Conflictos emocionales y su relación con los problemas de aprendizaje

Por Fernanda Aragón

¿De qué manera se podrían abordar los problemas de aprendizaje? ¿Qué los causa? ¿Tendrá alguna relación el aprendizaje con la vida emocional? Estos cuestionamientos no tienen respuestas universales que se puedan aplicar a todos los casos por igual.

El aprendizaje es un proceso complejo que, si bien se apoya en aspectos cognitivos, también se ve influenciado (u obstaculizado) por el ambiente, lo social, lo cultural y la etapa de vida del estudiante. La mente necesita espacio para almacenar y procesar información, entrelazarla con la que ya existe y dar, como resultado, un producto nuevo. Pero ¿qué sucede cuando esta mente no tiene espacio para recibir más elementos? Ahí nos encontramos frente a la primera dificultad en el aprendizaje: cuando la energía se centra en comprender una situación difícil y no es suficiente para prestarle atención a la clase de matemáticas o historia.

Si tenemos alumnos que pasan por un mal momento, probablemente estén ensimismados, tristes, nerviosos e incluso a la defensiva con los que le rodean. Las emociones los gobiernan y se desbordan. En estas situaciones, la voluntad o el deseo de aprender son los que se verán más afectados.

Puede ser que también estemos frente a un problema de aprendizaje debido a alguna alteración neurológica. Ya sea un obstáculo temporal o consecuencia de eventos más desafortunados, se percibe una baja en su rendimiento o habilidad permanente. En esos casos,  es necesaria la medicación para estabilizar las funciones cerebrales del estudiante.

Ahora bien, uno puede llegar a preguntarse ¿cómo detectar y qué hacer cuando ya están presentes las limitantes en la adquisición del conocimiento? Para responder esa pregunta, tenemos dos perspectivas: la de los padres y la de los maestros. En cuanto a los primeros, pueden preocuparse por las bajas notas o por la frustración, congoja y tristeza que alguna materia genera en sus hijos. Aquí entra en acción la influencia que ejercen los ideales de la familia con respecto al ámbito escolar. Entonces, una familia puede sentirse muy triste debido a la sensación de fracaso provocada por el bajo aprovechamiento del hijo; otras podrán sentir que, como padres, han fallado, e incluso piensan que no deben exigirle grandes logros al hijo. La postura de los padres frente a los problemas de aprendizaje será determinante para aliviar y enfrentar dicha dificultad o agudizarla.

Por otra parte, así como la figura de los padres es importante en el desarrollo de los hijos, lo es la figura del docente en el aula. Si tenemos a un maestro muy estricto, que regaña ante las dudas y es implacable al calificar, difícilmente generará confianza para resolver problemas con algunos temas. En cambio, un docente con entusiasmo y gusto por impartir su materia estará motivado y transmitirá esa alegría por el conocimiento. El manejo del tema es importante pero no lo único que se necesita: la calidez en el trato y la disciplina en el aula y la personal permitirán conformar un espacio donde se aprenda, se desplieguen los lazos sociales entre los alumnos y los maestros y se detecten las áreas en las que el alumnado está detenido, con el fin de intervenir. El papel del maestro es importantísimo, así como el del alumno y el de los padres; cada uno desde su propia trinchera.

Las dificultades en el aprendizaje son variadas y tienen diversas causas. Es por eso que resulta importante analizar con detenimiento qué es lo que se encuentra alterado: el área académica, social y/o el campo de las emociones. No es fácil hacer esta diferencia, pensar en la etapa de desarrollo por la que cursa el estudiante, el rezago escolar e, inclusive, si el núcleo familiar está alterado. Sin embargo, todos estos elementos nos guiarán en la comprensión de dicha problemática.

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