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Los sueños en psicoanálisis

Por Guillermo Nieto Delgadillo

 

Hace algunos días me encontraba platicando con una conocida que no veía desde mucho tiempo atrás, estábamos poniéndonos al corriente sobre lo que había ocurrido en nuestras vidas. Para mi sorpresa, cuando le comenté que me dedico a la psicoterapia psicoanalítica, su respuesta inmediata fue: “Ah claro, te dedicas a interpretar sueños” y comenzó a hacerme preguntas como: “¿Y, entonces, si sueño con esto significa esto otro?”, o: “Fíjate que ayer soñé tal cosa, ¿me puedes decir qué significa?”. Finalmente, intentó averiguar dónde conseguí mi “manual de símbolos para interpretar sueños”. Por un lado, esta persona se encontraba sumamente interesada en este tema del psicoanálisis, pero al mismo tiempo reflejaba los estereotipos e ideas erróneas que suele haber en torno a nuestra disciplina.

 

Sin embargo, ella tenía razón en un aspecto: la interpretación de los sueños es una actividad fundamental para la comprensión del funcionamiento mental, aunque no es la única. En 1900, Sigmund Freud publicó La interpretación de los sueños, obra que formalizaría la teoría y el método psicoanalítico. Para este autor, el sueño es la mejor manera que tiene una persona de acercarse a su inconsciente y, por lo tanto, a sus deseos más profundos, mismos que tienden a mostrarse disfrazados en tanto que uno mismo los considera peligrosos. Han pasado más de 100 años desde la publicación de esta obra parteaguas para la concepción de la mente humana, a través de la cual el psicoanálisis se ha enriquecido junto con diversas experiencias clínicas y marcos teóricos que complementan las propuestas freudianas.

Los sueños abarcan la totalidad de la vida mental de la persona; podríamos considerarlos como escenarios en donde los actores internos representan de manera simbólica no solamente nuestros deseos, sino miedos, emociones predominantes en ciertas etapas de la vida, conflictos con seres queridos y hasta la relación con nuestro terapeuta. ¿Por qué alguien querría conocerse por medio de los sueños?

Por ejemplo, un paciente comienza el tratamiento debido a su alto nivel de impulsividad y agresión; lo han despedido de dos trabajos y tiene peleas constantes al conducir su auto. Curiosamente, esta persona no recordaba ninguno de sus sueños, pero conforme su análisis progresó, comenzó a retenerlos, a darles un sentido y posteriormente pudo  utilizarlos como una brújula ante esos estados de ira y frustración. Logró identificar que cuando se sentía más molesto por alguna situación solía soñar con volcanes en erupción, tsunamis o terremotos. Este paciente eligió tales fenómenos naturales como los actores internos que representaban su estado mental; ahora puede darle un sentido a sus emociones y pensarlas dentro de la sesión, en lugar de pelearse en la calle o con su jefe. Incluso, obtuvo un ascenso en su trabajo actual.

La riqueza de los sueños radica en que se encuentran íntimamente ligados a la individualidad de la persona. Si otra persona soñara con un volcán en erupción, de ninguna manera le interpretaría que está enojada, sin haber explorado previamente aquellos elementos que le causan conflicto y sus experiencias. El analista escucha atentamente todo lo que el paciente tiene que decir sin imponer sus propios significados, debe permitir que su teatro mental se despliegue y que el propio paciente comience a hacer un esfuerzo de autocomprensión. Por lo tanto, a pesar de la creencia popular, no existe un manual de interpretación de sueños y no es posible otorgarle un sentido al mismo sin conocer la situación emocional del paciente en ese determinado momento de su vida, además de la escucha, que Freud llamó “atención flotante”.

Conforme el tratamiento psicoanalítico avanza, la personalidad y la calidad de las relaciones de la persona consigo misma y con sus semejantes se verá modificada, lo cual también repercutirá directamente en sus sueños donde, incluso, puede llegar a presentarse algún indicador de que el final del tratamiento se acerca. Se podría decir que, en parte, el psicoanalista tiene la función de un acompañante que, después de algunos años de entrenamiento, debe dejar solo a su compañero para que de manera individual continúe esta jornada extremadamente rica e interminable de autoconocimiento. Para ello, una de las herramientas más valiosas que le otorgará es la capacidad del autoanálisis de los sueños, que la persona no verá como una carga, sino que atesorará como la herencia de un proceso que a pesar de ser largo y doloroso, al final, le cambió la vida.

