gran relevancia para el psicoanálisis, pues explica una serie de fenómenos actuales y nos ayuda a visualizarlos y abordarlos de una manera más puntual. En el caso del fanatismo —en donde el conflicto no está realmente en un impulso reprimido, sino en un intento por cancelar el dolor mental— podemos realizar una intervención con el paciente enfocada a este rubro de su pensamiento. Lo mismo puede hacerse con otros trastornos como el autismo, lo psicosomático, los duelos no resueltos, entre muchos otros.

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Referencias

Bion, R. W. (2006). Volviendo a pensar. Buenos Aires: Hormé.
Klein, M. (1975). Obras completas, tomo 2: El psicoanálisis de niños. México: Paidós.
Sor, D. y Senet, M. R. (2010). Fanatismo. Buenos Aires: Ediciones Biebel.