Archivos mensuales: julio 2016

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Angustia en la vida cotidiana. Sexualidad, familia, trabajo

Por Conrado Zuliani

 

La angustia, más allá de ser un “afecto”, “emoción” o un “sentimiento”, es una experiencia inherente a lo humano. Ella está presente desde el principio de la vida y a lo largo de esta.

 

Desde los inicios de su obra, la angustia es un tema presente y de máxima relevancia en la teorización freudiana. A partir de la clínica, del trabajo con sus pacientes, la angustia va a ser entendida por Freud como un aspecto íntimamente ligado al campo de la sexualidad: el Edipo presenta una bifurcación que lo conecta, por un lado, a la angustia y, por otro, a la culpa.

 

A partir de la lectura que el psicoanálisis realiza sobre el tema, podemos entender que el deseo, en tanto deseo sexual infantil, y la angustia muestran una correlación. El niño experimentará angustia, nos indica Freud, allí donde lo prohibido de sus deseos edípicos por los padres implica un riesgo –fantaseado– de castigo (castración).

 

Sin embargo, existen otras variedades de angustia, las cuales Freud identificó al continuar con la conformación de su obra: la angustia del niño pequeño ante la ausencia de la madre, que experimentará como angustia de muerte, angustia ante la soledad, angustia causada por las diversas pérdidas que el sujeto atraviesa en su vida, angustia ante el superyó o por la pérdida del amor del otro. Incluso, cada vez que la ilusión de perfección y completud del sujeto (es decir, su narcisismo) se ven cuestionadas, la angustia se presentará como corolario.

 

La existencia humana se ve atravesada por diferentes tipos de angustia en distintos momentos vitales. Lo cierto es que gran parte de las consultas terapéuticas se inician cuando algo de esa angustia se ha tornado insoportable para la persona. Allí es donde el psicoanálisis se presenta como un espacio privilegiado que permite relacionar dicha angustia con un decir, una causa, una razón. Al unirse la palabra del analizando con la interpretación del analista, esta experiencia puede hacerse soportable.

 

De esta forma, el psicoanálisis no busca “eliminar” la angustia. Esto sería imposible y, al mismo tiempo, implicaría suprimir toda una zona de experiencia de lo humano. El objetivo de la exploración psicoanalítica es facilitar las condiciones para que algo de ella pueda ser acotado y traducido en palabras.

 

Freud consideraba que el síntoma neurótico es una satisfacción que sustituye a las fantasías y los deseos reprimidos, pero que también tiene por objetivo evitar el desarrollo de angustia. Por lo tanto, no es poco común que la persona sienta la necesidad de acudir a consulta cuando el “acuerdo” al que llegó con sus síntomas presenta fallas y la angustia se hace evidente, revelando la compleja relación que tenemos los seres humanos con el campo de la sexualidad, del amor, de la vida y de la muerte.

 

Asimismo, el analista, a través de la transferencia y con su escucha como instrumento, se convierte en un “soporte” (en los dos sentidos) de aquello que para el paciente parece intolerable: su angustia y sus síntomas.

 

En el taller, revisaremos las formas en que la angustia se presenta dentro de los diferentes espacios y relaciones por las que transita el sujeto en su vida cotidiana: la familia, el trabajo, la pareja, los estudios. Resaltaremos la importancia de distinguir entre las variables clínicas de la angustia (la de separación/intrusión, la de aniquilamiento ante el desamparo psíquico, la de castración, etc.), con la finalidad de que en el tratamiento seamos capaces de realizar intervenciones más eficaces. Discutiremos acerca de las estrategias clínicas que disponemos para abordar desde distintas perspectivas esta problemática.

 

Inscríbete al Taller “La angustia en la vida cotidiana”. Sexualidad, familia y trabajo” aquí: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-angustia-en-la-vida-cotidiana

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Psicoterapia psicoanalítica: la experiencia de entender y ser entendido. Exploración y descubrimiento

Por Muriel Wolowelski

 

El siglo XX fue inaugurado con las propuestas psicoanalíticas de un joven médico, investigador curioso, con un enorme afán por curar los padecimientos nerviosos de sus pacientes. La genialidad de Freud derivó en el desarrollo de un método que permanece intacto en su estructura básica, aún después de más de cien años de su creación. El nuevo método psicoanalítico constituyó una forma especial de psicoterapia, un proceso de comunicación que tiene por objetivo principal la cura, usando como instrumento la palabra, en el marco de una relación interpersonal formada por el analista y su paciente.

 

Los desarrollos teóricos de Freud son un cuerpo de conceptos e hipótesis esenciales para la comprensión del comportamiento humano: la idea de inconsciente, la interpretación de los sueños, la sexualidad infantil, el conflicto psíquico, la motivación inconsciente de las resistencias, la represión y la asociación libre, el análisis de la transferencia, todos constituyen pilares para la labor terapéutica.

