Archivos mensuales: febrero 2016

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Aportaciones de nuestros alumnos: “La ola” (Die welle)

Fuerza mediante la disciplina, fuerza mediante la comunidad,

fuerza a través de la acción, fuerza a través del orgullo.

La ola.

Por Arely Ramos Campos

En 1967, un estudiante de la Cubberley High School, de Palo Alto, California, en medio de una clase sobre el holocausto y la Alemania nazi, impartida por el profesor de historia Ron Jones, realizó una pregunta: ¿cómo es que el pueblo alemán siguió tan fácilmente a Adolfo Hitler? Este cuestionamiento de la voluntad de la masa inspiró al profesor Ron Jones a realizar un modelamiento didáctico de los elementos básicos del fascismo con el propósito de probar si el movimiento social que se dio durante tiempos de Hitler se podría recrear en la actualidad y que tan fácil era que individuos de un grupo siguieran a algún líder en común.

Los resultados de esta dinámica se convirtieron en evidencia de lo que podríamos clasificar como un experimento social que dejó huella en los años 70, tanto así, que hay dos versiones fílmicas del experimento: una de 1981 y un remake alemán de 2008 que tuvo un gran éxito taquillero y que reavivó el tema de la susceptibilidad del grupo a retomar ideologías totalitarias y fascistas. Esta película tiene varios niveles de análisis, ya que al estar basada en hechos reales posee un contexto histórico que va más allá de la edición fílmica. Se debe tener en mente que en los años 70 había un auge por la educación experimental y vivencial, más que por los métodos tradicionales de enseñanza.

Escuchando los testimonios de los participantes reales, vemos cómo la personalidad del profesor que llevó a cabo este movimiento era el de una persona simpática, joven, extrovertida, convincente, con prestigio, ideas claras y un objetivo concreto. Se podría decir, partiendo de las cualidades que Freud menciona como necesarias para encontrar un líder, que Ron Jones las cumple; esto facilitó que el grupo proyectara en él su ideal del yo, se cohesionara y, retomando a Le Bon, que el alma colectiva diera un giro.

En primera instancia, la escucha de sus alumnos fue esencial para poder implementar dos sencillos cambios que ilustrarían las bases de la disciplina. La modificación número uno fue respecto a la forma de sentarse y, la segunda, en cuanto al modo de dirigirse al profesor. Estos primeros cambios establecieron las bases para las siguientes enseñanzas que tenían por objetivo modelar al grupo y encaminarlo a una nueva filosofía, que incluía adoptar un saludo, un símbolo y una vestimenta en particular. Con estos elementos se desdibujaron los aspectos y las diferencias individuales, llevando a la conformación de una masa uniforme en la que los límites del yo se confunden para ser parte de un nuevo yo grupal. Durante cuatro días el profesor fue implementando ideas que cambiaron la forma en la que sus alumnos se relacionaban: les prohibió reunirse en conjuntos mayores a dos y realizó una serie de limitaciones externas que provocaron que el grupo dentro del salón se reforzara, se afianzara el deseo de pertenecer y de proteger los ideales del colectivo.

En la película, una chica se muestra renuente y escéptica respecto a la dinámica e intenta abandonar el grupo, pero se siente atemorizada por las consecuencias, ya que teme la reacción violenta y agresiva de los demás integrantes, quienes parecen sustentar la creencia de: “Si no estás dentro, serás rechazado y relegado al aislamiento porque eres un peligro”. Este sentimiento la inspiró a formar una asociación anónima en contra de “la ola” para exhibir los peligros de este movimiento, pues desde el tercer día los mismos alumnos organizaron propaganda para atraer a nuevos miembros que se sintieran identificados con ellos y tomaran el lema: “Fuerza mediante la unidad”, repetido como un mantra para tratar de contagiar al resto. Recordando el texto de Fromm, El miedo a la libertad, vemos cómo esta racionalización de ideales era coartada al cuestionar las bases del movimiento. Aunque no había tenido lugar autoproclamación alguna por parte del líder, el grupo exhibía una exaltación de la comunidad y de la disciplina que debía tener un líder ante el cual los miembros demostraran su compromiso.

