El divorcio: del amor al desamor

Eugenio Medina 

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”

Levítico XIX, 18

 

El matrimonio es una institución fundamental en nuestra sociedad que permite formar familias; su contraparte es el divorcio. El primero da paso a la consolidación de una relación amorosa que pretende hacer de la pareja algo estable y, en la mayoría de las ocasiones, con el ideal de alcanzar o hacer perene la felicidad y procrear hijos a quienes dar lo mejor. El divorcio, por su parte, marca el final de ese sueño envuelto en ilusiones, esperanzas y amor.

Si bien la unión matrimonial se realiza por consenso, la mayoría de los divorcios dan paso a un conjunto de emociones destructivas que se manifiestan en uno o ambos miembros de la pareja. Cuando hay hijos, ellos sufren los estragos de los fuertes enfrentamientos entre los padres, los cuales dejan huellas que les dificultarán vincularse en pareja de manera sana. Lo más delicado es que en esta época los divorcios se han incrementado de manera notable, pues muchas personas dan por terminada su relación de pareja con la misma facilidad con que cambian de modelo de teléfono celular.

¿A qué se debe que dos seres que iniciaron juntos un sueño de amor lo interrumpan y, en la mayoría de los casos, sin poder separarse de común acuerdo y en sana tranquilidad como lo empezaron? ¿Por qué en algunas parejas los conflictos suelen ser excesivamente fuertes, llenos de agresión y dramatismo? La respuesta a la primera interrogante incluye una gran cantidad de factores que podemos englobar de la siguiente manera: los sueños, las fantasías y las esperanzas que se depositaron en el matrimonio no se alcanzan, la idealización que se hizo de la pareja no coincide con la forma de ser de la persona con quien se convive en el día a día.

En cuanto a la respuesta a la segunda pregunta, nos encontramos con que cada persona tiene distintas formas de enfrentar la separación. Algunas suelen ser sumamente dependientes, tanto por su carga genética como por la manera en que establecieron vínculos con sus padres en los primeros meses de vida, forma de relación que deja impreso un esquema mental que se repite al relacionarse con los otros.

Al ser excesivamente dependientes, estas personas suelen manifestar mucha angustia ante la posibilidad de la separación, en especial de la pareja; esta angustia anuncia un intenso sufrimiento que no se desea sentir y, en ocasiones, no se puede reconocer. El resultado es que, para no sentirlo, lo convierten casi automáticamente en formas agresivas; se desea encapsular el sufrimiento en algún lugar de la mente para evitar su efecto y, en lugar de sentir el dolor, toda la energía de emociones como la tristeza y el miedo, se usa para violentar al otro y para pelear por cuestiones materiales de una forma totalmente irracional.

Existen personas que en su infancia tuvieron una forma de relación totalmente desorganizada con sus padres, lo que los lleva a mantener relaciones muy conflictivas con los demás, en especial con su pareja. Estas personas suelen ser mucho más violentas ante la posibilidad de una separación; se manifiestan destructivas y autodestructivas; suelen amenazar con destruir por completo a la pareja, a los hijos o, incluso, atentar contra su propia vida. Los efectos de estos enfrentamientos en el proceso de divorcio suelen ser devastadores, especialmente para la personalidad, la emocionalidad y la salud mental de los hijos.

Si tenemos presente que el divorcio es un proceso legal para la disolución del matrimonio y que es justo en este proceso donde se suele poner en juego toda la agresión que resulta de la angustia de separación, es importante que toda pareja que necesite divorciarse realice antes una separación emocional, lo que disminuirá los conflictos y agresión en el proceso de divorcio. En esta separación emocional las personas requieren ser apoyadas por un profesional de la salud mental, quien las ayudará a entender y manejar sus miedos, sus angustias, sus emociones negativas, los motivos inconscientes que las han llevado a convertir un vínculo de amor en uno de odio. Sólo de esta manera podrán separarse por mutuo acuerdo, de la misma manera en que se unieron y estarán en condiciones de evitarle un daño emocional a sus hijos.