 

Una de las indicaciones principales del método psicoanalítico, en las que Freud insistió hasta el final de su vida, fue que estaba diseñado para las patologías neuróticas y trastornos de personalidad. No lo consideraba un modelo adecuado para atender patologías graves como las psicosis, psicopatías o perversiones. No obstante estas indicaciones, la técnica se fue diversificando y flexibilizando en función de diversos factores.

 

El tratamiento de pacientes con trastornos narcisistas, fronterizos, psicóticos, de personas que se encuentran en distintos períodos de la vida como la infancia, adolescencia, la tercera edad o dar atención en entornos asistenciales a un gran volumen de pacientes, constituyen circunstancias que implican la necesidad de hacer ajustes al modelo técnico clásico. Esto derivó en lo que conocemos como la Técnica de Psicoterapia Psicoanalítica.

 

Le técnica psicoanalítica clásica tiene objetivos y un método diferente a otras técnicas de psicoterapia. El psicoanálisis se propone alcanzar con profundidad el inconsciente por medio del análisis de la transferencia, para que la persona descubra quién es y los conflictos que padece a fin de resolverlos. Por ejemplo, un sujeto sale el lunes temprano de su casa para ir a trabajar, de pronto descubre que se equivocó y tomó el camino que conduce a la casa de su madre. Tal vez crea que fue un “error” sin importancia e ignore las verdaderas razones que derivaron en el desvío; sin embargo, en psicoanálisis pensamos que se trata de un motivo inconsciente, quizá esta persona prefiere extender el fin de semana y encontrarse en un vínculo más placentero –como el de la madre–, en lugar de tener que acatar los requerimientos de un jefe.

 

Uno de los modelos de terapéuticos inspirados en el psicoanálisis de Freud es la psicoterapia de orientación psicoanalítica, que ha encontrado un preminente lugar dentro el amplio abanico de recursos terapéuticos existentes. Este modelo pretende realizar un trabajo analítico con los mecanismos defensivos y las resistencias, por medio de la interpretación y otros recursos técnicos como la interrogación, la confrontación y el esclarecimiento. Atiende con efectividad muchas problemáticas, derivando en grandes beneficios para aquellas personas que, por diferentes razones, no pueden acceder a un psicoanálisis.

 

En otras modalidades terapéuticas, el terapeuta tiene una función de orientación y apoyo. Usa la influencia de la sugestión (más que el análisis de la transferencia) y se busca eliminar síntomas o alcanzar soluciones menos arduas y prolongadas que responden al sentido común y a las pautas de conducta que conviene seguir en la vida. Todos estos propósitos son muy benéficos, pero limitados.

 

Por ejemplo, si un paciente llega a la sesión después de un fuerte pleito con su hijo adolescente y le pregunta al terapeuta si debe castigarlo o no, el consejo no sería la técnica adecuada en la terapia psicoanalítica, sino encaminarlo a la comprensión de un conflicto inconciente, ya sea de rivalidad, una dificultad para ejercer la autoridad o la identificación con aspectos adolescentes del hijo.

 

El psicoanálisis, por su parte, aspira a la aproximación y descubrimiento de las fantasías inconscientes para obtener modificaciones en los aspectos más neuróticos de la personalidad. El analista se enfrenta a las resistencias que opone el paciente a la comprensión de su mente, debido al intenso sufrimiento que producen. Por esta razón, muchas personas prefieren terapias menos dolorosas y costosas, que resuelvan con mayor rapidez los problemas.

 

La psicoterapia psicoanalítica conforma un modelo útil con el cual se pueden alcanzar muy buenos resultados, sin embargo, serán menos profundos y permanentes que los obtenidos con el psicoanálisis. Es un tipo de tratamiento que puede combinarse con la atención psiquiátrica y el uso de fármacos, de manera que es una opción más adecuada para pacientes graves (psicosis, psicopatías, etc.). Se alterna el uso del diván o el diálogo frente a frente, dependiendo el paciente, su capacidad de reflexión, fragilidad psicológica o disposición para tolerar el dolor.

 

Las diferencias entre el psicoanálisis y la psicoterapia de orientación psicoanalítica no residen en aspectos prácticos como el uso del diván o la frecuencia de las sesiones. Se puede hacer un tratamiento con muchas sesiones semanales y no profundizar en el análisis de los aspectos transferenciales inconscientes, del mismo modo que un paciente sentado frente al analista puede alcanzar un insight profundo sobre un aspecto de su personalidad.

 

El analista deberá dedicarse a una esforzada labor de estudio, control y análisis individual. Es un proceso gradual que toma años de trabajo constante, paciencia e incorporación de un modelo de pensamiento. Un psicoanalista navegará en el mar de la psicoterapia psicoanalítica, antes de sumergirse en aguas más profundas.