Cuando comenzaron las labores de propaganda, muchos alumnos de diferentes grupos se unieron y llevaron más allá de la escuela toda su ideología. Para el cuarto día, estudiantes de otros institutos se habían incorporado al movimiento, lo que despertó en los individuos alejados de éste un miedo y una incertidumbre sobre la fuerza que se estaba manifestando y que ya había demostrado reacciones violentas en contra de quien osara hablar mal de la filosofía de “la tercera ola”.

Formaron una policía de vigilancia para proteger al grupo, lo que supuso un serio peligro para los demás estudiantes. En este punto, el profesor se dio cuenta que era necesario  poner un alto. Sin embargo, sabía no lo podría imponer solamente, pues los estudiantes estaban sumamente comprometidos. Por lo tanto, ideó una manera de convencerlos de finalizar el movimiento. En la película esta situación se resuelve de una forma radical y melodramática, pero, en la historia real, el profesor apuntó a la masificación de “la tercera ola”, prometiendo un líder y la expansión a otros estados. Creó toda una escenografía y un ambiente de tensión: al quinto y último día, los miembros del grupo se encontraban a la expectativa de un líder supremo, pero se encontraron con que el profesor les proyectó imágenes de las juventudes hitlerianas, alabando al líder supremo de la Alemania Nazi. Esto les causó una gran conmoción. Ron Jones comenzó a hablar del peligro de las ideologías, de lo terrorífico que fueron esos días en los que se dejaron llevar por preceptos que coartan la individualidad.

Es interesante cómo la vida de este profesor tomó un nuevo giro después de esos cinco días, puesto que en entrevistas posteriores habló de un sentimiento de poder que lo embargó durante varios momentos de su experimento mientras dirigía a los estudiantes. Mencionó aquella delicada línea que estuvo a punto de cruzar al tener a una multitud a su disposición.

Se ha retomado el tema del nazismo (o neo nazismo) en Alemania, a propósito de la reciente llegada de los refugiados de Medio Oriente, pues surgen cada vez más grupos radicales con ideologías fascistas que coordinan movimientos para atacar a estas personas. Dicho fenómeno ocurre en franca contradicción con las acciones del gobierno de ese país, en tanto que se trata de una de las naciones que más refugiados ha aceptado en la Unión Europea.

 

Referencias:

– Gansel, D. (Dir.) (2008). La ola (Die Welle). [Cinta cinematográfica] Duración: 107″. Alemania.

– Freud, S. (2011). Psicología de las masas. México: Alianza Editorial.

– Fromm, E. (2008). El miedo a la libertad. México: Paidós.

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El paciente complaciente

Por Ana María Wiener

Como parte del programa de Doctorado, estudiamos a profundidad la escuela postkleiniana, la cual tiene sus fundamentos básicos en la teoría de Melanie Klein. Sin embargo, se caracterizan por hacer nuevas propuestas teóricas y técnicas que los ubica como uno de los grupos psicoanalíticos actuales más prolíficos. Un aspecto central de su trabajo es comprender el funcionamiento mental, estudiar cómo se pone en juego en la relación entre el paciente y el analista en el “aquí y ahora” de la sesión. El objetivo de estudio, la mesa de trabajo es lo que pasa entre ambos participantes. Se expresa como un mensaje con elementos verbales y no verbales. La función del analista no sólo es recibir la información que le transmite el paciente a través de distintos canales de comunicación, sino también, darle un significado emocional de acuerdo con la historia y aquellos aspectos inconcientes de la personalidad del sujeto. Para lograrlo, se necesita concentrar en percibir y detectar, no sólo lo que le pasa al paciente, sino a uno mismo también. Más que centrarnos en la asociación libre, como lo recomendó Freud, el interés de este grupo se centra en trabajar los rasgos del carácter, la forma de ser de los pacientes que se manifiesta en la manera en que se relacionan con las personas, incluido el psicoanalista. Los postkleinianos desarrollaron  grandes habilidades para detectar las motivaciones inconcientes más escondidas dentro de los trastornos del carácter. Los rasgos de carácter son muy difíciles de detectar en la sesión porque el paciente no los trae en el tema que relata. Sino que lo muestra en su manera de hablar, en cómo le discute al analista, cómo responde, qué tono de voz utiliza, etc. Y ese es el punto de urgencia a interpretar. Una de estas situaciones es la que sucede con el paciente complaciente que aparenta una actitud de colaboración cuando en realidad, no piensa, trata de dejar satisfecho al analista pero en el fondo no cambia porque no reflexiona sobre lo que le pasa. Sino que sigue al pie de la letra lo que le dice el analista.

