Cómo crecer profesionalmente y en la consulta

Por Marta Puig

Trataré de transmitirles por qué el psicoanalista tiene la posibilidad de desarrollarse en un campo profesional y personal que resulta tan interesante y cómo es el entrenamiento y la vida de las personas que estamos involucradas en la psicoterapia, cómo se forma la profesión y cómo se aprende en caso de que se elija este camino.

El aprendizaje del método y la formación son complejos, lo indispensable es lograr integrar los siguientes componentes: el análisis personal, el estudio y la supervisión del trabajo clínico. Partimos de la idea de que, cuando se pueden dar todos estos elementos, que son interdependientes, se va gestando el pensamiento psicoanalítico. Es un proceso que necesariamente lleva bastante tiempo y dedicación. El psicoanálisis es plural, abarca muchos autores, progresó mucho desde Freud, y las distintas posturas tienen validez, porque nos ayudan a mirar los problemas desde varios ángulos y a comprender que existen muchas posibilidades de pensar.

Nuestro objeto de estudio, la mente, es complejo y su evolución inagotable. Conocer todas las escuelas es un esfuerzo emocional, requiere de una dosis de paciencia, curiosidad y saber tolerar la incertidumbre, sin buscar certezas. Freud nos heredó una disciplina formidable, con una riqueza de comprensión de la vida emocional que es profunda e interesante. No es una especialidad tradicional, digamos, como la medicina, donde hay una enfermedad, un agente causal y un tratamiento. La mente es el mundo de los significados; lo que nos interesa no es solamente que una persona cambie su conducta, sino que adquiera comprensión de su vida emocional, que conozca cómo son sus fantasías, motivaciones, defensas, es decir, su estado mental, y que desarrolle una inclinación a reflexionar antes que actuar.

Las terapias que tienden a la modificación de la conducta han tenido un auge importante, al igual que los medicamentos que son útiles y recomendables, por ejemplo, para tratar el insomnio, la ansiedad, la depresión más severa o la psicosis, pero en ellos no se encuentra lo esencial respecto al sufrimiento. Por eso, el psicoanálisis siempre tiene un lugar para aquellas personas interesadas en hacer un viaje a su interioridad y obtener consuelo con la verdad; los analistas no tenemos la expectativa de cambios rápidos, toleramos la incertidumbre, los misterios y las dudas, sin saberes preconcebidos o búsqueda apresurada de los hechos y las causas. El analista debe despojarse de sus propios deseos a favor de situarse en consonancia con el otro para comprender el misterio de su realidad psíquica.

Los resultados que se pueden adquirir a través del psicoanálisis, y que perduran como una forma de vida, son muy valiosos y significativos: lograr eliminar los síntomas al entender su origen y modificaciones en la personalidad al desarrollar la capacidad de pensar los problemas que uno tiene, sin responsabilizar a los otros; adquirir conciencia y comprensión de la sexualidad infantil; encarar los conflictos de celos, envidia, rivalidad y culpa que están siempre presentes en la vida adulta; avanzar en nuestra sensibilidad y capacidad de amar; sentir gratitud y solidaridad, y, siendo más creativos e imaginativos, llevar una vida más autónoma y dichosa.

Una buena parte de lo que sucede en una terapia depende de la personalidad del analista. El camino es empezar por uno mismo en el análisis personal para poder desarrollar la observación, la intuición, el autoconocimiento y la actitud analítica como una cualidad esencial. Un analista sensible, modesto y paciente resulta indispensable, independientemente de la teoría que utilice. Pensar psicoanalíticamente constituye una aspiración en la formación de un terapeuta. Insistimos en que existe una diferencia entre conocer las teorías psicoanalíticas y poder usar los modelos teóricos como lentes y metáforas que nos ayuden a comprender y dar significado a una experiencia emocional. Nosotros, como analistas, tenemos que ayudar a que una persona conozca la verdad sobre sí misma, que pueda entender quién es y qué significado tiene lo que le pasa.

Algo muy importante es que es una actividad que se aprende a través de la identificación con personas significativas: los distintos autores, el analista, el supervisor, y en pequeños grupos de trabajo. El pensamiento psicoanalítico se constituye a través de los vínculos y la relación con personas que son fuente de inspiración e identificación, que posibilitan un verdadero espacio de crecimiento y comprensión. Por ello, la supervisión es una tarea indispensable. En esta práctica, el terapeuta recibe opiniones de una persona experta que comunica apropiadamente lo que va captando intuitivamente en la sesión. Esto constituye y posibilita un proceso que favorece el aprendizaje, donde el alumno despliega y desarrolla sus habilidades y talentos en el contacto con los maestros que transmiten experiencias y los componentes de la disposición analítica.

