Curso La mente de los adolescentes

Zayda Rodríguez

La adolescencia puede definirse como una fase evolutiva en la que el individuo trata de establecer su identidad adulta sobre la base de la internalización temprana de los objetos parentales, mediante la verificación constante del ambiente social que lo rodea. Esto puede ser logrado a través de los elementos biofísicos en desarrollo de los que dispone y que tienden a estabilizar su personalidad, junto con un proceso de duelo por el rol, la identidad y el cuerpo infantil perdidos.

Sin embargo, la adolescencia no sólo es una etapa, sino un concepto dinámico y complejo, ya que adquiere significado desde distintos niveles, por ejemplo, dentro de las fases del desarrollo, como la transición entre lo infantil y lo adulto. Se trata, además, de un momento esencial para la construcción de la identidad e, incluso, un estado mental. Desde esta perspectiva, cada joven tiene una vivencia particular y, aunque encontramos características generales de la adolescencia, no hay una sola teoría que pueda abordar toda su complejidad.

Durante la adolescencia se producen nuevas experiencias que han de ser procesadas y resueltas, como tener que lidiar con un nuevo cuerpo sexuado, separarse de los padres —pero llevarlos dentro y no dejarlos atrás— y tolerar la ausencia y la presencia; así, es la oportunidad para pensar sobre uno mismo. No obstante, algunos jóvenes utilizan la rebeldía escolar para lidiar con el descontrol por el que están pasando. En este sentido, los maestros pueden ser figuras paternas de autoridad que ayudan a contener y a tramitar los conflictos. En general, el trabajo de los adultos es ayudar a disminuir la impulsividad y las conductas de riesgo, guiando a los adolescentes para que reflexionen sobre lo que están haciendo y puedan ir adquiriendo conciencia de sí mismos.

Anna Freud dice que es muy difícil señalar el límite entre lo normal y lo patológico en la adolescencia, y considera que todo desequilibrio en este periodo del desarrollo sería normal, es decir, la anormalidad estaría presente aun en un desarrollo estable. Empero, es importante poder distinguir la rebeldía necesaria de un adolescente de las actitudes impulsivas que lo ponen en riesgo y el desafío como un problema de carácter de una alternativa para la construcción de la autoridad.

El mundo de los adultos es deseado y a la vez temido por los adolescentes, pues representa la pérdida definitiva de su condición de niños. Es un momento crucial y la etapa decisiva de un proceso de desprendimiento que comenzó desde el nacimiento. La relación de dependencia infantil se abandona gradualmente y con bastante dificultad. La impotencia frente a los cambios físicos, los roles infantiles en lucha con la nueva identidad, así como las expectativas sociales, llevan al adolescente a un proceso de negación de esos mismos cambios que están ocurriendo.

El duelo por el cuerpo y por los padres de la infancia implica, dentro del proceso de pensamiento, dificultad para discriminar adecuadamente la temporalidad y la identificación sexual. Ocurren cambios físicos que son evidentes para las personas que rodean al adolescente, pero los cambios psíquicos que se producen son menos obvios. De esta forma, el cuerpo puede llegar a convertirse en el escenario de las ansiedades y del dolor mental desapercibidos.  Además, en esta etapa se viven varios procesos de maduración en el cerebro, que pueden causar que  la conducta tienda a ser algo errática, y a esto se le debe sumar  el aumento de dopamina y hormonas. Hay que tener en mente que la dopamina es un neurotransmisor relacionado con la obtención de necesidades, satisfacciones y deseos, por ello, en un cerebro que no está completamente desarrollado, el exceso de ésta puede llevar a la realización de actividades riesgosas y conductas peligrosas, ya que busca formas de alcanzar la satisfacción, a costa de descontrolar los impulsos.

El adolescente sólo puede progresar emocionalmente en la medida en que trata de resolver sus conflictos. En este sentido, la identidad, la sexualidad, la separación con los padres, el grupo, el pensamiento, los ideales y la vocación adquieren un significado distinto, pues todos se van elaborando simultáneamente mediante la internalización de los conflictos.

 

Podemos entender la adolescencia como un periodo de transición que inicia con el paso de la latencia a la pubertad, después de la pubertad a la adolescencia y finalmente de la adolescencia a la vida adulta. Es importante que maestros, orientadores y psicólogos estén informados acerca de la transformación que viven los jóvenes al ir de la mente infantil a la adolescente, los cambios que están teniendo lugar en sus cerebros, cómo funcionan durante dicha etapa, cómo se enfrentan al mundo y cuáles son los mecanismos que utilizan para afrontarlo, así como la importancia de sus gustos e intereses y el papel que todo esto tendrá para la entrada a la vida adulta.

Este curso está diseñado para trabajar seis sesiones de dos horas cada una y está dirigido a orientadores, psicólogos, docentes y directivos que estén en contacto con la problemática de los adolescentes y que deseen informarse para lograr una mejor intervención que contribuya a la disminución de los conflictos emocionales presentados en este periodo de la vida. El objetivo es brindar a los asistentes, de la mano de distintos autores, una visión sobre la mente adolescente y los cambios que se dan en esta etapa.

El curso comprenderá una exposición didáctica en la que se establecerán puentes entre los conceptos teóricos y la clínica, parte fundamental para una comprensión clara y profunda del tema. Mediante el uso de distintas pruebas, tanto psicométricas como proyectivas, podremos identificar rasgos agresivos, dependientes, depresivos, maníacos, omnipotentes, entre muchos otros, que nos ayudarán a entender la conflictiva del adolescente y ayudarlo a que entienda y procese sus vivencias.