La creatividad para la psicoterapia psicoanalítica

Por Renata Carvajal

Cuando hablamos sobre creatividad podemos referirnos a fenómenos muy diversos: quizá hagamos referencia a una creación artística, a la composición o ejecución de un músico, a la propuesta de un inventor o a la obra de un literato. Esto mismo ocurre cuando abordamos el tema de la creatividad en psicoanálisis.

El analista no tiene por objetivo explicar la genialidad artística como tal o disertar acerca de la relación que puede guardar la capacidad creativa con la salud mental o la locura.

Su preocupación principal es, más bien, entender la facultad que tenemos todos los seres humanos para crear algo nuevo dentro de nosotros mismos, la capacidad de dar nuevas respuestas a los conflictos emocionales que experimentamos y la posibilidad de cambiar. La creatividad nos puede facilitar que encontremos nuevos caminos para elaborar una pérdida o para identificarnos con algún aspecto positivo de otros; no necesariamente involucra algún elemento artístico.

Dentro del psicoanálisis mismo existen múltiples propuestas para entender el proceso creativo. Freud pensaba el fenómeno creativo (en concreto, la sublimación) a partir de un modelo en el que la energía sexual encontraba un nuevo fin socialmente valorado. Melanie Klein, por su parte, aborda la creatividad desde una perspectiva distinta. Para ella, la creatividad será consecuencia de la relación que el sujeto establezca con su mundo interno, específicamente, si dentro de la persona prevalece el amor por encima del odio.

En Situaciones infantiles de angustia reflejadas en una obra de arte y en el impulso creador (1929), esta autora describe su visión acerca del fenómeno creativo y utiliza por primera vez el término “reparación”. La reparación genuina ocurre cuando uno se da cuenta de que ha dañado a otro que es valioso y, entonces, surge la necesidad de hacer algo para resarcir el daño. De esta forma, el amor por el otro vence a los impulsos violentos.

Podemos pensar, por ejemplo, en una mujer que acude a terapia por depresión. Dentro del tratamiento se queja constantemente de su madre, de cómo no la entiende, la acusa de haber sido muy fría y sumamente exigente con ella. Poco a poco, esta mujer puede comenzar a identificar los momentos en que su madre le dedicó sus cuidados, de qué forma expresó su cariño y preocupación, reconociendo el esfuerzo que tuvo que llevar a cabo para que ella saliera adelante.

En este caso, el enojo ha cedido y el sentimiento que prevalece es el de gratitud, junto con cierta tristeza porque siente que ha perdido un tiempo valioso con su madre, por culpa de enojos y berrinches. La relación entre ambas ahora puede ser distinta e, incluso, la paciente se sorprende de que la relación con sus propios hijos es mejor.

Si pensamos en la evolución que plantea este ejemplo, podemos comprender que el cambio que surge en esta mujer modifica cómo percibe su realidad: esto es un fenómeno creativo. La paciente es capaz de matizar su percepción, de intercambiarla por una más amorosa y comprensiva, al mismo tiempo que puede identificarse con una madre más cercana.

Algo similar ocurre ante otras experiencias, como la pérdida de un ser querido. Cuando enfrentamos un duelo es muy común sentir enojo. Es posible que lleguemos a creer que fuimos traicionados o abandonados por el otro, porque nos ha dejado solos. El enojo es importante en el duelo, pero será más importante tener la capacidad para reconocerlo y trabajar con él. De esta manera, el duelo podrá superarse más fácilmente, si el amor por los aspectos buenos de la persona ausente se mantiene por encima del resentimiento. A través de este proceso podemos “llevar a esa figura con nosotros”, aunque lo hayamos perdido.

Estas sólo son algunas de las situaciones en las que, a partir del psicoanálisis, podemos abordar la creatividad como una facultad para modificar nuestra visión del mundo, para transformar nuestras emociones y la manera de enfrentar las dificultades. El proceso creativo en la mente humana es mucho más que la producción de una pieza de arte.

¿Qué es el carácter?