 

Una de las metas fundamentales para el ser humano es la búsqueda de la verdad, a veces tan dolorosa e incómoda. Sin embargo, el psicoanálisis no ha cejado en utilizar su técnica para aproximarse a ella.

 

Conoce más de este Diplomado “Técnicas de Psicoterapia” en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-tecnicas-de-psicoterapia

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En los adolescentes, ¿cómo saber qué es normal y qué no?

Por Patricia Bolaños

Todos los adolescentes pueden presentar conductas que llegan a ser preocupantes para su entorno. A veces son impulsivos y hacen las cosas sin pensar, tienen cambios abruptos de humor, se sienten primero muy contentos o hasta eufóricos y rápidamente, de la nada, se aíslan y se ponen tristes.

 

De la misma forma, algunos adolescentes se vuelven desafiantes, cuestionando todo lo que proviene de sus figuras de autoridad. La comunicación con los padres disminuye, es difícil saber qué les ocurre y si las conductas que observamos ameritan alguna intervención o pueden ser tomadas como parte de este período de vida, de tantos cambios externos e internos.

 

Existen parámetros que nos ayudan a identificar si el adolescente está en riesgo. En su libro sobre El adolescente suicida, Moses Laufer (1995) menciona los siguientes:

 

  1. Cuando observamos comportamientos muy infantiles. Por ejemplo, si un adolescente se enferma mucho, por lo que debe pasar más tiempo en su casa que con sus amigos, esto nos puede estar hablando de una dificultad importante en el paso de la familia al grupo de amigos, un obstáculo en el proceso de independencia y crecimiento.

 

  1. Un adolescente que muestre un comportamiento rígido, en el que no se permita un momento de relajación ante demandas hacia sí mismo, nos haría pensar que estamos ante una sobre exigencia que le impide al joven vivir su adolescencia, es como si hubiera una urgencia de adelantarse para tener un funcionamiento más adulto.

 

  1. Para los adolescentes, la opinión, actitud y sentimientos de sus amigos debe ser más importante que la de sus padres. Es decir, el joven que no hace ciertas cosas, por miedo a herir los sentimientos de los padres de forma temporal, denota gran dependencia que obstaculiza el proceso adolescente.

 

  1. Cuando vemos en el adolescente una imposibilidad para expresar sentimientos como enojo o tristeza o si nos encontramos con chicos a los que nada les emociona, no se pueden apasionar, estamos ante una señal de alarma. A veces estos adolescentes “explotan” ante sucesos que no corresponden a la reacción emocional que presentan; por ejemplo, un ataque de furia porque un maestro les llamó la atención.

 

  1. Todos tenemos formas de ver el mundo externo; podemos ser desconfiados, tímidos o exageradamente audaces. Sin embargo, cuando estas formas se llevan al extremo, por ejemplo, con la imposibilidad de confiar en alguien o de salir con amigos por un grado excesivo de timidez, estamos ante un aspecto que amerita ser evaluado.

 

  1. Es importante conocer cuál es la actitud del adolescente hacia el futuro. ¿Es capaz de imaginarse como adulto? O, por el contrario, esto lo aterra y evita hablar y pensar en ello. Lo anterior podría indicar una depresión y una dificultad para reconocer sus capacidades, que se traduce en miedo a fracasar como adulto.

 

  1. Algunos adolescentes no se permiten fantasear, como imaginarse en una relación íntima con la chica que les gusta, puesto que sienten estas situaciones como prohibidas y peligrosas. Lo que se espera es que el adolescente pueda manejar estos pensamientos. Por lo tanto, es preocupante cuando los viven como amenazantes y buscan evitarlos a toda costa.

 

Identificar en la conducta adolescente aquellas señales que requieren atención es elemental tanto para las personas que trabajamos con jóvenes (maestros, terapeutas, líderes juveniles), como también para los padres de familia. Una intervención temprana resulta esencial para evitar conductas más riesgosas. En el Diplomado Sobre la adolescencia revisaremos todas las manifestaciones en la conducta que nos indican alguna dificultad en el proceso adolescente.

 

Referencias:

Laufer, M. (1995). El adolescente suicida. Madrid: Biblioteca Nueva.

 

Conoce más de este Diplomado “Sobre la adolescencia” en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-sobre-la-adolescencia

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Un paciente silencioso

Por Viviana Mier Hernández

Sergio acudió a psicoterapia referido por un psiquiatra. Padecía ansiedad, pero ningún fármaco tuvo efecto en él. Actualmente, llevamos cuatro años trabajando; el tratamiento se ha caracterizado porque el paciente mantiene un rotundo silencio en la mayoría de las sesiones, aunque por momentos puede hablar un poco de su vida y de sus pensamientos. Es muy difícil aguantar y entender su silencio. En la contratransferencia experimento impotencia, paralización, desvitalización, sueño, frustración y desesperanza.