En muchos tratamientos, esta situación (cuando el paciente, todo el tiempo acepta o accede a lo que le proponemos sin chistar, sin oponerse, sin discutir, sean cambios de horario, interpretaciones, etc.) pasa inadvertida para los especialistas y provoca un “pseudoanálisis”. Los postkleinianos sugieren que uno sintonice con todo lo que el paciente es y viene a ser al tratamiento para pensar en el sentido inconciente que tiene para él en su vida cada rasgo de su personalidad.

Cuando esta actitud complaciente se muestra en la sesión con el psicoterapeuta o con el analista, es cuando tenemos la oportunidad de averiguar las motivaciones y las fantasías inconcientes que los llevan a comportarse así, de lo contrario obstaculiza su desarrollo y progreso personal (Joseph, 2004; 102). Pueden contestarnos, “Sí, estoy completamente de acuerdo con lo que me dice”, o “sí, entiendo perfectamente”. Lo importante es distinguir entre el cooperar sincero del someterse y cumplir para complacer, para agradar al especialista. Britton (1998; pp. 82) dice que estos pacientes no son problemáticos y generan una atmósfera de que todo marcha tranquilamente. Michael Feldman (2009; pp. 177) los llama, “pseudo cooperadores” por la aparente cooperación. Piensa que al ajustarse a los deseos, necesidades y demandas de los otros, estas personas se sienten gratificadas porque los invade una sensación de triunfo y superioridad sobre los demás porque piensan que al cumplir y complacer, controlan al analista al provocar que éste se sienta contento porque el paciente “acepta” todo. Complacer es una especie de sometimiento aunque aparentemente, el paciente pretenda cooperar. Sin embargo, realmente es una apariencia porque el paciente no escucha ni comprende el sentido de la interpretación porque la intención es complacer al analista y estar de acuerdo con él, no pensar. Es un ajuste mecánico, casi plástico. La forma en que esto suele presentarse es que algunos pacientes hablan espontáneamente acerca de distintos temas, el psicoanalista interpreta, el paciente acepta y asocia de acuerdo con la interpretación para confirmarla. Se genera una atmósfera amistosa, como dice Betty Joseph (2004), pero sin ningún avance o cambio. Por ejemplo, un paciente puede comentar acerca de sus fuertes discusiones con sus padres o con su esposa, y en la sesión, mostrar total condescendencia con uno. No discute, no chista, no rechaza, no critica, no aparecen esos pleitos de los que habla. En otras ocasiones, podemos observar que el paciente repite exactamente lo que uno le interpreta, pero sin poder digerir el significado de las palabras. El trabajo analítico debe concentrarse en esta situación. El verdadero material de análisis es esta actitud condescendiente que se despliega en la transferencia-contratransferencia, en la relación con el analista.

Las ansiedades subyacentes son de distinta naturaleza. Encontramos ansiedades persecutorias, es decir, complacen por temor a que el analista los critique, los juzgue. Entonces, se muestran cordiales, amigables y esperan que uno esté satisfecho con ellos. Esconden su desconfianza y escepticismo (duda acerca de si el analista va a ser alguien que los ayude o que les haga daño). En este sentido, complacen para aplacar y apaciguar al otro y, trasmiten este mensaje, “yo acepto todo lo que usted diga para que no se enoje conmigo y esté tranquilo, para que no me haga daño.” Pero al hacerlo, pierden individualidad y opinión propia. Robert Caper (1997; 268) piensa que el complacer refleja la incapacidad que tienen ciertas personas para relacionarse con otros que son diferentes a ellos por lo que, al aceptar todo anulan cualquier diferencia, “pensamos igual”. No toleran que las otras personas piensen distinto a ellos. Su fantasía, en este sentido, es que desean que uno vea las cosas como ellos. Lograr una alianza entre paciente y analista en la que no se den conflictos. Si uno no está de acuerdo con ellos, se rinden, se someten y borran cualquier desacuerdo accediendo. Betty Joseph (2004; 104) supone que tratan de mantener una fusión narcisista con el analista en donde no haya desavenencias. Considera que la complacencia es una defensa que les permite no incorporar nada de nadie ni permite que uno tenga un contacto emocional profundo con ellos. Es imposible establecer un verdadero diálogo que pretenda llevarlos a comprender y contactar vivencias o experiencias dolorosas. Su falsedad (el acceder a todo), es defensiva y con ella manipulan silenciosamente al analista, lo engañan con una pseudo condescendencia. Quieren hacernos creer que están muy cómodos y contentos con su tratamiento y con nosotros, que nos aprecian y valoran lo que les decimos. Pero en realidad, no es así, se defienden, no toman nada de lo dicho, no se da ningún tipo de entendimiento o cambio. Siguen su propio camino y de esta manera, secretamente, frustran al analista y triunfan sobre él ya que no logran conocer su mente.  Controlan la manera de proceder del tratamiento para no entrar en contacto con su realidad psíquica.