Por Raquel Vega

Seguramente en el día a día llegas a escuchar frases como “es de carácter fuerte” o “tiene su carácter” cuando la gente describe a los demás. Es muy probable que incluso hayas utilizado expresiones similares para referirte a una persona que consideras fuerte y decidida o tal vez también para describir a alguien que se enoja con facilidad. Pero, ¿has pensado con mayor detenimiento qué significa el término “carácter”?

Si buscas la palabra en el diccionario de la Real Academia Española encontrarás lo siguiente: “Conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de una persona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, de las demás”, “modo de ser o estilo”. En estas definiciones no se le describe al carácter como algo bueno o malo, pero dentro de las siguientes acepciones podemos encontrar una connotación positiva: “Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía”. Así, el carácter es entendido popularmente como la forma de ser de un individuo. Cuando la gente utiliza este término, por lo general se refiere a una serie de características muy marcadas y notorias que distinguen a un sujeto de los demás.

Hasta hace unos años, la psicología solía concebir al carácter como un elemento que forma parte de la personalidad junto con el temperamento. Sin embargo, el temperamento y el carácter no son lo mismo. El temperamento es el aspecto biológico o instintivo, viene de la herencia y es innato en el ser humano, es decir, se nace con él. En cambio, el carácter es la parte de la personalidad que se construye a través de la convivencia con otras personas, es lo que moldea al temperamento a partir de lo que experimentamos. Ambos están íntimamente relacionados, aunque son diferentes. No obstante, en la actualidad, la psicología no propone una división tan tajante entre ellos y suele pensar en el carácter de una forma similar a la personalidad.

Por otro lado, en la práctica psicoanalítica, el término “carácter” adquiere un significado distinto al popular y mucho más complejo. Para el psicoanalista, es un modo de ser o un conjunto de características muy particulares que pueden tener o no cualidades patológicas. En su formación influyen diversos factores como lo innato, lo cultural, el funcionamiento interno, las identificaciones, entre otros.

Probablemente conoces a alguien que, cuando le señalas algún defecto, contesta: “Pues así soy yo”, “es que así funciona”, “si me quiere, que se aguante”, “pues si ya saben cómo soy…” o encuentra alguna otra forma de justificar su conducta. Te habrás dado cuenta de que esta “forma de ser” a veces le dificulta desenvolverse tranquilamente en la escuela, con su pareja, en el trabajo o en otras áreas de su vida. A pesar de esto, esa persona no siente que necesite cambiar, pues “así es su forma de ser”. En estos casos regularmente nos enfrentamos a los llamados trastornos de carácter o, como Freud les llamaba, neurosis de carácter.

Estos pacientes con patologías del carácter tienden a justificarse y no logran identificar los aspectos irracionales de su conducta. Nunberg (1955) nos explica que las personas con síntomas suelen satisfacer sus impulsos a través de ellas mismos, mientras que los sujetos con caracteropatías descargan sus impulsos, deseos y fantasías en el mundo externo.

Por ejemplo, una chica se enoja con su novio por llegar tarde a su cita y se pasa todo el día reclamándole. Ella quizá argumente que la impuntualidad es una falta de respeto, pero también es posible que al exigir que él llegue a la hora que ella desea, ni un minuto más, ni un minuto menos, esté expresando su deseo de controlarlo.

El carácter no siempre se reconoce de forma directa o evidente. Aquí será relevante identificar no sólo las conductas, sino también la intención que se encuentra detrás de ellas. Una acción puede poner de manifiesto diversos rasgos de carácter (Rodríguez, 2005), los cuales en muchas ocasiones llegan a ser patológicos para el individuo, su mundo interno y sus relaciones interpersonales.

Sin embargo, algunos aspectos pueden verse reforzados por las personas que rodean al sujeto, sobre todo cuando se trata de características aceptables o, incluso, deseables. Para ilustrarlo mejor, pensemos nuevamente en la puntualidad o en la rectitud moral, aunque las percibamos como un ejemplo a seguir, también es posible que se conviertan en formas rígidas de relacionarse con los demás o de sometimiento, lo que produciría un deterioro en la vida emocional.

¿Esto significa que el carácter es algo malo? Por supuesto que no, todos tenemos un tipo de carácter, el cual no necesariamente será patológico (McWilliams, 2011). Los seres humanos también presentamos distintos rasgos de carácter o aspectos de la personalidad. La clave para determinar un tipo de carácter y su patología es que se trate de algo predominante en la persona.