 

He intentado explicarle, desde distintas perspectivas teóricas, los diferentes significados de su silencio, por ejemplo, que a través de la identificación proyectiva durante la sesión el paciente habla o permanece en silencio se deshace de emociones dolorosas, poniéndolas inconscientemente en los demás para que seamos nosotros, no él, los que sintamos desesperación, frustración, ganas de echar todo por la borda y dejar de hacer algo para vivir.

 

Desde otra línea de comprensión, le he interpretado cómo una parte agresiva de su mente ataca lo nutricio y vital que se le ofrece en el tratamiento. Le he descrito la parte soberbia de su mente que, a pesar de mostrarse hambriento, no le permite recibir un buen alimento, ni poner algo de su parte para que juntos preparemos algo nutritivo que pueda ayudarlo.

 

En las supervisiones del Doctorado del Centro Eleia recibimos retroalimentación para pensar distintas opciones de comprensión sobre cada aspecto que enfrentamos en nuestra práctica clínica. En este espacio comentamos que el especialista no debe preocuparse si el paciente habla o permanece en silencio durante la sesión, sino que es necesario observar y dejarse compenetrar por la experiencia emocional que ocurre entre ambos. Lo que nos importa es percibir las emociones y la vivencia que el paciente trata de transmitirnos.

 

Wilfred Bion, uno de los grandes psicoanalistas ingleses, señaló que la persona no acude a la sesión a hablar para cumplir un deseo del analista, sino que viene a hacer lo que puede desde su patología mental y es nuestra labor trabajar con eso. En este caso, se debe pensar todos los significados que el silencio de Sergio puede tener, prestando atención a la comunicación preverbal, para poner en palabras lo que el paciente no puede.

 

Durante la supervisión apuntamos que no siempre es recomendable interpretar el aspecto agresivo de las motivaciones inconscientes del paciente desde un inicio. Conviene permanecer receptivos a otros rasgos que lo llevan a permanecer en silencio. En conjunto, concluimos que Sergio se encuentra muy asustado por su propia agresión y que, de momento, es mejor esperar a que pueda responsabilizarse de ella.

 

Sergio no habla en las sesiones, por lo que sería improductivo tratar de comprenderlo por medio del lenguaje verbal. El silencio conlleva sus propios mensajes y habrá que descifrarlos. A partir de su situación específica y estructura mental, puede pensarse que el silencio expresa la necesidad de probar si la otra persona –en este caso, el terapeuta– lo acepta tal cual como es o si le demanda ser de otra manera. Esto habla de un conflicto de rivalidad con el padre, que él actualiza en la transferencia con la terapeuta y se le puede interpretar sin resaltar la parte negativa, por ejemplo: “Me parece que cuando vienes a las sesiones y permaneces en silencio, quieres ver si yo te respeto como eres o si quiero, como tu padre, exigirte que te comportes de acuerdo a mis deseos. Es como si desearas comprobar si lo que importa aquí eres tú o soy yo”.

 

Más adelante, pudimos encontrar otros significados para su silencio y pasividad: ambos recursos le permiten paralizar e inhabilitar su agresión, porque siente que es muy intensa y teme destruir lo que le rodea. Al mismo tiempo, en su fantasía, detiene la agresión de ese padre interno que siente que habita dentro de él.

 

Uno de los elementos determinantes para el tratamiento es cuándo y cómo interpretarle cada aspecto de su silencio, a fin de que pueda hacer contacto con ello y producir una mejoría. Esto depende de la fineza y el detalle de la buena resonancia entre paciente y analista. Consideré importante también señalarle a Sergio cómo en los momentos en los que se siente reconocido, donde percibe interés de mi parte por comprenderlo, entonces da un poquito de sí, el silencio cede y puede relacionarse conmigo de un modo diferente.

 

Durante el último periodo del tratamiento se presentaron silencios más profundos, un mayor consumo de alcohol y el abandono del tratamiento psiquiátrico por parte del paciente. En la supervisión consideramos que podía tratarse de una fuerte resistencia de Sergio para ponerse en contacto con aquello que siente más doloroso e inaguantable. Sabemos que todo esto también es un ataque al tratamiento, al vínculo, al pensar y dar significados.

 

Un paciente grave como este necesita ser comprendido junto con esa parte más vulnerable de su mente, donde al relacionarse con una nueva persona se siente expuesto a ser lastimado otra vez. ¿Cómo podemos ayudarlo para que deje de reproducir ese patrón interno al relacionarse y alcance una mejor comprensión de las situaciones y de las personas?

