Algunas aportaciones clave del psicoanálisis francés. Parte dos.

Resumen: Laura Irene González

Jean Laplanche (1924-2012): la seducción materna

Estudió filosofía con Jean Hyppolite, Gaston Bachelard y Maurice Merleau-Ponty. En Harvard conoció a Rudolph Loewenstein, analista de Lacan, y comenzó a analizarse con este último, quien le recomendó estudiar medicina. Tras romper con Lacan, Laplanche se incorporó a la Asociación Internacional de Psicoanálisis.

De su obra destaca Diccionario de Psicoanálisis, en coautoría con Jean-Bertrand Pontalis (1993), uno de los más consultados y traducidos en su área. Asimismo, sus traducciones de Freud, directamente del alemán, son una de sus principales aportaciones al psicoanálisis francés.

Es de particular interés su teoría de la seducción originaria. Aquí desarrolla la noción de “seducción materna, que implica una relación originaria entre la madre y el bebé, donde lo sexual juega un papel fundamental: la madre es considerada una seductora y el bebé, el seducido” (Leiberman y Bleichmar, 2013, p. 136). Se refiere a los cuidados corporales en los que las zonas erógenas del bebé reciben atención de la madre.

Los mensajes sexuales que la madre envía al bebé, provenientes de su inconsciente, pueden ser verbales, no verbales o conductuales. Es el proceso de traducción de esos mensajes por parte del bebé lo que origina la formación del yo. Lo que no pueda traducirse formará parte del inconsciente y no podrá ser decodificado por la mente consciente. Es así como para Laplanche se organiza la división del sujeto en yo e inconsciente.

 

Piera Aulagnier (1923-1990): la madre como portavoz identificatorio

Italiana de nacimiento y psiquiatra de formación, completó su entrenamiento en psicoanálisis con Lacan. Al romper con él, participó en la fundación de la Organización Psicoanalítica de Lengua Francesa (OPFL), conocida como Cuarto Grupo.

Durante sus primeros diez años de práctica, atendió pacientes psicóticos. A partir del pensamiento freudiano y lacaniano, desarrolló propuestas originales que aplicó tanto a pacientes psicóticos como a pacientes “normales”. Así, creó conceptos como “proceso originario” y “pictograma”, íntimamente relacionados, y también el de “portavoz identificatorio”.

El “proceso originario”, como sugiere su nombre, es anterior a los otros procesos psíquicos de representación descritos por Freud. A saber: proceso primario, en el que hay representación de objeto, y proceso secundario, en el que hay representación de palabra.[1] Previamente, en el proceso originario, la experiencia corporal del bebé se traduce en una representación que Aulagnier denominó “pictograma”. Esta representación está conformada por los estímulos que el cuerpo envía a la mente y que “quedan inscritos como estados tensionales afectivos” (Leiberman y Bleichmar, 2013, pp. 139-140).

Para Aulagnier, en este estadio, el sujeto experimenta lo representado como si fuera creado por él. Esto quiere decir que no distingue entre un órgano sensorial propio y el mundo exterior. Esto se aplica en especial para entender la relación pecho-boca, en la que el objeto y la zona erógena que lo percibe son indivisibles para él. Podemos hablar entonces de la unidad “objeto-zona”. Por extensión, en el pictograma se da una relación de identificación entre el espacio psíquico y el espacio exterior a la psique.

Por otra parte, el concepto de “portavoz identificatorio” postula que la madre es vocera de las identificaciones y del discurso sociocultural. Ella transmite la estructura del lenguaje, el sistema de parentesco al que pertenece su familia, su historia y las representaciones ligadas al padre. En el proceso que Aulagnier denomina “violencia primaria”, la madre pone en palabras las necesidades del bebé. Ésta es la primera violencia que recibe la psique del sujeto, inevitable y necesaria para la conformación del yo.

