Actualización de la identificación histérica

Por Nadezda Berjón

Introducción

Con el fin de iniciar la construcción de un cuerpo conceptual como antesala a las jornadas que se llevarán a cabo en junio del presente año, Centro Eleia se da a la tarea de plantear los diferentes espectros de la llamada “identidad”. En este caso abordaremos el tema de la identificación histérica, tanto en su definición clásica como algunas reflexiones respecto a su uso hoy en día.

 

Identificación

Sigmund Freud fue el primero en observar el fenómeno de las identificaciones. Se dio cuenta de “la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona” (Freud, 1921, p. 99). Es decir, ser como la persona que cuida, con la que se tiene el contacto más íntimo, tomando rasgos de su personalidad como un modo de vinculación amorosa.

Freud habla de la identificación con otros, llevar a la persona significativa dentro de uno a través de ser como ella. Por ejemplo, la niña juega con la muñeca como mamá hace con ella: alimentándola, llevándola a dormir, a veces impartiendo un regaño o castigo, contándole cuentos: “Sólo se discierne que la identificación aspira a configurar el yo propio a semejanza del otro, tomado como «modelo»” (Ibid., p. 100).

De esta forma, la identidad se construye como un conglomerado de identificaciones o una sociedad de muchos “yo” internos. Como señala Norberto Bleichmar, “si se tiene algún acento al hablar es por identificación, y cambiarlo da enorme trabajo o es imposible”. Así, todos damos testimonio de quiénes nos rodearon en la infancia a partir de las identificaciones asimiladas.

 

Identificación histérica

Freud propone que existen diversos modos y motivos para identificarse. Debido a que la histeria femenina era objeto de estudio para el ambiente médico de finales de 1800 (Anzieu, 1975), al autor le interesó su abordaje. Sin embargo, modifica el modelo biológico por el psicológico profundo, buscando las causas de las enfermedades referidas por este tipo de pacientes dentro de la mente y no en el cuerpo.

De esta manera, Freud (primero con Breuer y posteriormente por su cuenta) se interesa por la histeria, caracterizada por dramatizaciones, parodias de locura, personalidad controladora, manipuladora y exhibicionista (Utrilla, 1995). Asimismo, poco a poco descubre que los síntomas que suelen caracterizarla (síntomas físicos sin origen médico, como ceguera, parálisis, tos, vómitos, convulsiones y afonía) tienen un sentido inconsciente por descubrirse (Anzieu, 1975).

Una de las ideas que desarrolla es que la paciente histérica copia el síntoma de alguien significativo. Esto surge en un contexto edípico, en el cual la joven tiene un amor infantil hacia el padre, por lo cual toma a la madre como enemiga. Comenta que se da en varias versiones:

1) Identificación con el síntoma de la persona considerada rival en el amor al padre. En este caso, la joven imita el síntoma de la madre (por ejemplo, dolor persistente del vientre) para así ponerse en su lugar. “que una niña pequeña reciba el mismo síntoma de sufrimiento que su madre; por ejemplo, la misma tos martirizadora. Ello puede ocurrir por diversas vías. La identificación puede ser la misma que la del complejo de Edipo, que implica una voluntad hostil de sustituir a la madre, y el síntoma expresa el amor de objeto por el padre; realiza la sustitución de la madre bajo el influjo de la conciencia de culpa: «Has querido ser tu madre, ahora lo eres al menos en el sufrimiento». He ahí el mecanismo completo de la formación histérica de síntoma” (Freud, 1921, p. 100).

2) Identificación con el síntoma de la persona amada. La joven toma del padre un padecimiento, como la tos. En la tos está el padre, al toser, lo tiene con ella. “La identificación remplaza a la elección de objeto; la elección de objeto ha regresado hasta la identificación” (idem). En un caso se copia, de modo parcial, a la persona no amada y en el otro a la amada.

3) Identificación sin objeto. Se basa en querer ponerse en una situación deseada. Por ejemplo, durante un concierto una de las admiradoras del cantante se desmaya y otras tantas le siguen. No se conocen pero hacen como si sufrieran lo mismo que la primera. También suele ocurrir con un ideal, como sucedió después del sismo conocido como el 19s, en el que las personas compraron casco y pico y salieron a las calles a ayudar, aunque sin tener conocimientos respecto a cómo hacerlo. Son fenómenos grupales en los cuales la identificación juega un papel esencial.

 

En la identificación normal tomamos aspectos buenos y malos de papá y de mamá, pero no por conflicto, sino como por renuncia a ellos, a su amor exclusivo, infantil, a ocupar el lugar del otro. En la histeria no ocurre así, pues queda la búsqueda de satisfacción, el continuar intentando desplazar al rival. Utrilla (1995) propone la idea de préstamo, en tanto se toma prestado el cuerpo de otra persona a partir de la insatisfacción.

A casi cien años de que Freud (1921) habló sobre la identificación histérica, Sherick (2014) se interesa en su estudio. Observa que en este proceso existe envidia, deseo de poseer a cualquier precio lo que otra persona tiene. Enfatiza la satisfacción inconsciente de deseos sexuales prohibidos dentro de la competencia hostil con el objeto que, mediante el síntoma, evita ser notada por el superyó. Es decir, puede “pecar” sin penitencia: “no estoy ocupando el lugar de mamá, sólo tengo catarro”. Agrega el ejemplo de Laura, de 11 años, que sufre de dolor abdominal. Una vez descartadas las probables causas orgánicas, Sherick (2014) considera que la niña desea inconscientemente tener un bebé de su padre. Mientras el dolor persista, el bebé está presente.

 

Conclusión

Si bien Freud trabajó la histeria, padecimiento neurótico de la Viena victoriana, hoy en día podemos pensar en estas identificaciones de formas más complejas. Por ejemplo, con el estudio de lo psicosomático, que se diferencia de los síntomas conversivos propios de la histeria en tanto en el primero no hay simbolización de por medio, y en el segundo, el síntoma encubre un conflicto psíquico (De Mijolla, 2002). En este sentido, el trabajo analítico se torna más complejo, pues los síntomas del paciente tienen múltiples lecturas, orígenes, motivaciones. Asimismo, la histeria estudiada por Freud es pensada hoy en día como muchas histerias: neurótica, carácter histérico, fronteriza, etc., produciendo así diversas líneas de investigación.

Regresando al tema de las Jornadas, podemos pensar en una identidad que incluye un conflicto, los síntomas como expresión de un deseo que no se satisface. Al no renunciar al amor del otro, queda una identidad por capas, unas más auténticas y otras tomadas prestadas sin pedir permiso.

 

Referencias

Anzieu, D. (1975). El autoanálisis de Freud y el descubrimiento del psicoanálisis. México: Siglo XXI, 2016.

De Mijolla, A. (2002). International Dictionary of Psychoanalysis. Detroit: MacMillan, 2005.

Freud, S. (1921). Psicología de las masas y análisis del yo. En Obras completas, XVIII. Buenos Aires: Amorrortu, 1992.

Sherick, I. (2014). Hysterical Identification in an Eleven-Year-Old Girl. Psychoanalytic Review, 101(5), 675-700.

Utrilla Robles, M. (1995). La realidad psíquica en la identificación histérica. Revista de Psicoanalisis de la Asoc. Psic. de Madrid, 22, 149-163.

 

Consulta más información sobre las Jornadas Clínicas Eleia 2019 “Identidad e identificación. Vértices psicoanalíticos, sociales, culturales y neurobiológicos” que se llevarán a cabo el 7 y 8 de junio.