 

Entonces, para entender mejor a Sergio y sus vínculos tempranos, me hago las siguientes preguntas cuando se queda callado: ¿quiénes somos, él y yo, en ese momento? ¿A quiénes representamos? ¿Es el bebé que intenta transmitir un mensaje pero la mamá no responde o no lo entiende? ¿Es el bebé que no responde por más que la madre hace un intento por comprenderlo? Debemos observar esta interacción, teniendo en cuenta las respuestas del paciente a lo que se le dice y estar al pendiente de sus intenciones, por ejemplo, si desea preocupar o molestar, presionar o decepcionar, impacientar o frustrar al analista.

 

Lo intrincado de la mente exige, en el mismo grado, una comprensión compleja para abordar las diversas patologías de nuestros pacientes.

 

Conoce más del Doctorado en Clínica Psicoanalítica en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/doctorado-en-psicoterapia

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Los síntomas del duelo

Por Renata Carvajal

 

El duelo es un tema de gran interés que se ha tratado de comprender desde diferentes aproximaciones como la espiritualidad, la filosofía, la psicología y el psicoanálisis. La pérdida es algo común para el hombre; todos hemos perdido algo o alguien: abuelos, padres, amigos, parejas, la infancia, etc. Por ello, a veces nos preguntamos qué haríamos ya no tuviéramos a alguien importante en nuestra vida o, si ya estamos en esa situación, cómo quitarnos el dolor, cómo seguir viviendo o hasta cuándo sufriremos su ausencia.

 

Podemos entender al duelo como el proceso que surge a partir de una pérdida significativa. Lo experimentamos ante la muerte de los padres, algún amigo, la pareja, pero también podemos atravesar por un duelo ante un divorcio, un despido laboral o al envejecer.

 

El duelo es un proceso complejo y dependerá de cada persona el tiempo que necesite para atravesarlo, si logra elaborar esa situación o no. Cada pérdida es distinta y tiene un significado diferente, por eso conviene ser paciente y no imponerse conductas o recetas mágicas ante el dolor. Por ejemplo: ante la muerte de un ser querido, normalmente se piensa que es necesario llorar, pero el llanto por sí solo no garantiza un avance. Una persona puede llorar todo el tiempo, quizá por culpa, quizá porque desea un trato especial, lo cual no quiere decir que esté elaborando lo que ha perdido.

 

Estos son algunos elementos que se encuentran frecuentemente en los duelos:

 

– Tristeza.

– Alteraciones en el apetito y en el sueño.

– Retraimiento.

– Desinterés por la vida y aquello que resultaba placentero.

 

Es importante mencionar que estas características las encontramos también en la depresión. La diferencia esencial es que, en el caso del duelo, esto es normal y hay conocimiento acerca de qué es lo que se ha perdido. La tarea a realizar en el proceso de elaboración del duelo es enorme: enfrentar la pérdida definitiva de aquello que se ama con todo lo que esto implica (asumir que los sueños que teníamos con esa persona no se cumplirán, que el futuro es distinto, que hay un vacío).

 

No es una labor sencilla y habrá diversos factores que nos permitan realizarla de mejor o peor manera: los recursos con los que contamos –tanto internos como externos–, cómo hemos sobrellevado pérdidas anteriores, qué fue lo que perdimos, qué representa para nosotros. La cualidad de esa relación es fundamental para que el proceso sea más llevadero. Entre más hostilidad se halle presente, mayor será la culpa y la dificultad para procesarla. Es más sencillo tramitar la muerte de una madre con la que se ha tenido un vínculo positivo, donde no hay grandes cuentas pendientes, que una relación distante o llena de agresión.

 

Cada pérdida posee características únicas, por lo que uno debe de tener paciencia, pero también es necesario reconocer cuándo requerimos ayuda. Si han pasado años y nos sentimos como al principio, si parece que estamos más cerca de aquél que ha muerto que de los vivos, si nos torturamos con autorreproches y con culpa, es importante consultar a un especialista, porque puede ser que el duelo se haya convertido en una depresión.

 

Pero, de igual manera, también podemos acudir a consulta si queremos comprender lo que nos pasa y valoramos que alguien nos acompañe en este proceso, que puede llegar a ser sumamente doloroso, a fin de que nos ayuden a pensar la pérdida desde otro punto de vista.

 

Referencias:

 

Freud, S. (1917). “Duelo y melancolía”. En Obras completas, tomo 14. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1915). “Introducción del narcisismo”. En Obras completas, tomo 14. Buenos Aires: Amorrortu.

Laplanche, J. y Pontalis, J. B. (2008). Diccionario de psicoanálisis. Barcelona: Paidós.

Quinodoz, J. M. (2005). Reading Freud. A Chronological Exploration of Freud’s Writings. East Sussex: Routledge.

Quinodoz, J. M. (1993). The taming of solitude. Separation Anxiety in Psychoanalysis Nueva York: Routledge.