 

Bibliografía:

Britton, Ronald. (1998). Chap. 7 “Complacency in analysis and everyday life”, en Belief and Imagination. Explorations in Psychoanalysis. Brunner-Routledge: London. Pp. 82-96.

Caper, Robert. (1997). A mind of one’s own. Int. J. Psychoanal., 78: 265-78.

Feldman, Michael. (2009). Chap. 10, “The defensive uses of compliance”, en Doubt, Conviction and the Analytic Process. Selected Papers of Michael Feldman. Edited by Betty Joseph. Routledge: London. Pp. 177-193.

Joseph, Betty. (2004). La complacencia como obstáculo. Psicoanálisis, APdeBA, Vol. XXVI, No. 1, págs. 101-115.

Riesenberg-Malcolm, Ruth. (1981). Chap. 6, “Technical problems in the analysis of a pseudo-compliant patient” en, On Bearing Unbearable States of Mind. Edited by Priscilla Roth (1991). Routledge: London. Pp. 113-124.

 

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Apatía en la adolescencia

Por Beatriz Elías

El duelo es un proceso que atraviesa nuestra vida en todo momento. Cada duelo reactiva situaciones de pérdidas pasadas, pero también nos brinda la posibilidad de cambio y enriquecimiento. Implica un trabajo de elaboración mental, que nos lleva a asumir una posición y renunciar a otra. Es una búsqueda de nuevos ideales que se acompaña con una sensación de desamparo. Todo duelo implica una pérdida que coexiste con un renacer.

La adolescencia es, sin duda, una de las etapas de la vida en la que el trabajo de duelo es mayor. Aberastury (1981) la describe como una fase “semi-normal” o “semi-patológica” en la que el joven tiene que resolver tres pérdidas fundamentales: el duelo por el cuerpo infantil, el duelo por el rol y la identidad infantiles y el duelo por los padres de la infancia.

Las principales tareas de estos duelos consisten en construir una imagen corporal que sea acorde a sus cambios físicos, abandonar la bisexualidad infantil, encontrar una relación íntima y sexual fuera de casa, renunciar a la dependencia y aceptar nuevas responsabilidades, dejar la imagen interior infantil y el lazo con los objetos originales y conceder a los otros una capacidad de amar que sea distinta a la propia (Aberastury, 1981).

Como se puede ver, la elaboración de estos duelos no es algo sencillo para la mente del adolescente; quizá es una de las razones por las que se le considera una etapa “semi-patológica”, pues los jóvenes se encuentran desorientados, confundidos, con un sentimiento de falta de control, altibajos en la autoestima, miedo y desesperación. Su pensamiento tiende a ser omnipotente y su estado de ánimo puede oscilar entre la depresión y la manía, como una forma de defensa.

Meltzer (1992) piensa que los jóvenes pasan por un período de rebeldía contra la tiranía de la estructura jerárquica de la vida adulta. Dicha rebelión contra la vida familiar los lleva a crear comunidades donde idealizan al grupo y adquieren una pseudo identidad que les facilita el rechazo de la realidad y el repliegue a la fantasía infantil. La tarea del adolescente es salir de este tipo de funcionamiento primitivo para establecer relaciones íntimas y, finalmente, lograr una adaptación adulta capaz de diferenciar entre una máscara social adaptativa y una vida interna rica en relaciones íntimas con las personas que verdaderamente significan algo para ellos.