No obstante, difícilmente encontraremos en la práctica clínica un paciente que encaje perfectamente en la descripción de los libros. Por tal razón, el diagnóstico se vuelve todo un arte, donde será esencial contar con la capacidad para identificar el tipo de problemática que tenemos enfrente, si hay elementos patológicos o no, para comenzar a definir cuál es el trabajo terapéutico más adecuado en ese momento y para ese paciente en particular. Asimismo, es indispensable que tengamos presente cuáles son nuestras posibilidades y limitaciones dentro de un tratamiento psicoanalítico.

El programa del Diplomado “Problemas de carácter. Síntomas visibles e invisibles” tiene por objetivo estudiar el origen y la formación del carácter, así como desarrollar habilidades terapéuticas y ofrecer diversas herramientas para identificar los distintos tipos de carácter y la mejor forma de abordarlos.

Referencias

  • McWilliams, N. (2011). Psychoanalytic Diagnosis. New York: The Guilford Press.
  • Nunberg, H. (1955). Principios del Psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu.
  • Rodríguez, C. (2005). El concepto de carácter en psicoanálisis. Sobre una patología sin síntomas. Revista de Psicoterapia Psicoanalítica y Salud, Quipú, No. 1, 7: 5 -27

 

Artículo del Diplomado Problemas en el carácter. Síntomas visibles e invisibles. Terapias que inicia el 4 de octubre en plantel sur.

El carácter desde la perspectiva psicoanalítica

Por Carmen Islas

En la clínica psicoanalítica es muy frecuente encontrar aspectos de la personalidad de los pacientes que no son reconocidos por ellos mismos de forma consiente. Acuden a pedir ayuda porque se sienten solos, están deprimidos, enojados, temerosos, ansiosos y con dificultades en sus relaciones cercanas. A menudo, dichos síntomas están en relación con la dificultad para enfrentar una pérdida, porque se encuentran insatisfechos en su trabajo, porque no pueden continuar con sus estudios o porque son incapaces de establecer una relación de pareja. Algunos presentan conductas destructivas que no pueden controlar, como beber, fumar, comer o apostar en exceso. Éstas se relacionan con un modo de ser que no puede ser identificado por ellos conscientemente.

Los aspectos de la personalidad que están detrás de estas manifestaciones son los que en psicoanálisis llamamos “rasgos de carácter”. Nuestra manera particular de comportarnos, vincularnos, enfrentar los problemas, son pautas repetitivas que determinan cómo actuamos; se trata de una parte de nosotros mismos que está en armonía con el yo, o sea, es egosintónica.

Por el contrario, los síntomas se experimentan como egodistónicos, como algo que nos hace sufrir, que nos incomoda y de los que nos queremos deshacer. El miedo a los perros, por ejemplo, puede ser inapropiado y convertirse en un síntoma; por otra parte, la conducta evasiva que se generaliza como un comportamiento automático es un rasgo de carácter que la persona tenderá a justificar de manera racional y será muy difícil de cambiar.

Ferenczi, en 1921, fue uno de los primeros discípulos de Freud que escribió sobre el predominio de los trastornos de carácter sobre los síntomas neuróticos y señaló que, por lo general, la persona carece de “conciencia de enfermedad”.

Wilhelm Reich introdujo el término “neurosis de carácter” en 1949 para explicar los casos donde los conflictos defensivos no producen síntomas, sino una estructura patológica de la personalidad. La definió como un aspecto de la personalidad que no implica ni salud ni patología y se puede observar en el comportamiento corporal (al caminar o hablar, por ejemplo), así como en las relaciones interpersonales.

Karl Abraham, uno de los amigos y colaboradores más brillantes de Freud, contribuyó a ampliar las teorías sobre el carácter oral y anal; describió rasgos de personalidad relacionados con las etapas psicosexuales, que pueden estar mezclados entre sí. Para este autor, las personas sumamente limpias, puntuales, ordenadas, ahorradoras, que se consideran a sí mismas como excepcionales y que muestran excesiva preocupación por el dinero y el tiempo, están repitiendo un comportamiento derivado del placer que experimentaron de niños en la etapa anal, cuando sus padres lo educaban en el control de esfínteres. Dichas conductas pueden contribuir al funcionamiento normal de una persona, pero cuando estos rasgos son extremadamente acentuados, forman parte de una patología clínica que llamó “carácter anal”.