 

Conoce más de la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica en este enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/maestria-en-psicoanalisis

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La importancia de tener prácticas profesionales en la Licenciatura en Psicología

Por Mtra. Daniela Bustamante Rosas

En mi experiencia como profesionista y egresada de la Licenciatura en Psicología, me doy cuenta de que la estancia en la universidad corresponde a los momentos más interesantes en la vida estudiantil, sobre todo cuando existe la posibilidad de realizar prácticas profesionales.

 

A lo largo de la trayectoria académica es común escuchar que los alumnos de primaria, secundaria o preparatoria se sienten a disgusto con la escuela porque llevan varias materias que no son de su interés, por ejemplo: “A mí no me gustan las matemáticas, yo prefiero la historia”. Sin embargo, deben cursarlas porque son parte de los programas oficiales. ¡Muchos estuvimos en esa situación!

 

La gran diferencia con respecto a la universidad es que las materias están, casi en su totalidad, enfocadas a los gustos, intereses y capacidades del estudiante. Esto es algo que vuelve la universidad un espacio de aprendizaje muy enriquecedor, ya que el individuo ha tomado la decisión personal de estar donde está y puede involucrarse de manera más comprometida y motivada con sus estudios.

 

Hay factores que vuelven más interesante y creativo el ambiente universitario, por ejemplo:

  • la calidad de la formación de los maestros y su capacidad docente,
  • que los programas sean completos y estén actualizados
  • y, en un nivel muy importante, se encuentran las prácticas profesionales, pues tienen la finalidad de ofrecer experiencia en el ambiente laboral antes de terminar la universidad.

 

Con frecuencia escucho personas que están por egresar de sus carreras y dicen cosas como: “Tengo miedo de no encontrar trabajo porque no tengo experiencia laboral”, “me siento muy nervioso porque no voy a saber hacer nada cuando me contraten”. Estos sentimientos son naturales, pero se contrarrestan cuando el estudiante ha podido practicar y ha adquirido experiencias que lo acercan al mundo laboral.

Por eso, es esencial que al elegir universidad te informes acerca de las prácticas profesionales que ofrece esa institución.

 

Algunos de los beneficios más importantes de contar con prácticas durante la vida universitaria son:

  • Las prácticas profesionales funcionan como un puente entre la escuela y el trabajo. Te ayudan a entender las semejanzas y diferencias entre lo académico y lo laboral. Por lo tanto, contribuyen a disminuir la ansiedad e incrementar la seguridad frente a lo desconocido del mundo profesional.
  • Practicar permite que vayas aprendiendo cómo hacer las cosas y cómo funcionan los empleos.

 

  • Las prácticas profesionales son material para armar tu currículum.

 

  • A través de las experiencias y conocimientos podrás sentirte más confiado de tus habilidades y definir con mayor claridad qué área de especialización es la que te interesa.

 

  • Cuando un alumno se desempeña bien en una práctica profesional, tiene posibilidades de solicitar empleo en ese mismo lugar.

 

En la Licenciatura en Psicología del Centro Eleia se conjuga la teoría con las prácticas profesionales desde los primeros semestres y existen convenios con instituciones de alto nivel para que puedas acercarte desde un inicio a conocer el funcionamiento del mundo laboral en este campo.

 

Por ejemplo, cuando estudiamos las etapas de desarrollo, realizamos prácticas en colegios para observar muy de cerca a niños y adolescentes. De este modo, no sólo aprendes teóricamente las características mentales de estas etapas, sino que también tienes un contacto directo y real con lo que se enseña dentro del aula. Además, puedes ir entendiendo cómo se organizan las clases y los talleres. Cuando revisamos los enfoques de psicoterapia, realizamos prácticas profesionales en las que puedes empezar a atender pacientes de manera individual.

 

Sin duda, las prácticas profesionales vuelven mucho más interesante y prometedora la Licenciatura en Psicología. No sólo en el sentido de que facilitan el acceso al mundo laboral, también porque permiten el desarrollo temprano de la creatividad, la seguridad y el sentimiento de ser productivo.

 

Conoce más de la Licenciatura en Psicología de Centro Eleia, en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/licenciatura-en-psicologia