Si bien todos pasamos por esta fase turbulenta, la forma en la que los duelos se superan puede variar. Cuando la mente del adolescente no está dispuesta a tolerar el dolor que el crecimiento implica, la elaboración del duelo se puede complicar. Entonces surgen defensas para negar la pérdida de la infancia, con tendencia a un comportamiento impulsivo y desorganizado. Se niega el vínculo con el objeto, lo que impide aprender de la experiencia; eso lleva a que se desarrolle una pseudo madurez que puede terminar en un estado de desgane y depresión.

El estado de apatía en el adolescente es un fenómeno que se ha incrementado en los últimos tiempos y que afecta a un sinnúmero de jóvenes de todas las edades, no solo en la escuela, sino en todas las áreas de su vida. La apatía se puede definir como una actitud hacia la vida y las relaciones. La finalidad es mostrarse pasivo y obtener satisfacciones sin esfuerzo; la comodidad es el valor máximo. Aparentemente, esto no es problemático para el adolescente, pero sí lo es para quienes lo rodean. Es una actitud que puede permanecer hasta la vida adulta. (Valentini, 2008).

En Claustrum, Meltzer (1992) habla de los moradores del pecho-cabeza. Describe una situación en la que se idealiza un estado de plenitud sin esfuerzo. La fantasía de estar dentro del cuerpo de la madre y apropiarse de su conocimiento lleva a estos individuos a una condición donde se evita la demanda de actividad mental. El joven apático evade la toma de decisiones y cualquier frustración; en él predomina la fantasía y desarrolla un estado de dependencia extrema hacia los otros, que raya en la tiranía. No es auténtico e imita la forma de ser de otras personas.

La apatía se desarrolla para poder mantener disociados ciertos aspectos de la mente, con la finalidad de no pensar en los conflictos y las emociones, no hacerse cargo de los cambios y no pensar acerca de sí mismo. La intención es no responsabilizarse por el paso del tiempo y preocuparse por los otros. Se observa una incapacidad para enfrentar las experiencias o tolerar la soledad. El individuo busca evadir el dolor que implica vivir los procesos de vida, aguantar la incertidumbre y hacerse cargo de su propia agresión. Como resultado de esta escisión, el sujeto se queda en un estado de pasividad, de aparente comodidad; se defiende con una actitud de falta de interés y pseudo cooperación. Evita todo aquello que lo enfrenta a su propia necesidad; se cree omnisciente, juzga, es orgulloso, altanero y con falsa apariencia.

Este esfuerzo por no sentir el dolor que implica crecer y renunciar, tiene graves consecuencias: la mente no crece, ni se desarrolla, ni madura. Esto genera una dificultad para enfrentar los retos de la vida; las personas se convierten en adultos-adolescentes que no pueden establecer relaciones interpersonales íntimas y significativas, distorsionan la realidad y crean cada vez más defensas para no enfrentar el doloroso hecho de que la vida se les ha ido sin poder lograr una identidad auténtica e integrada.

Como diría Meltzer, el peligro de estar atrapado en el compartimento “cabeza-pecho” es la constante amenaza de ser descubierto como un intruso, tener que escapar y, en el proceso, caer al compartimento del “recto” donde domina la tiranía.

La alternativa para un verdadero crecimiento mental es tolerar el paso del estado infantil omnipotente con padres todopoderosos a un nuevo estado, púber, de confusión y duelo, para alcanzar un estado adulto donde se elabora el duelo. La capacidad para pensar y tolerar las emociones no es hereditario, sino un esfuerzo individual, una actividad vital, buena y fuerte; es un deseo de responsabilizarse por el cuidado y bienestar de los objetos internos.

 

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Entrevista a las Dras. Elena Ortiz y Ana María Wiener. Coordinadoras del Doctorado en Clínica Psicoanalítica del Centro Eleia

Dra. Elena Ortiz, coordinadora del Doctorado en Clínica Psicoanalítica.
Nos da gusto saludarte Elena, háblanos, por favor, un poco de tu experiencia académica y docente

Estudié la Licenciatura en Psicología en la Universidad Iberoamericana, la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica (1ª generación, 1990) en el Centro Eleia, así como el Doctorado en Clínica Psicoanalítica (1ª generación, 1997) en la misma institución. Coordiné varios diplomados, jornadas, talleres y participé como docente durante más de quince años en el Centro Eleia, así como en otras universidades de Latinoamérica. Asimismo, impartí conferencias y cursos en universidades estatales del país, como la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y la Universidad Autónoma de Puebla, entre otras.

