Adicciones y trastornos de alimentación: ¿dos caras de la misma moneda?

Por Gabriela Turrent

Las adicciones y los trastornos de alimentación presentan algunas características comunes: su prevalencia ha aumentado considerablemente durante los últimos años, sus síntomas suelen aparecer por primera vez en la adolescencia y la adultez temprana, sus causas están relacionadas con factores sociales, biológicos y psicológicos, y pueden provocar condiciones fisiológicas con riesgo de muerte. El contacto personal e íntimo con el adicto o con la persona que presenta un trastorno de alimentación revela que estas condiciones se manifiestan como síntomas inespecíficos (algo similar a la fiebre, en el caso de las enfermedades orgánicas) y que en ellas subyacen ansiedad, estados maníacos, depresión, fuertes impulsos agresivos y conflictos psíquicos que requieren ser entendidos a la luz de la subjetividad y la historia personal.

En el diplomado “Trastornos de alimentación y adicciones” estudiaremos la composición múltiple de estos padecimientos. De la mano de especialistas de diferentes ramas de la salud mental, trataremos de explicar la compleja interacción entre los factores genéticos, biológicos, sociales y psicológicos involucrados en su desarrollo.

El inicio del consumo de sustancias psicoactivas o de ciertas conductas relacionadas con la alimentación ocurre ‒generalmente‒ en la adolescencia. La transición adolescente es un proceso complejo en el que la persona se ve obligada a dejar de lado el cuerpo de la infancia, a asumir mayores responsabilidades y a tolerar el dolor por descubrir que los padres no son perfectos ni podrán resolver todas las dificultades. Los adolescentes se enfrentan al reto de crear una identidad propia que incluya la sexualidad y que los prepare para la vida adulta. La diversidad y fluctuación de sus estados emocionales (tristeza, aburrimiento, ansiedad, enojo), así como la necesidad de separarse del grupo familiar, los lleva a formar parte del grupo de iguales. La intensidad de tales retos favorece que los jóvenes sean más vulnerables a la influencia de los medios masivos de comunicación, de la moda y de la presión social. Por esta razón, a menudo adoptan ciertas actitudes con la intención de sentirse adultos, importantes, atractivos o para lidiar con el dolor emocional (fumar, beber alcohol, ponerse a dieta, comer compulsivamente, etc.).

Estudios neurocientíficos recientes muestran que tanto en las adicciones como en los trastornos de la alimentación se experimenta un placer muy intenso, además de que con el tiempo se generan modificaciones en el circuito de recompensa y disminuye el funcionamiento de la corteza prefrontal encargada de la toma de decisiones y del autocontrol (Asociación Americana de Psiquiatría, 2014).

A los factores biológicos y psíquicos mencionados es necesario sumar los aspectos socioculturales que vive la persona. En la actualidad, con frecuencia se favorece el consumo, se pretende eliminar todo tipo de carencias, desaparecer el dolor, se propicia la obtención de satisfacciones inmediatas o se busca normalizar el uso de sustancias psicoactivas. En México, las estrategias para disminuir el consumo de drogas (legales e ilegales) no han dado los resultados esperados. La última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 (ENCODAT) (2017) muestra que el consumo excesivo de alcohol en mujeres adolescentes se triplicó. El uso de drogas ilegales entre los adolescentes se duplicó durante el último año. Por otra parte, reportes de la Secretaría de Salud muestran un aumento del 10 al 15% en casos de anorexia o bulimia.

Actualmente no hay una explicación universal que responda por qué no todos los individuos que consumen drogas se convierten en adictos, ni por qué algunas personas no presentan trastornos de alimentación o se someten a dietas excesivamente estrictas si, en general, todos nos encontramos expuestos a la publicidad que idealiza la delgadez.

Sin embargo, en las adicciones o los trastornos de alimentación podemos observar elementos clave en común: una necesidad apremiante de abolir “mágicamente” los conflictos y la intención de sustituir la dependencia emocional (de los padres, de los amigos o de la pareja) por la euforia, el alivio y la sensación de omnipotencia que genera ser uno mismo quien calma el dolor, adueñándose así ‒de algún modo‒ de la propia vida y el cuerpo.

Hoy en día se acepta que los factores biológicos y sociales se combinan con los conflictos psíquicos y, por tanto, el tratamiento debe ser llevado a cabo por un equipo interdisciplinar. No obstante, es importante tener en cuenta que estos padecimientos adquieren una configuración única en cada persona y su abordaje tendrá que adaptarse a sus necesidades específicas con ayuda de los avances clínicos más recientes.

A pesar de que hay algunas semejanzas entre los trastornos de alimentación y las adicciones, no se trata simplemente de dos caras de la misma moneda, sino más bien de condiciones cuyos síntomas revelan de manera inespecífica una singular configuración psíquica (organización de la personalidad, ansiedades, vínculos, sentimientos relacionados con la sexualidad, con la dependencia, etc.) y no pueden ser generalizados.

En el diplomado “Trastornos de alimentación y adicciones”, desde una mirada interdisciplinaria que incluye la neurología, la psiquiatría, la sociología, el psicoanálisis, entre otras, nos adentraremos en el estudio de la dependencia a sustancias psicoactivas, el juego patológico, la anorexia, la bulimia, los atracones y la obesidad, con especial énfasis en los conflictos inherentes a tales padecimientos, reconociendo los componentes de la estructura psíquica, a fin de precisar su gravedad y las posibilidades de tratamiento.

 

Referencias

Asociación Americana de Psiquiatría, Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.). Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Caballo, V. (2015). Manual de psicopatología y trastornos psicológicos. Madrid: Pirámide.

Coderch, J. (2010). Psiquiatría dinámica. Barcelona: Herder.

Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz; Instituto Nacional de Salud Pública, Comisión Nacional Contra las Adicciones, Secretaría de Salud. (2017). Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 (ENCODAT). Disponible en: https://www.gob.mx/salud%7Cconadic/acciones-y-programas/encuesta-nacional-de-consumo-de-drogas-alcohol-y-tabaco-encodat-2016-2017-136758

Rodríguez, J. A. (2010). ¿Por qué nos drogamos? Del poder y otras adicciones. Madrid: Biblioteca Nueva.