ETCHEGOYEN

En memoria del Dr. R. Horacio Etchegoyen

Fuente: http://www.apdeba.org/dr-r-horacio-etchegoyen/

Dr. R. HORACIO ETCHEGOYEN

  1. H. Etchegoyen (n. 13 de enero de 1919-f. 2 de julio de 2016)

Hemos perdido a uno de los grandes maestros no sólo de la Argentina, ya que es alguien que ha trascendido fronteras dejando una huella importante en la historia del psicoanálisis en el mundo.
En el año 1949 obtuvo el título de Doctor en Medicina en la Universidad de La Plata y como estudiante fue militante del movimiento de la Reforma Universitaria. Fue profesor de la cátedra de Psiquiatría y Psicología Clínica (Universidad Nacional de Cuyo) y Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional de San Luis.
Realizó su formación psicoanalítica en la Sociedad Psicoanalítica Argentina y en la Sociedad Británica de Psicoanálisis. Obtuvo la Beca de la Oficina Sanitaria Panamericana para estudios de posgrado en la Clínica Tavistock (Inglaterra). Es uno de los miembros fundadores de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires de la que fue Presidente; Vicepresidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional (1985-87 y 1987-89). En el año 1993 es elegido primer Presidente Latinoamericano de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API).
Fue un prolífico escritor y escribió el libro más abarcativo que se haya escrito sobre técnica psicoanalítica – Los Fundamentos de la Técnica Psicoanalítica- traducido al inglés, al italiano, al portugués, al francés y al rumano. Sostuvo que la ética es la raíz de la que surge el sentido y la coherencia de las normas técnicas del psicoanálisis. Como hombre ético que era, defendió sus ideas con coraje y sabiduría.
Fue un político democrático y esta característica ha regido su paso por la política institucional, enfrentando momentos muy adversos. A pesar de su inmersión y compromiso con la teoría kleiniana, Etchegoyen tuvo la capacidad de un académico para apreciar y transmitir otros modelos, explorar ideas desde distintos puntos de vista y facilitar los encuentros entre analistas de distintas corrientes de pensamiento.
Recibió numerosos reconocimientos en su larga vida, Miembro Honorario de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza, Profesor Honorario de la UBA, el Premio Konex al mérito en el año 1996, Premio Sigourney en el año 1999 además del reconocimiento de sus discípulos directos y los que lo apreciaron a través de sus escritos.

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La violencia en la sociedad, la vida personal y la familia

Nota del Taller “La violencia en la sociedad, la vida personal y la familia”

Por Gabriel Espíndola

Desde sus orígenes, el psicoanálisis ha reconocido la agresión y el amor como dos pilares sobre los cuales se edifica la personalidad. Algunas aproximaciones teóricas la consideran un elemento congénito; otras, una consecuencia de la frustración por fallas ambientales desde la más temprana infancia; otras más, atemperan el delicado intercambio entro lo interno y lo externo en sus postulados. Independientemente de cómo comprenda su origen, la clínica psicoanalítica aborda la agresión y sus diversos rostros como uno de sus principales objetos de estudio.

Freud consideró este tema desde diversas ópticas. En su primera tópica, la describe como un elemento ligado a la sexualidad; en sus trabajos sobre metapsicología la rastrea en el narcisismo, la melancolía, el masoquismo y, por su puesto, en la pulsión de muerte. La transferencia, las neurosis de guerra y el juego infantil del carretel –asociados todos a la compulsión a la repetición– son fenómenos que suscitaron un cambio radical en la teorización y le dieron acceso a la clínica psicoanalítica hacia un campo más vasto.

Repetimos compulsivamente los desamores de la infancia; la niña desilusionada por no casarse con papá y celosa de mama, se escenifica compulsivamente en mujeres engañadas, o bien en el vínculo de amantes; siempre a la espera de que ese hombre deje a esa otra mujer. Estos fenómenos pueden hacer vidas miserables, llenas de frustración. Esta es una gran aportación Freudiana y del psicoanálisis en su conjunto.

Este autor consideró que en todo concepto o fenómeno clínico existe la participación mutua del ambiente y lo congénito o constitucional. Por tanto, la agresión sólo puede ser comprendida bajo la lupa de las series complementarias donde ocurre ese delicado intercambio entre lo que somos de origen, las experiencias infantiles y las secuelas que estas circunstancias dejan en nuestra personalidad; una combinación que da contexto y sentido a nuestras vivencias presentes.

La agresión tiene diversas máscaras, algunos grotescos y otros sutiles, casi silenciosos, pero perniciosos para quien la ejerce y quien la recibe, en tanto que son devastadores para la personalidad y el entorno. Para describir esto con mayor detalle, es necesario definir primero lo que entendemos por violencia. En esta exposición, comprendemos la violencia como el ejercicio de la agresión sobre un yo o sobre un otro (objeto); sus motivaciones podrán ser tanto conscientes como inconscientes.

Dividiremos la violencia en dos espectros: el individual y el social. En el ámbito individual es donde el psicoanálisis cuenta con mayor margen de intervención, pues tiene una posición privilegiada al poder observar minuciosamente a través de las sesiones y el vínculo transferencia – contratransferencia tanto aquello que es evidente, como al tirano enmascarado de protector.

En la intimidad del consultorio somos testigos de los celos posesivos, esos donde la persona pierde valor cuando deja de ser considerada como un objeto exclusivo y satisfactor del deseo propio. Son sentimientos que se originan en los celos infantiles que buscan apoderarse del objeto de amor y aniquilar a sus contrarios con el temor de correr el mismo destino. Estas emociones que nos habitan, también nos limitan, nos impiden explorar el mundo, crecer, salir del contexto donde sentimos que somos capaces de controlar al otro, no sea que al salir de nuestra vista lo perdemos para siempre o nos ataca por la espalda.