Trabajé en la atención clínica de adultos, adolescentes y niños, tarea a la que le he dedicado más de veinte años.

Coméntanos un poco de tu experiencia editorial:

Colaboré en 2001 en el libro Las perspectivas del psicoanálisis, con los doctores Celia Leiberman y Norberto Bleichmar, publicado por editorial Paidós. En 2011, mediante la misma editorial, publiqué un libro de mi autoría titulado La mente en desarrollo. Reflexiones sobre clínica psicoanalítica.
Actualmente trabajo en otros proyectos, como una colección de temas en colaboración con colegas del medio psicoanalítico, sobre distintos temas y autores del psicoanálisis. He centrado mi labor de investigación dentro de la línea postkleiniana de Donald Meltzer. La publicación de esta obra estará a cargo también de la editorial Paidós.
Escribí artículos de tipo académico para congresos, que posteriormente fueron editados en revistas de asociaciones de diversas instituciones. También tuve oportunidad de participar en congresos internacionales organizados por la Asociación Psicoanalítica Internacional. Ahora, realizaré una presentación en el Congreso Internacional de Psicosomática, que tendrá lugar en la ciudad de Monterrey.

¿Cuál es el perfil académico del Doctorado?

El Doctorado tiene como finalidad principal el entrenamiento clínico. No es solo un Doctorado de investigación teórica, sino que, con base en el estudio teórico y conceptual, se orienta al alumno a la aplicación de estos conocimientos en la clínica: la teoría se convierte en un instrumento para mejorar y optimizar la práctica de su trabajo clínico.
Como es un Doctorado cursativo, las clases son presenciales. Pensamos que la mejor manera como un analista puede desarrollar su habilidad y su experiencia en la atención a pacientes es formando parte de un vínculo cercano con maestros especializados, que transmitan sus conocimientos y ofrezcan un amplio bagaje de casos, donde se ilustren los conceptos estudiados en la teoría.
El noventa por ciento de los estudiantes del Doctorado tienen interés clínico, pero algunos alumnos lo cursan con la intención de comprender la teoría del psicoanálisis contemporáneo; escuchar ideas y casos clínicos les permite abundar en el psicoanálisis aplicado.
Algunos de nuestros alumnos entran al Doctorado sin tener pacientes, pero en el transcurso del mismo se sienten más seguros con los conocimientos y el apoyo del equipo de Doctorado, de manera que desarrollan una mayor confianza ante el inicio de su práctica clínica.

¿Cuál es el perfil de ingreso del aspirante al Doctorado?

Se requieren estudios previos en las diversas áreas de la Psicología o de la Psicoterapia o de la Psiquiatría.
¿Qué es lo que habrá obtenido el egresado del Doctorado?
El egresado del Doctorado en Clínica Psicoanalítica habrá perfeccionado su habilidad clínica, al tiempo que desarrollará una capacidad aguda de diagnóstico, tendrá una mayor destreza para interpretar, entenderá con mayor claridad el sentido de los sueños de sus pacientes y estará familiarizado con las posturas del psicoanálisis contemporáneo: en otras palabras, contará con una capacitación integral que le facilitará trabajar con mayor eficiencia.

¿Cómo es el trabajo de la coordinación con los alumnos?

Trabajamos haciendo un seguimiento de los programas de estudio: seleccionamos con cuidado las lecturas a trabajar, actualizamos constantemente el material que se revisará en clase y procuramos tener en disponibilidad las obras que consideramos más valiosas para el perfeccionamiento de su formación. Asimismo, cuidamos la selección de nuestros alumnos y les proporcionamos tutorías personalizadas. Desde cerca, impulsamos al estudiante a la realización de sus trabajos académicos, que consideramos un elemento indispensable en esta disciplina.
El apoyo al alumno dirigido hacia su práctica clínica, tiene lugar no sólo durante clases: si bien dentro del programa regular se cuenta con supervisión colectiva, los docentes estamos comprometidos con él para resolver sus dudas, cuestiones clínicas que desee conversar o inquietudes que surjan en su tarea de atención a pacientes.
En cuanto a la formación teórica, si el maestro nota que hay alguna deficiencia específica, sugiere y proporciona la bibliografía complementaria, al mismo tiempo que se alienta al alumno a trabajar en esos temas. Igualmente existe la posibilidad de cursar sin costo algunas materias de la Maestría que imparte nuestra escuela, para complementar los conocimientos del estudiante en el Doctorado.
La idea es fortalecer la práctica clínica psicoanalítica de acuerdo a las teorías más actuales.
¿Cuál es tu línea de investigación y de especialización en clases?