Esa primera intrusión también sirve para el reconocimiento del pecho como exterior a ese yo. Posteriormente, esto permite la constatación de un otro lugar que no es el pecho y que anticipa la existencia de la figura paterna. En cambio, la “violencia secundaria” no es un proceso necesario para el funcionamiento del yo. Esta violencia, que se apoya en la primera, “se ejerce contra el yo del infante, ya sea por un conflicto con otro yo o con un discurso social” (Ibid., p. 142).

Para Aulagnier, el paciente psicótico utiliza el pictograma, y no las representaciones de objeto y de palabra. Así, lo que sería una etapa temprana del desarrollo mental, se convierte para el psicótico en su modo de representación. Se trata de estados mentales primitivos y emociones que no pudieron conectarse o traducirse en palabras.

 

Joyce McDougall (1920-2011): la pseudonormalidad y las neosexualidades

Nació en Nueva Zelanda e inició su formación psicoanalítica en Londres, luego se trasladó a Francia, donde desarrolló su carrera. Principalmente analizó hombres y mujeres homosexuales, fetichistas, travestis y voyeurs, y también trabajó con pacientes con somatizaciones.

Estudió la psicopatología de la sexualidad y analizó el origen de los trastornos. Cambió el nombre peyorativo de “perversiones sexuales” por el de “neosexualidades” y las describió como “defensas mentales contra ansiedades [tempranas o] primitivas de la mente” (Leiberman y Bleichmar, 2013, p. 146).

Además, desarrolló el concepto de “pseudonormalidad”. En Alegato por una cierta normalidad (1993) dijo que todas las personas tenemos áreas psicóticas y no psicóticas, y que todo lo que no ha sido pensado y digerido por la mente del paciente puede ocasionar cortocircuitos en el cuerpo, provocando desde enfermedades leves hasta trastornos graves. En su estudio de las enfermedades psicosomáticas se centró en los conflictos que pueden simbolizarse a través del sueño y descifrarse mediante la interpretación.

Sus descripciones clínicas son muy transparentes. Expone el material de los pacientes con un estilo literario en el que dramatiza la experiencia del análisis para permitirnos contactar con los “personajes de la obra”, concepto que desarrolla en Teatros de la mente (1987) y que volverá a aplicar en Teatros del cuerpo (1991).

Para McDougall, el origen de los fenómenos psicosomáticos se remonta a la infancia. Reconocida psicoanalista de niños, trabajó con un paciente de nueve años diagnosticado con esquizofrenia, de donde se derivaría su obra Diálogos con Sammy. Contribución al estudio de la psicosis infantil (1990).

 

Como hemos podido constatar en esta breve semblanza, a partir de los años setenta, los analistas franceses tomaron a Freud y a Lacan como punto de partida, en diálogo permanente con sus ideas, para luego incorporar nuevos puntos de vista. Sin pretensiones de exhaustividad, hemos revisado algunas de esas figuras centrales, que tienen como común denominador el haber desarrollado hipótesis innovadoras respecto a los primeros periodos del desarrollo de la mente; cada autor, por supuesto, desde su propia perspectiva teórica y clínica.

 

Referencias

Bleichmar, N., y Leiberman, C. (2017). Cap. 7. Lacan. Teoría del sujeto. Entre el otro y el gran Otro. Presentación. En El psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica (pp. 193-238). México: Paidós.

Laplanche, J., y Pontalis, J. B. (1993). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona: Labor. (Obra original publicada en 1967.)

Leiberman, C., y Bleichmar, N. (2013). Cap. 3. El psicoanálisis francés contemporáneo. Ideas y comentarios. En Sobre el psicoanálisis contemporáneo (pp. 105-150). México: Paidós.

[1]Objeto debe entenderse aquí en el sentido específico que posee en psicoanálisis […] una persona es calificada de objeto, en la medida en que hacia ella apuntan las pulsiones; no hay en ello nada de peyorativo, nada especial que implique que a la persona en cuestión se le niegue la cualidad de sujeto. […] Se trata entonces de la relación de la persona total con un objeto al que se apunta como totalidad (persona, entidad, ideal, etc.)” (Laplanche y Pontalis, 1993, pp. 360 y 258).