Conflictos emocionales, diagnósticos y estrategias terapéuticas

Elena Ortiz 

Wilfred Bion amplió el modelo de la mente, propuso una teoría sobre los procesos de pensamiento y sus perturbaciones que permite en la clínica ver fenómenos que antes eran invisibles por la falta de un instrumento que los hiciera evidentes. La distinción esencial que Bion propone establece una diferencia fundamental entre la vida mental y protomental, es decir, entre la mentalidad pensante y no pensante, tanto a nivel grupal como individual.

Lo protomental abarca varios tipos de funcionamiento humano. La característica central de esta modalidad es la expulsión del incremento de estímulo devenido de las experiencias emocionales que no pueden ser transformadas en pensamiento. Bion también utilizó los términos desmentalización y anti-pensamiento como sinónimos de protomental para subrayar el carácter central de oposición con respecto al pensamiento y a lo mental propiamente dicho. En la protomentalidad, los estímulos intolerables y dolorosos se expelen, no pueden ser contenidos por el aparato mental y transformados en pensamiento, la presión que ejercen lleva a que se recurra a distintas vías de evacuación. Estas rutas son tanto internas, como lo es el organismo fisiológico en los estados psicosomáticos, así como caminos expulsivos hacia el exterior, como sería el funcionamiento de los grupos de supuesto básico.

Las perturbaciones psicosomáticas constituyen uno de los funcionamientos protomentales. El yo corporal es incapaz de organizar representaciones de experiencias emocionales y traduce éstas en estados corporales. El cuerpo termina por recibir la carga de estímulos que no pudieron tramitarse en términos mentales, que no alcanzaron a conformar un significado. La afección orgánica aparece entonces ligada a la incapacidad de introducir un sentido simbólico a la experiencia. De aquí se desprende que, en la técnica, el abordaje de los trastornos psicosomáticos no sea través de la interpretación de contenidos sino de descubrir la experiencia emocional que el paciente es incapaz de soñar.

Otro aspecto de lo protomental tiene que ver con lo habitual, automático, no intencional. Es el ámbito donde aquello convenido socialmente de una manera implícita gobierna; son las respuestas colectivas aprendidas, las relaciones contractuales estipuladas tácitamente.

Una segunda vía de expulsión de estímulos dolorosos es el anti-pensamiento donde la mentira predomina. La mentira no sólo es descrita como un fenómeno, sino que constituye una configuración específica ligada a la alteración de los procesos de pensamiento. La formación de símbolos es el primer paso hacia la representación de la verdad, es decir, hacia el proceso de pensar. La mentira es el modo desfigurado de la verdad donde se desarrollan métodos de formación de falsos símbolos, signos presentados como símbolos. La mentira depende de algo sumamente sutil, que tiene que ver con la alteración de premisas; es la alteración de la congruencia de los elementos vinculados simbólicamente. Cuando esto se instala, las consecuentes relaciones que parten de ahí son tomadas como verdades.

Las producciones de sentido interno pueden estar dotadas de verdad o de mentira. Distintos aspectos del carácter estarían enfrentados en una lucha por instaurar sistemas de pensamiento o antipensamiento, es decir, de verdad o mentira. La conciencia, como el órgano de percepción interna y externa, sería el área de la que intentan apoderarse las diferentes partes de la personalidad. Meltzer hace una analogía con los sistemas de coartación de la libertad de información, donde el control de la comunicación masiva con fines propagandísticos sería análogo al atrapamiento de la personalidad por áreas enfermas y mentirosas que se apoderan del carácter.

Hay una diferencia entonces entre los aspectos psicopatológicos del carácter y aquellos vinculados a la inmadurez en la personalidad. En los primeros, las edificaciones a partir de la mentira prevalecen, mientras que en las áreas de inmadurez la carencia de organizaciones de funcionamiento más eficientes predomina. Diferenciar clínicamente estas zonas dentro de la personalidad es central para poder construir interpretaciones e intervenciones adecuadas.

Comprender la diferencia entre los funcionamientos protomentales y mentales es primordial. La vida se vive en un nivel simbólico y uno asimbólico paralelamente. La organización mental es aquella que parte de la imaginación para construir una imagen del mundo. Es la formación simbólica, el juicio, la decisión, el lenguaje cargado de significado y al servicio de la comunicación. Gracias al funcionamiento mental, la excitación se transforma en experiencias emocionales y es posible aprender de éstas a través del pensamiento. Lo protomental implica lo no simbólico, lo nominativo, es cuantitativo y está compuesto por hechos externos; mientras que lo mental es emocional, simbólico, se orienta hacia lo interno y se compone por experiencias donde lo cualitativo y lo estético es lo central.

El pensamiento se crea cuando la experiencia emocional es procesada para conformar sueños, memoria, juicio, decisiones y acciones que se desprenden de ella. La acción, desde la mentalidad, supone un proceso de transformación; no se trata de un acting expulsivo, sino de un proceso que lleva al acto cargado de significación.

En el Taller estudiaremos puntualmente estas ideas, distinguiendo los funcionamientos propiamente mentales de los que no lo son. El terapeuta debe de estar entrenado para reconocer con refinamiento los momentos en los que su paciente está funcionando desde las distintas áreas mencionadas. A través de ejemplos clínicos y sueños, mostraremos cómo discriminar e intervenir clínicamente sobre estos aspectos.

 

Bibliografía

Meltzer, D. (1984). Dream Life: A Re-examination of the Psychoanalytical Theory and Technique. Perthshire: Clunie Press.

Meltzer, D. (1986). Studies in Extended Metapsychology: Clinical Applications of Bion’s Ideas. Perthshire: Clunie Press.