Ahora, comentaré algunos ejemplos que refieren a las formas que puede adquirir la violencia:

Dolores es una mujer amable y dulce que consulta con motivo de su relación de pareja. Es esposa de un hombre poderoso que la engaña. Ella permanece en la misma casa aunque duermen separados. Su hijo homosexual es incapaz de progresar en la vida de manera independiente, pero Dolores lo atiende y cuida, lo procura a él y a sus amistades, le espera despierta hasta su llegada. Se angustia y se deprime cuando su hijo se va, al grado de presentar síntomas somáticos. Cuando el hijo regresa, ella se calma.

Un niño pequeño después del anuncio del embarazo de su madre jugaba en el jardín. Le pregunté: “¿Qué haces?”. “Jugando”, respondió. “¿Cuál es el juego?”, dije yo. “Encuentro caracoles y luego los aplasto con una piedra. También se vale hacerlo con las hormigas, porque son familias y hay muchas. Esta es mi casa y no quiero que entren tantas”, afirmó. Ese juego, con un fin lamentable para los insectos, puso de manifiesto el odio, junto con los deseos filicidas y parricidas que surgieron en el niño ante la noticia de un hermano.

Una mujer de cuarenta años vive con su madre, la cuida afanosamente, pues es la hija menor y el resto de los hermanos ya ha partido de casa. La madre aporta la manutención de ambas mediante su pensión. La hija se ve imposibilitada para establecer una pareja, teme que la lastimen, cree que los hombres no son de fiar; la madre corrobora esto con su propia historia y un divorcio muy temprano. Las dos solas se cuidan, una le promete fidelidad y la otra, protección. ¿Amor o tiranía? Tal vez ambas.

La lucha entre lo bueno y lo malo, la envidia y la gratitud, la escisión y la integración, la paranoia y los sentimientos depresivos, es parte fundamental de la psicopatología en todas sus expresiones, desde el polo de la psicosis y lo psicosomático hasta las manifestaciones neuróticas. El tratamiento psicoanalítico busca comprender esta guerra sin cuartel en la particularidad de cada mente a través de la relación transferencial.

El contexto social es territorio y lengua extranjera para el método psicoanalítico, cambia el obbjeto de estudio de lo individual a lo social y deja de ser la sesion y el vínculo, el marco de observación. En la actualidad habitamos y somos corresponsables de sociedades donde la violencia se normaliza bajo la expresión del crimen, el engaño, la corrupción, la prostitución, el racismo, los fanatismos religiosos, el terrorismo, el deterioro de la naturaleza, la banalización del amor, la indiferencia por el dolor, las adicciones y los fetiches.

¿Esto es un fenómeno de nuestros tiempos? Hay quien piensa que se trata de la degradación del hombre y es posible, pero, ¿no será, más bien, una expresión de lo inherente a él mismo? ¿Es el crimen una novedad? ¿No son los asesinos parte de nuestra historia? ¿Las guerras? ¿Las conquistas? ¿La esclavitud? ¿La adicción? ¿El amor se ha corrompido o es que amar siempre ha sido complicado? ¿Serán las motivaciones tan distintas en la época actual o sólo se disfrazan del tiempo que les corresponde, de la misma manera en que los sueños aprovechan los restos diurnos? La violencia interna y externa, en lo social y en lo individual, parece trascender el tiempo y sólo adquiere el aspecto que su época modela.

La violencia cuenta con expresiones evidentes como la psicosis, la melancolía, el masoquismo y otros fenómenos de la clínica del narcisismo. Sin embargo, tiene también rostros inicialmente amables, como el del cura pederasta, el médico con tratamientos milagro que promete sanación al enfermo y lucra con su última esperanza, la pareja “responsable” y “comprometida” con una doble vida, el homosexual disfrazado de heterosexual, la mujer deprimida que devora a la familia con su necesidad de afecto y su rechazo por lo insaciable de su demanda, el hijo que desfalca y pierde oportunidades, entre tantos otros.

Nadie se halla exento de la violencia, pues es parte de lo que nos constituye. Lidiamos con ella mediante diversos mecanismos en una lucha que es inextinguible entre el amor y el odio, el cuidado y el desinterés, el esclavo y el amo, la mentira y la sinceridad, la paranoia y los sentimientos depresivos producto del reconocimiento de nuestra marca de Caín.

Será interesante enriquecer estas ideas durante nuestro taller con ejemplos clínicos y situaciones de la vida cotidiana, tales como sueños, fantasías y situaciones sociales.

 

Inscríbete al Taller “La violencia en la sociedad, la vida personal y la familia” en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-violencia-en-la-sociedad-vida-personal-familia

Fechas del taller:

27 de agosto, plantel sur

3 de septiembre, plantel norte