Identity, Narcissism and the Other (Identidad, narcisismo y el otro) de Jean Arundale (2017): ideas principales del libro y algunas notas

Norberto Bleichmar

Celia Leiberman

Jean Arundale, que pertenece al grupo británico actual de psicoanalistas, publicó en 2017 un texto excelente. Su título encabeza esta nota. Son ideas que presentamos resumidas para que el lector pueda conocerlas, dado que el libro aún no está traducido al español.

La escuela británica comenzó con Melanie Klein y Anna Freud, siguió con Winnicott, Bion, Meltzer, y otros destacados pensadores. En la obra a la que nos referimos se desarrollan ideas originales que aún no están difundidas entre psicoanalistas, psicoterapeutas ni lectores interesados en estos temas.

Su contenido nos despertó mucho interés, entre otras cosas, porque en 2019 el Centro Eleia realizará una Jornada sobre Identidad e Identificación. Nos resulta atractivo difundir nociones originales e interesantes sobre esta cuestión.

Desde hace tiempo pensamos que no hay teoría psicoanalítica que sea completa ni resuelva todos los problemas de la mente. Tampoco un esquema referencial puede afirmar su superioridad sobre otro en cuanto a resultados terapéuticos. Estamos convencidos de que cuantos mayores conocimientos teóricos y clínicos posea un terapeuta, más recursos tendrá para su tarea.

Conocer es aprender con curiosidad y entusiasmo. Cierto escepticismo también ayuda a ser más ecuánimes. Ni el dogmatismo ni la idealización excesiva resultan útiles.

Siendo Freud la base del psicoanálisis, se comprende que tenemos que estudiar todo el tiempo la mayor cantidad de sus obras, también diferentes modos de entender los problemas psicoanalíticos por autores posteriores a Freud. Pensar siempre de la misma manera a lo largo del tiempo resulta una actitud que produce limitaciones.

En este artículo presentamos las ideas centrales y algunas notas sobre el libro que comentamos. Tiene un admirable nivel de teorización y de presentaciones clínicas.

Entre las nuevas propuestas que sostiene están las siguientes:

Considera la importancia del trauma real en la vida psíquica.

Complementa la idea de “novela familiar del neurótico” (la distorsión que tiñe el recuerdo y las vivencias de los padres), con la importancia de los aspectos reales de los mismos.

Trabaja en la sesión psicoanalítica tomando como eje principal la transferencia y la contratransferencia en cada sesión.  En ese contexto se repiten los traumas infantiles y las defensas contra ellos dentro de la relación terapéutica.

Entiende distintas formas del narcisismo: normal, defensivo y destructivo.

Sostiene que los traumas pueden ser reparados en el psicoanálisis con: a. la función continente del terapeuta, y b. la internalización que hace el paciente de esa actividad junto con la introyección del método psicoanalítico.

Considera la Reacción Terapéutica Negativa (RTN) como una forma de resistencia que puede resolverse dentro del tratamiento psicoanalítico.

Realiza puentes entre el postkleinianismo y las obras de Hegel, Winnicott, Green y M´Uzan, entre otros. Es una orientación presente en los postkleinianos actuales.

Sus referencias a Melanie Klein, Bion, Rosenfeld, Britton y Steiner, entre otros, aclaran muchos puntos sobre la identidad, el self y la técnica.

No interpreta, salvo excepciones, objetos anatómicos parciales primitivos. Su referencia constante es el aquí y ahora de la sesión, usando la transferencia del paciente y su contratransferencia.

La tolerancia y la paciencia de la autora en la contratransferencia y la función continente son admirables, de las mejores que hemos visto. En especial en el paciente grave. Logra una conexión emocional con enfermos muy difíciles.

El self traumatizado, fragmentado, frágil, roto, se construye o reconstruye (según el término que uno desee usar) a través de la función continente del analista, la interpretación adecuada y, además, la internalización del método. Esto establece una diferencia con las ideas de otros analistas postkleinianos, freudianos y de otros esquemas referenciales.

Afirma que el psicoanálisis no sólo trata de recuperar huellas mnémicas reprimidas. Lo esencial es que el paciente repita los traumas y las defensas narcisistas dentro de la relación con su analista para construir un nuevo self.

Establece una clara diferencia teórica y técnica con Winnicott y sus conceptos de falso self y verdadero self, así como con Balint y su técnica de New beginning. Para ella no hay un verdadero self oculto tras el falso self sino un self destruido que se debe reconstruir de nuevo en el análisis. Su idea principal es mantener el encuadre y la tarea de la interpretación tanto para la función continente como para la elaboración de los conflictos y traumas en el vínculo transferencia-contratransferencia. Con esta actividad del/la analista se puede lentamente construir un self nuevo, parcial o totalmente.

Llama la atención que, al jerarquizar la función continente que el analista realiza para el paciente, sus interpretaciones tratan de mostrarle al analizando qué siente en cada momento de la sesión, cuáles son sus temores y ansiedades. Ejemplo: si el paciente dice que el analista lo odia, no se apura a decir que eso es una proyección del paciente. Por ejemplo, le interpreta que, como siente que su analista lo odia, probablemente experimenta todo lo que éste le diga como algo disruptivo, agresivo, molesto. Esa es su manera de interpretar.

Su técnica muestra cambios con la tradición de la interpretación kleiniana. Es cuidadosa en devolver al paciente lo que proyecta en ella, sostiene que son contenidos que él no soporta dentro de su mente. Va describiéndole en distintas etapas las vivencias que él tiene en cada momento de la sesión, tomando siempre su contratransferencia como un registro de cuánto tolera el paciente la reintroyección de lo proyectado.

 

Consulta a continuación las ideas principales del texto elaborado por Norberto Bleichmar y Celia Leiberman: Identidad-narcisismo-y-el-otro-Jean-Arundale-