La función del “no” y la conformación de la identidad. Jornadas Clínicas 2019

Por Conrado Zuliani

En junio de 2019 Eleia realizará su Jornada bianual que en esta ocasión abordará la identidad. Esta nota brinda ideas introductorias sobre la temática de este evento.

La identidad (palabra proveniente del latín identitas, que se traduce como “lo mismo” y es a su vez una derivación de ídem, cuyo significado es “uno mismo” o “el mismo”) es un concepto complejo, no unívoco y que admite más de un sentido. Tanto la sociología como la biología, la psicología e incluso las matemáticas lo utilizan en sus marcos conceptuales y se han dado a la tarea de definirlo. Por ello, se vuelve evidente que la identidad es un fenómeno al que podemos —y quizás debemos— aproximarnos desde múltiples perspectivas, aun si lo acotamos a las consideraciones relacionadas con lo psíquico.

En particular, nos interesa considerar dos momentos en la estructuración de la identidad en los que la función del “no” cobra capital importancia. Nos referiremos, en principio, a aquel momento en que el niño responde a toda propuesta que viene del adulto con un “no”. “¿Vamos al parque?”, “¿quieres comer algo?”, “¿quieres que te lea un cuento?” No importa el ofrecimiento del que se trate, éste tendrá por respuesta un rotundo “no” de boca del niño. El resultado es que, muchas veces, los padres llegan a sentirse desorientados y descorazonados ante la negativa del pequeño; entonces, ¿cómo podemos entender esta respuesta? Aquí es preciso explicar que una de las primeras formas en que un niño se diferencia de los otros es por medio del “no”. Thomas Ogden (2018) señala: “es sólo a través del reconocimiento por otro que es reconocido a su vez como una persona separada (y por ello interdependiente), que uno deviene cada vez más (autorreflexivamente) humano” (p. 56). Es así que, la posibilidad de decir “no” al otro se vuelve una de las primeras marcas personales de la identidad de un sujeto, ya que implica distinguirse como diferente.

En este sentido, la función del “no” es un factor de suma importancia en el proceso de aprehensión del objeto como una entidad exterior, diferente al yo. Para que este movimiento sea posible, es indispensable que el adulto tolere y acepte el rechazo momentáneo proveniente del niño, lo cual incluye hacerlo sin demasiada angustia ni zozobra. Dicho de otra forma, para llevar a cabo la afirmación de la identidad propia, es necesario que el adulto soporte, por un lado, alejarse (en la medida en que, como afirmó Donald Winnicott, el pequeño pueda sobrellevar esa ausencia) y, por el otro, ser parcialmente prescindible para aquel niño que cada vez se vuelve más independiente.

El otro momento que debemos considerar en cuanto a la función del “no” en la conformación de la identidad es la adolescencia. La literatura psicológica y psicoanalítica con frecuencia hace referencia a esta etapa como un momento de gran turbulencia emocional, de rebeldía y rivalidad con los adultos y con la autoridad. El irse de “pinta”, realizar pequeños actos delictivos, consumir alcohol o drogas, todos ellos actos “prohibidos” que se realizan a escondidas, pueden pensarse como acciones transgresivas que tienen un significado edípico. Esto es, aquello que no está permitido se convierte en una representación de otros deseos “prohibidos”, también conocidos como “deseos edípicos”. Al mismo tiempo, dichos actos constituyen intentos de derrocar la omnipotencia de los padres y la creencia de que ellos “lo ven y lo saben todo”. Si a un adolescente le es posible hacer cosas a espaldas de sus papás de las cuales éstos no se enterarán, entonces significa que no “somos lo mismo”. Lo anterior es un intento de afirmar la identidad propia a partir de la conformación de espacios y actividades de las cuales los progenitores quedan excluidos.

Si bien la identidad se construye a partir de la imagen del otro como modelo de la propia, el “no” es igualmente necesario para conformarla, tanto en la niñez como en la adolescencia. De hecho, dicha expresión negativa introduce una diferencia necesaria para la constitución de la subjetividad y la singularidad de una persona. No obstante, para que esos movimientos sean posibles, es preciso que el adulto avale y reconozca el derecho del niño y del adolescente a una existencia autónoma. En las Jornadas Clínicas 2019 del Centro Eleia, revisaremos a fondo cómo se desarrolla la identidad y de qué manera se crean las identificaciones en distintos momentos de la vida. Además, exploraremos los aspectos psicoanalíticos, sociales, culturales y neurobiológicos de este fascinante tema.

Referencias

Ogden, Thomas. (2018). Identificación proyectiva y el tercero subyugante. En Olmos de Paz (ed.), Los huéspedes del yo. Madrid: Biblioteca Nueva.