Un tema en el proceso de aprendizaje, que no es científico, sino emocional, es el de combatir el narcisismo y la rivalidad. Si uno puede admirar y aprender de otros, respetando a los grandes maestros, luego uno podrá tener un estilo propio, discrepancias e independencia, pero con la marca de aquellas personas que resultan esenciales y se volvieron objetos significativos en la formación, siempre con ideales de verdad, ética, compromiso, responsabilidad por la tarea, pasión por el conocimiento e interés por el desarrollo mental de otro ser humano.

El programa de la maestría está cuidadosamente balanceado para integrar todos los elementos de lo que constituye las bases de la formación: el estudio de los diferentes modelos teóricos, la patología y la clínica, junto con las materias de Técnica y Supervisión. Además, en Eleia es muy valorada una atmósfera de trabajo que favorece el estudio en un clima respetuoso, de curiosidad científica, que anime al diálogo y la reflexión sobre cada una de las escuelas y entre colegas, en donde se puedan expresar opiniones, dudas y dificultades. Todo esto posibilita un verdadero espacio de crecimiento y comprensión de la riqueza y complejidad del psicoanálisis.

Una parte de nuestras materias son humanistas: Cine, Literatura y Antropología. Las áreas de las humanidades son esenciales, contribuyen al desarrollo de la sensibilidad y las emociones profundas, además de ampliar la creatividad y aumentar la cultura. En las novelas y películas están plasmados magníficamente los temas humanos, los dramas de las relaciones y las identificaciones. Durante toda la maestría, las clases se complementan con actividades de Educación Continua —a cargo de un grupo de psicoanalistas con muchos años de experiencia que enseñan temas de psicología y psicoterapia junto con el quehacer cotidiano del terapeuta.

Cómo hacer para tener pacientes y un consultorio próspero

Los alumnos de la maestría que lo deseen pueden inscribirse a la Clínica de Atención Comunitaria a partir del tercer semestre. La Clínica del Centro Eleia recibe pacientes de las mejores instituciones de atención de la salud mental tanto de la Ciudad como del Estado de México. Es la única clínica comunitaria en México que atiende a más de 4000 personas nuevas al año y realiza psicoterapia psicodinámica de muy buen nivel con honorarios acordes con los ingresos del paciente.

Además, el apasionante terreno de la práctica clínica que tiene lugar entre el analista y el analizado se extiende a todos quienes desean aplicar en otras áreas más allá del consultorio: trabajo en escuelas con niños y adolescentes, orientación a padres, orientación vocacional, instituciones de salud mental y hospitales, psicología social, intervención en situaciones de crisis, áreas de prevención y todo lo relacionado con el funcionamiento de las personas en las empresas. Los interesados se benefician así de los conocimientos de los distintos modelos del desarrollo que ayudan a comprender el funcionamiento mental y hacen contactos para derivaciones a su consulta.

Estudiar psicología y psicoanálisis es una aventura sumamente atractiva que trae profundas satisfacciones. Es una fortuna dedicarse al quehacer psicoanalítico, pues es una actividad artística en la que se despliegan los recursos de la imaginación que cumple funciones al establecer un contacto íntimo en la búsqueda de la verdad. En el caso de las mujeres, es un ámbito muy adecuado para el desarrollo profesional, pues una analista puede combinar su rol de esposa, madre y profesionista, ya que no tiene un horario rígido como en una empresa y además lo puede desarrollar por muchos años. Tanto hombres como mujeres pueden trabajar con personas de distintas edades: niños, adolescentes y adultos.

Cuando se promueve la comprensión y el desarrollo mental de una persona, el analista también se beneficia. También se adquieren logros científicos, cultivando hábitos de estudio para la actualización de temas, preparando clases, dictando talleres, organizando y coordinando diplomados o al escribir artículos y/o libros que además ayudan a consolidar el consultorio. Es, en fin, una vida interesante y apasionada que, cuando se conjuga con el conocimiento, la responsabilidad de la vida emocional y el cuidado a los objetos internos y externos, deriva en una experiencia transformadora.