Cómo enfrentar el sismo: las pérdidas y su relación con el carácter

Por Carmen Islas

Después de los sismos que acontecieron el 7, 19 y 23 de septiembre, es posible que surjan muchas preguntas: ¿Cómo enfrentamos esta crisis? ¿Por qué algunas personas se ven afectadas en su capacidad de trabajo, sus relaciones y su estado ánimo? ¿Por qué, en cambio, otras parecen tolerar de mejor manera el impacto de un evento tan traumático? ¿Cómo es que algunos individuos logran mantenerse funcionales o se recuperan rápidamente?

Ante una situación de esta naturaleza surgen inquietudes y sentimientos que muestran rasgos particulares de nuestra personalidad. Para restablecer el equilibrio interno y reducir la ansiedad, solemos utilizar defensas psíquicas que nos ayudan a hacer frente a los acontecimientos traumáticos. Dichas defensas pueden ser de diversos tipos (obsesivo, histérico, fóbico, narcisista, etc.) y, aunque a menudo empleamos varias, habrá alguna en particular que predomine. Por ejemplo, en el momento del sismo, una persona reaccionó con humor ante sus compañeros, otra trató de negar sus emociones y pretendió volver al trabajo como si nada hubiera pasado, alguien más salió huyendo hacia otro estado de la república para sentirse seguro, hubo quienes gritaron, lloraron o buscaron el abrazo de sus familiares cercanos. Es interesante observar de qué manera cada uno de nosotros afronta los acontecimientos difíciles de la vida, porque eso nos habla del perfil de nuestra personalidad.

El temor a morir nos coloca en un estado igualdad, devela nuestra vulnerabilidad ante las fuerzas naturales, hace que nos reconozcamos en el otro; el propio miedo inspira empatía con la persona que tenemos a lado, cuyo temblor nos conmueve. Experimentamos la necesidad de ayudar de diversas formas y por diferentes motivos: inconcientemente puede que nos encontremos satisfaciendo sentimientos de culpa, de reparación, la necesidad de sobresalir y ser visto como el más importante, de obtener reconocimiento; a veces actuamos como una muestra de auténtica generosidad o, quizás, con otras razones de fondo. También es cierto que durante un período de tiempo tendemos a identificarnos con el comportamiento grupal y reaccionamos de modo similar a los demás. El grupo nos convoca a ignorar nuestro egoísmo, arrogancia o sentimientos de superioridad.

Las pérdidas que ocasionó el sismo fueron numerosas: el hogar, las pertenencias, el sentimiento de seguridad, el lugar de trabajo –o el empleo mismo– y, lo que es todavía más doloroso, el fallecimiento de personas queridas. La respuesta de la gente ante eventos similares se verá influida por varios factores externos e internos. Si en el pasado un sujeto sufrió pérdidas importantes y, además, muestra tendencias depresivas, de tristeza o ánimo bajo, lo más probable es que un suceso de este tipo agrave su situación emocional, al grado de hacerlo más propenso a una enfermedad física, un accidente o, incluso, un infarto. El trauma puede desorganizar la mente y también el funcionamiento neurofisiológico. En cambio, si la estructura de personalidad es más saludable, lo más probable es que las consecuencias de la crisis sean menores porque se dispone de más recursos mentales para enfrentarlo.

Por ello, en el psicoanálisis nos interesa comprender las pérdidas desde la individualidad, analizando cómo actúa cada quien ante las separaciones.

Los terremotos no solamente agitan a la tierra, sino también el interior de las personas, su mente y sus emociones. En el inconciente se remueven recuerdos, fantasías, miedos, pero también la seguridad de nuestra propia sobrevivencia. Particularmente en los niños y en los adolescentes, estos temblores interiores encerrarán en su inconciente sensaciones y pensamientos que, posteriormente, serán parte de su carácter.

Estos acontecimientos dejan una huella muy profunda en la memoria, por eso es común que uno los reviva en futuros momentos de crisis o en sueños que nos sobresaltan. La fijación a un trauma puede ser positiva o negativa. El aspecto positivo se hace evidente si el soñar o recordar sirve para aprender de la experiencia. La cualidad negativa se halla presente, por ejemplo, cuando la persona no recuerda nada; el trauma que permanece en el olvido se relaciona con comportamientos defensivos de inhibición o evasión, mecanismos que suelen presentarse en la configuración de los trastornos del carácter.

En el Diplomado “Problemas del carácter: síntomas visibles e invisibles. Terapias” abordaremos este y otros temas, discutiremos materiales clínicos que ayuden a diferenciar las múltiples reacciones ante un trauma y cómo cada una de ellas es parte de nuestra forma de ser. Asimismo, revisaremos las técnicas terapéuticas de atención en caso de crisis.