Tal sería el caso de una persona que parece obedecer incondicionalmente a la autoridad, pero al mismo tiempo tiene sentimientos de enojo y desafío contra esas mismas figuras al grado de que lo pueden llevar a perder el control. En el extremo opuesto, podemos encontrar al individuo que pospone durante mucho tiempo tareas que podría terminar con facilidad.

Los trabajos de los autores mencionados son la base para la comprensión de los trastornos de carácter; gran parte de sus propuestas siguen vigentes y otras no, como la clasificación de Abraham en función de la etapas libidinales. Melanie Klein (1946), por ejemplo, considera que la patología del carácter tiene su origen en el desarrollo temprano, en la dificultad para incorporar al objeto bueno y poder reconocer gratitud hacia él. Más recientes son los desarrollos del psicoanalista americano Otto Kernberg (1984), quien llevó a cabo una detallada clasificación de los trastornos de carácter.

Actualmente, encontramos autores de diferentes escuelas de psicoanálisis, cuyas aportaciones en el campo de investigación del desarrollo temprano abren nuevas perspectivas para el estudio del comportamiento. El análisis del carácter debe tomar en cuenta deseos, fantasías, identificaciones y defensas, elementos que, a su vez, expresan múltiples motivaciones inconcientes.

La ampliación de conceptos técnicos como el de transferencia, contratransferencia, la interpretación de los sueños, la comprensión de los afectos, de los vínculos interpersonales, de los estados mentales y el origen del pensamiento, nos permiten contemplar de manera más compleja el desarrollo de la personalidad.

La forma de ser de cada persona puede favorecer el crecimiento o, por el contrario, limitar su desarrollo. Las experiencias adquieren un significado distinto dentro del contexto social, en el grupo de referencia.

El psicoanálisis contemporáneo busca un acercamiento a la comprensión de la mente, la realidad interna y la vida emocional del ser humano. El estudio, la observación y la experiencia clínica, nos pueden brindar la oportunidad de ampliar nuestra perspectiva sobre los problemas de carácter, tema que desarrollaremos a profundidad en el próximo Diplomado “Problemas del carácter: Síntomas visibles e invisibles. Terapias”.

Consulta los detalles de este diplomado que inicia el 4 de octubre de 2017.

 

Diplomado “La agresividad: en el sujeto, en la familia, en la sociedad”

Por Conrado Zuliani

En 1932, dentro del marco de un intercambio epistolar, Einstein y Freud trataron de dilucidar desde su propio campo de estudio el porqué de la guerra, un cuestionamiento obligado ante la violencia que, sin duda, arrasaba los límites éticos impuestos por la cultura a la crueldad inherente a los seres humanos.

Si bien Einstein afirma en su carta a Freud que “… el objetivo normal de mi pensamiento no me hace penetrar las oscuridades de la voluntad y el sentimiento humanos”, concluye ‒dando muestras de una profunda penetración en estos temas‒ que el “hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción… Un enigma que el experto en el conocimiento de las pulsiones humanas puede resolver”, apostando a que los escritos psicoanalíticos arrojaran luz sobre las atrocidades del alma humana.

Por su parte, Freud, “el experto en las pulsiones humanas”, se reconoce aterrado ante su “incompetencia” para responder a la solicitud de Einstein. En un intento por hacer “pensable” la siniestra destructividad que propicia la guerra, menciona que desde hace algunos años (a partir de 1920 o quizá desde antes) se ha empeñado en estudiar las manifestaciones de una pulsión que empuja al ser humano a odiar, aniquilar, destruir y matar. Llamó a esta fuerza, presente en cada una de las personas, “pulsión de agresión”, “de destrucción” o “de muerte”, en distintos puntos de su obra. El amor y el odio que se debaten en una pugna constante dentro del psiquismo es la idea última a la que arriba en su teoría de las pulsiones.

La cultura y lo social, nos indica Freud, se estructuran a partir de un límite impuesto a la violencia y al incesto. A pesar de ello, cada momento histórico presenta sus “desbordes” de pulsión de destrucción. Él atravesó la Primera Guerra Mundial y los inicios de la segunda. A nosotros, aparte de las guerras que hoy existen, nos toca atestiguar múltiples expresiones y consecuencias de violencia: migraciones forzadas, niños que han perdido a sus padres en la guerra, agresión en las escuelas (hoy rebautizada como bullying), formas sutiles o explícitas de violencia familiar, de género, de pareja, narcotráfico, entre tantas otras.

