El Edipo temprano y el superyó precoz en la clínica (Segunda parte)

Por Denise Block

Melanie Klein es una de las grandes representantes del pensamiento psicoanalítico. En el Doctorado en Clínica Psicoanalítica de Centro Eleia estudiamos su obra desde una perspectiva contemporánea; nos interesa analizar sus propuestas y aplicarlas a la clínica actual. Esta autora plantea que todo lo que hacemos, sentimos y soñamos es resultado de la dinámica mental entre las pulsiones de vida y muerte, el amor y el odio, la envidia y la gratitud, la grandiosidad y la modestia.

Klein ‒al igual que Freud‒ le atribuyó un papel crucial al complejo de Edipo para el establecimiento de la identidad de género y del carácter. De acuerdo con Petot (1982), uno de los aportes más importantes de Klein de 1919 a 1932 fue el descubrimiento del complejo de Edipo temprano y el superyó precoz, ubicándolos hacia el primer año de vida, (coincide con la etapa de sadismo oral y anal de Abraham). A través de la observación de niños y bebés, estos analistas comprendieron la importancia de las emociones y las fantasías en la mente infantil relacionadas con los progenitores, especialmente la madre, quien es el primer objeto de amor.

El vínculo con la madre despierta en la mente del niño sentimientos tiernos y de agradecimiento, pero también experimenta hostilidad y enojo al no poder poseerla completamente, pues se ve obligado a compartir su atención y cuidados con otros (el padre o los hermanos, por ejemplo). Es decir, por un lado se ama a mamá y se fantasea con tenerla única y exclusivamente para que brinde el alimento y la atención de manera inagotable y, por otro lado, se le ataca cuando no está presente debido al enojo y los celos. El bebé siente mucha rabia cuando se le priva de todo aquello que mamá le da (leche, atención o cuidados). Este, según Klein (1927), es el origen de las denominadas “fantasías edípicas pregenitales”, que consisten en entrar al cuerpo de mamá y apropiarse de sus contenidos.

Un ejemplo sería cuando en una reunión familiar, alguien le formula una pregunta a la madre y el hijo contesta por ella con plena seguridad de que esa sería la respuesta que daría la madre y con una sensación de que si quieren hablar con ella, entonces deben dirigirse a él.

Klein (1928) también observó cómo los niños reaccionan con mucha angustia ante estas fantasías posesivas y muestran culpa y temor de ser castigados a causa de ellas. La estructura psíquica que produce dichos sentimientos es el superyó, una instancia en la mente del bebé que amenaza con castigar de manera cruel los daños dirigidos contra mamá en la fantasía. Recordemos que Freud (1924) pensó que el superyó se instaura alrededor de los cinco años de edad como consecuencia del sepultamiento del complejo de Edipo. Sin embargo, Klein, gracias a su trabajo con niños pequeños, se percató de que el superyó opera desde el primer año de vida y coincide con el complejo de Edipo. Por esta razón, lo llamó “precoz”.

Klein estudia las experiencias emocionales y mentales primitivas: vivencias y fantasías que por su naturaleza temprana son difíciles de traducir en términos verbales. Sin embargo, cuando hay acceso a los sueños y la transferencia, el analista puede observar cómo tienen una fuerte injerencia en la vida de las personas, aun cuando ya son adultos, tal como pude notarlo con Raúl, de 27 años, quien acude a tratamiento desde hace un año y medio.

Raúl se sentía incapaz de realizar algún cambio en su vida para progresar, pues estaba convencido de que sería motivo de crítica y burla por parte de sus familiares y conocidos. Se le dificulta expresar su punto de vista o protestar cuando algo no le parece, por lo que suele someterse. Además, vive con el temor de que algo malo le ocurra; fantasea constantemente con que le roban el coche, tiene un accidente o lo asaltan.

En una sesión relató el siguiente sueño: “Estoy en un comercio junto a la carretera, en sentido contrario a la ciudad. De repente, escucho que choca una camioneta y me doy cuenta de que adentro hay personas atrapadas. Pasa un volante rodando frente a mí. El dueño del negocio dice: ‘¡Ah cabrón!’. Se acerca la gente a tratar de ayudar”. Raúl se pregunta si cuando tiene este tipo de sueños se trata de un aviso de algo que puede ocurrir en el futuro. Poco después me contó otro sueño donde él iba manejando y chocaba contra los muros de contención.

En el primer sueño podemos observar muchas fantasías; algunas de ellas aluden a lo pregenital, como diría Freud: el estar en sentido contrario hace referencia al carácter rebelde y oposicionista del paciente (etapa anal). También, desde una perspectiva más primitiva, se manifiesta una situación destructiva: la camioneta con personas adentro que choca se entiende como una representación del cuerpo materno que alberga bebés y a papá en su interior. Tanto el choque como el atrapamiento posterior son elementos plenos de significado. Por una parte, Raúl hace un sueño en el que destruye (el choque) el cuerpo de la madre y sus contenidos (la camioneta con personas adentro). El quedar atrapado puede hacer alusión, simultáneamente, al deseo posesivo-intrusivo del paciente de penetrar en el cuerpo de la madre y poseerla, junto con la consecuencia de verse atorado en ese espacio a causa de la culpa y el castigo por parte del superyó.

En las asociaciones y el segundo sueño aparece de nuevo el castigo: el paciente se estrella contra el muro. La parte crítica de la mente, encargada de decirnos lo que está bien y mal (superyó) y de sancionarnos por nuestras fantasías agresivas, es la que lleva a cabo esta acción; ahora es él quien choca. La severidad y crueldad de esta estructura de la mente dependen del nivel de agresión constitucional que tiene cada persona. Esta dinámica explica por qué Raúl se siente perseguido y cree constantemente que algo malo le va a suceder: proyecta su agresión hacia el exterior, es su propia agresión (la del superyó) la que amenaza con dañarlo desde afuera.

 

Referencias 

  • Bleichmar, N. y Leiberman, C. (1989). El psicoanálisis después de Freud. México: Paidós.
  • Freud, S. (1924). “El sepultamiento del complejo de Edipo”. En Obras completas, tomo 19. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Klein, M. (1927). “Simposium del análisis infantil”. En Obras completas, tomo 1 (pp. 148-177). México: Paidós.
  • Klein, M. (1927).Tendencias criminales en niños normales”. En Obras completas, tomo 1 (pp. 178-192). México: Paidós.
  • Klein, M. (1928). “Estadios tempranos del complejo edípico”. En Obras completas, tomo 1 (pp. 193- 204). México: Paidós.
  • Petot, J. M. (1982). Melanie Klein. Primeros descubrimientos y primer sistema (1919-1932). México: Paidós.