Familia, maternidad y profesión

Entrevista a Paty Bolaños, psicoterapeuta, docente y madre

¿Nos podrías hablar de tus actividades profesionales que combinas con la maternidad?

Soy docente de licenciatura y maestría, participo como coordinadora académica y estoy por concluir mis estudios de doctorado. Además trabajo en mi consulta privada como terapeuta.

¿Cuáles fueron las principales inquietudes al enterarte de que estabas embarazada en torno a lo profesional?

En algún momento me preocupó que tuviera que elegir entre mi desarrollo personal como madre y mi desarrollo profesional, es decir, que fueran dos áreas que no pudieran coexistir. Antes de que naciera mi bebé, trabajaba muchas horas, le dedicaba mucho tiempo al estudio, a atender pacientes y a las clases. La llegada de mi bebé exigió que hiciera una reestructura de mis actividades, no una renuncia, sino una organización diferente que implicó aprovechar de mejor forma mis tiempos.

¿Con qué apoyo contaste para poder balancear estas dos áreas?

Cuento con el invaluable apoyo de mi pareja y mi familia, ellos saben lo importante que ha sido en mi vida mi profesión, en ese sentido, me respaldaron para que pudiera retomar mis actividades; por ejemplo, los días que asisto al doctorado, mi esposo lleva a nuestra hija a casa de mi mamá; si tengo que preparar algún trabajo él participa de lleno en el cuidado de la bebé. Por su parte, mi mamá también me ayuda a cuidarla, me voy unas horas a dar clases, regreso unas horas y después trabajo en el consultorio. Esta posibilidad de ir y venir es gracias al apoyo de mi mamá y en general de mi familia.

¿Qué dirías que es lo más difícil de llevar de esta dinámica que tienes?

En un primer momento, lidiar con la culpa de dejar por algunas horas a mi bebé. En mi familia, mi madre se dedicó tiempo completo a nuestro cuidado, por eso la decisión de criar a mi hija de una forma distinta implica un reto. También algunas amigas que dejaron sus trabajos al convertirse en madres me cuestionaban la decisión de reincorporarme a mis actividades a los pocos meses de que mi bebé naciera. Es difícil explicar a otras personas que no tiene que ver con lo económico o con una obligación, sino con una aspiración de desarrollo. Mi madre, a pesar de haberse dedicado al hogar, siempre me impulsó a ser una mujer trabajadora y que me desarrollara en distintos ámbitos; recuerdo lo contenta que estaba cuando entré a la maestría, en una ocasión le pedí que me acompañara a una de las primeras conferencias en las que participé y se conmovió mucho al escuchar mi ponencia y darse cuenta de que mi formación era un aspecto muy importante en mi vida. Entonces, los primeros días que salí a trabajar después de ser mamá y le decía que me resultaba difícil dejar a la bebé, ella me recordaba que también trabajaba para darle un ejemplo a mi hija de esfuerzo y dedicación. Valoro mucho el poder compartir con mi madre esta nueva etapa de mi vida, aprender de toda su experiencia y también tener un modelo de maternidad distinto al mío, pero que me enriquece y me hace sentir muy agradecida.

¿Qué figuras te han inspirado a trabajar de esta manera?

A lo largo de mi formación he trabajado con mujeres que han logrado un desarrollo profesional notable y a quienes considero excelentes madres. Tanto en la maestría como en el doctorado tuve la oportunidad de presenciar cómo el desarrollo profesional puede ir de la mano con el personal. Mis maestras con uno, dos o tres hijos dan excelentes clases, tienen consultorios consolidados, imparten talleres, diplomados y muchas actividades académicas que muestran cómo se puede progresar, pensar, tener familia y encontrar satisfacción en distintos ámbitos de la vida. Centro Eleia, mi lugar de formación y trabajo, permite identificarse con este modelo de esfuerzo constante que se traduce en el progreso en muchas áreas. Yo entré a estudiar la maestría en 2007 y, once años después, me doy cuenta de muchos logros que he tenido: soy docente, tengo un consultorio bien armado, he coordinado un par de diplomados, formé parte de la comisión organizadora de las Jornadas Clínicas; por ello, reconozco la importancia de todas estas figuras que me han acompañado e inspirado durante este tiempo.

¿Consideras que el psicoanálisis es una formación que permite combinar la maternidad con el trabajo del consultorio, los estudios y, en general, el desarrollo profesional?

Totalmente, el psicoanálisis tiene la bondad de adaptarse al momento de vida. Actualmente trabajo menos horas, pero sé que conforme crezca mi hija podré ir retomando poco a poco las horas que le dedicaba antes. Ahora trabajo menos horas que cuando era más joven, pero son horas mejor remuneradas, entonces, esto permite equilibrar de mejor forma los tiempos.

¿Qué beneficios encuentras en ser una madre que estudia y trabaja?

Me gusta la idea de que mi hija se pueda identificar con una madre que se esfuerza, le estimula crecer, desarrollarse, y que encuentra en su actividad profesional una motivación constante y no sólo en su rol de madre, el cual es central en la vida, pero no el único.

¿Qué papel juega tu pareja?

Un papel muy importante, somos un equipo, nos apoyamos, los dos colaboramos en todas las actividades relacionadas con el cuidado de nuestra hija. Por ejemplo, entre los dos la bañamos y compartimos ese momento con ella; también hay otras tareas que nos dividimos, yo la duermo, él prepara su comida, pero en general tratamos de encontrar momentos en que los tres podamos compartir.

¿Disfrutas ser madre?

Me encanta ser mamá. Es una experiencia que me ha hecho crecer mucho como persona, me ha permitido descubrir capacidades en mí, en mi pareja, y que también me ha exigido mucho, aunque en general me hacer sentir satisfecha y contenta.

¿Disfrutas tu trabajo?

Sí, siempre me ha gustado el estudio y he encontrado en el psicoanálisis un estímulo constante por profundizar y comprender más. Además creo que la formación en esta disciplina nos da herramientas que nos acompañan en todo a lo que nos enfrenta la maternidad.