El psicoanálisis, desde siempre, se ha interrogado sobre las grandes pasiones del alma humana: el amor, el odio, la violencia, los celos, la envidia. En diferentes momentos, muchos analistas han ensayado diversas respuestas: para Freud, la violencia y la agresividad son parte constitucional del ser humano; otras posturas teóricas piensan en la violencia y la agresión como una respuesta a frustraciones en el sujeto de origen externo; hay quienes invocan factores socioculturales para explicar el problema.

En el diplomado nos proponemos recorrer este interesante tema desde múltiples corrientes psicoanalíticas y en diferentes entornos: la infancia, el arte, la sociología, etc. Analizaremos películas, materiales clínicos, sueños y situaciones de la vida cotidiana para identificar las diversas manifestaciones de la agresión tanto en lo individual, como en la familia y en lo social. Recurriremos a la bibliografía clásica, así como a las últimas actualizaciones teóricas, presentadas de manera accesible, de forma que podamos adquirir un entendimiento profundo sobre este fenómeno.

Parte de la respuesta que Freud le ofrece a Einstein es alentadora: el intento de “luchar por la verdad”. En este sentido, nuestro diplomado tiene un objetivo modesto y, a la vez, importante: contribuir a la comprensión de este problema al abordarlo, pensar acerca de él y cuestionarlo desde la perspectiva psicoanalítica.

Conoce más de este diplomado que inicia el 7 de octubre de 2017

 

elevacion

¿Has experimentado la Elevación?

Cuando observas una conducta que refleja lo mejor del ser humano, por ejemplo, una persona que pone en riesgo su vida para ayudar a alguien más, un acto de solidaridad u honradez, es posible que te sientas conmovido, con opresión en el pecho y un nudo en la garganta. Esta emoción es conocida como ‘Elevación’.

La elevación es una emoción positiva que se relaciona con la apreciación de la belleza humana en actos que reflejan una elevada ética y sentimientos de gratitud por otros humanos. Como el resto de las emociones tiene un componente fisiológico, psíquico y motivacional.

Al contrario de otras emociones, como la alegría o el enojo, la elevación no tiene una expresión facial evidente; no obstante, algunos investigadores la describen como una emoción que aligera los rasgos faciales, amplitud de los ojos y elevación de las cejas.

¿Y tú en que situación has experimentado elevación?

 

Fotografía de Alam Syah.

jerzyk

Vivimos en una sociedad preedípica

Las características socioculturales y económicas que actualmente rigen nuestras sociedades distan mucho de aquella en las que surgió el psicoanálisis, iniciado el siglo XX.  Así como la reprimida sociedad sexual aún victoriana y romántica de finales del siglo XIX fue el marco de las psiconeurosis que Freud estudió, las características posmodernas en las que vivimos, han sido un catalizador para la expresión de patologías narcisistas, en las que se busca la gratificación instantánea, sin tolerancia, ni capacidad de postergación.

Mario Campuzano, en el artículo ‘Cultura y psicoanálisis en la postmodernidad’ publicado en La Jornada, hace una profunda reflexión acerca del modelo neoliberal, la sociedad y la clínica psicoanalítica, apunta que:

“Ahora la patología no radica en las inhibiciones del Superyó, sino en la dependencia, impulsividad y falta de control, propio de una falta de desarrollo del Yo y el Superyó, y en la grandiosidad y hedonismo sin límites del Self narcisista. La inhibición y el placer no suelen ser problemas, sino la falta de realismo y de eficiencia operativa, así como la dificultad de profundización en la visión de sí y de los otros y en la asunción de compromiso en los vínculos afectivos. Si los antiguos imperativos sociales eran: sé responsable y trabaja, ahora son: consume y diviértete, claro, a través de la industria del entretenimiento para que sea rentable al sistema”

http://semanal.jornada.com.mx/2016/03/18/cultura-y-psicoanalisis-en-la-postmodernidad-1032.html

Imagen de la artista norteamericana Karen Jerzyk.

resistencia-psicoanalisis

¿Por qué nos resistimos al tratamiento?

¿Por qué nos resistimos al tratamiento?

Por Víctor Ruiz

La resistencia es un fenómeno descubierto por Freud, en el que las personas que acuden a tratamiento no quieren saber ciertos temas de su mundo mental inconsciente. Este “no querer saber” puede originar actos que van en contra del tratamiento. Es una acción defensiva contra aquellos elementos que, de conocerse y elaborarse, producirán dolor mental.

Laplanche y Pontalis explican este fenómeno mencionando que: “durante la cura psicoanalítica, se denomina resistencia a todo aquello que, en los actos y palabras del analizado, se opone al acceso de este a su inconsciente. Por extensión, Freud habló de resistencia al psicoanálisis para designar una actitud de oposición a sus descubrimientos, por cuanto éstos revelaban los deseos inconscientes e infligían al hombre una ‘vejación psicológica’”.

Todas las personas pueden mostrar resistencia, pero el nivel de intensidad y tenacidad será distinto en cada una de ellas, pues ésta se desarrolla en función de la organización de la personalidad y la fantasía inconsciente. Así, cuando el paciente es impuntual, cuando se le dificulta hacer asociaciones o cuando lleva a cabo cualquier otra acción que obstaculiza el avance del tratamiento, esto deberá ser parte del trabajo mismo de análisis.

adopcion

¿Hablar o no, con un niño sobre su adopción?

Por Víctor Ruíz

En especial, cuando la adopción se realizó antes del primer año de vida, es común que los padres adoptivos consideren la posibilidad de no hablar al hijo sobre su origen biológico y el proceso de adopción. Temen que genere emociones negativas, o que se interese por saber de sus padres biológicos, éstas y otras fantasías los llevan a negar ese ‘saber’.

Al respecto D. Winnicott, psicoanalista inglés, consideró que los niños poseen una habilidad para llegar a conocer los hechos, y si comprueban que la persona en quien han confiado los engañó, esto les preocupará más que lo que hayan descubierto.

“Los hechos están bien porque son los hechos; lo terrible es no saber si algo es un hecho, una fantasía o un misterio.  Es absolutamente necesario que se les diga a los niños adoptivos cuáles fueron los hechos de su vida; tienen que tener respuestas cabales y ser ayudados para que formulen las preguntas adecuadas.

El problema radica en el misterio y la mezcla consecuente de los hechos con la fantasía, así como en la carga potencial que lleva el niño de las emociones de amor, ira, horror, asco, siempre inminentes pero que nunca se experimentan. Si la emoción no es experimentada, jamás se la puede dejar atrás”.

 

Fotografía de Martine Franck titulada ‘Children’s Library Built’

frida

¿Sabías que Frida leyó a Freud?

Por Víctor Ruíz

No solo lo leyó, realizó una pintura inspirada en uno de sus textos.

En 1943, José Lavín, amigo de Frida, le compartió el texto de Freud: ‘Moisés y la religión monoteísta’ y le pidió hiciera su propia interpretación. Frida quedó fascinada por el libro, la pintura fue el resultado de solo tres meses de trabajo.

En una entrevista publicada en 1945, Frida mencionó:

“Leí el libro una sola vez y comencé a pintar el cuadro con la primera impresión que me dejó. Debo confesar que al releerlo encontré el cuadro muy incompleto y bastante distinto a lo que debería ser la interpretación de lo que Freud analiza tan maravillosamente en su Moisés. Lo que yo representé en mi cuadro es el nacimiento del héroe, pero generalicé a mi modo, de manera confusa, las partes del libro que me causaron mayor impresión. Lo que quise expresar más intensa y claramente es la razón por la cual la gente necesita inventar o imaginarse héroes o dioses; yo creo que es por el puro miedo a la vida y a la muerte”.

La pintura llamada ‘Moisés’, también conocida como ‘núcleo solar’ y ‘nacimiento de un héroe’, es una obra que resalta en el trabajo de la artista, ya que contrasta con sus autorretratos y las imágenes autobiográficas. Kahlo plasmó las figuras históricas mencionadas por Freud, y le sumó otras no incluidas por este, entre las que no podían faltar las prehispánicas en conexión con la propia historia mexicana de la artista.

Te compartimos el enlace donde encontraras la entrevista que Frida concedió en 1945 y la explicación detallada que hace de todos los elementos de su pintura en relación con la lectura que realizó de Freud.

http://www.proceso.com.mx/134191/el-moises-de-freud-en-version-de-frida-kahlo