Mi línea de investigación es la clínica psicoanalítica contemporánea y los subtemas derivados de ella, tales como: técnica y estrategias de interpretación, modalidades de intervención en el tratamiento psicoanalítico, análisis contemporáneo de los sueños, la discriminación clínica meticulosa entre áreas neuróticas y no neuróticas de la personalidad, formas específicas de intervención clínica en relación con cada una de éstas áreas y temas como la complejidad y la pluralidad en el psicoanálisis de hoy.
¿Cuál es la filosofía de Eleia en la enseñanza de sus planes de estudio?

En Eleia pensamos que la mente es compleja y, como objeto de estudio del psicoanálisis, no se puede abarcar desde una sola teoría. Tampoco es posible observarla como un bloque homogéneo, ya que en el psiquismo se pueden encontrar áreas muy diversas y disímiles, por lo que el analista debe estar preparado para captar, diagnosticar e intervenir sobre cada una de ellas.
La pluralidad, parte de la filosofía del Centro Eleia, tiene que ver con abordar el objeto de estudio desde distintas perspectivas y es preciso apoyarse en varios marcos teóricos y conceptuales. Es así como en el Doctorado se estudian las ideas y puntos de vista de muchos analistas pertenecientes a diferentes geografías y contextos.

 

Entrevista con la Dra. Ana María Wiener, coordinadora del Doctorado en Clínica Psicoanalítica

La Dra. Ana María Wiener, coordina el Doctorado en Clínica Psicoanalítica del Centro Eleia junto con la Dra. Elena Ortiz y los Dres. Celia Leiberman y Norberto Bleichmar.

Es un gusto saludarla, Doctora. ¿Nos puede comentar un poco sobre sus antecedentes académicos?
Tengo la Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica, el Doctorado en Clínica Psicoanalítica, ambos por el Centro Eleia y una larga trayectoria docente. Llevo veintitrés años impartiendo clases a nivel Licenciatura, Maestría y Doctorado. Trabajo en consulta privada dando atención a adultos desde hace veinte años. Impartí también muchos talleres, conferencias, cursos y diplomados a lo largo de todo este tiempo dentro de Eleia, así como en otros institutos y universidades del Distrito Federal y de otras ciudades de la República Mexicana.
Mi pasión es el psicoanálisis y la comprensión del funcionamiento mental. Desde siempre mi motivación para dar clases ha sido transmitir y compartir lo interesante que es nuestra disciplina.

¿Cuál es su experiencia docente en el Doctorado?

Armamos un grupo de maestros interesados en promover una ideología de estudio, trabajo y entrenamiento clínico de calidad, el cual está basado, en primer lugar, en la profundización de los distintos marcos teóricos y metodológicos del psicoanálisis actual. Así también, analizamos los diferentes tipos de funcionamiento mental en cada una de las psicopatologías de la clasificación psicoanalítica.
De igual forma, resaltamos algo que consideramos muy importante: la constante revisión y supervisión del trabajo cotidiano en la práctica clínica, sin dejar de cuidar el desarrollo de la calidad humana, como característica esencial para la comprensión de los estados emocionales de los pacientes. Sobre todo, pretendemos ayudar a los alumnos a que desarrollen y mejoren sus habilidades analíticas y clínicas, mediante el estudio de materias teóricas totalmente relacionadas con el quehacer psicoanalítico. Buscamos sensibilizarlos aun más en la comprensión del funcionamiento mental que se expresa en la vida cotidiana de cada persona.

¿Qué nos puede decir acerca de la siguiente promoción del Doctorado, que les pueda interesar a los lectores?

Estamos por comenzar la novena generación del Doctorado en septiembre de 2014. Esto nos da mucho gusto porque la gente sale muy satisfecha y convencida de un trabajo serio, profundo y dedicado. Es un programa exitoso y el más grande de nuestro país. Ingresan personas de todos los estados y de la capital, cuenta con validez oficial ante la SEP y reúne un cuerpo académico especializado de la mejor calidad en México, conformado por expertos en su materia, con muchos años de experiencia y una sólida reputación en nuestro campo. Los programas de estudio están hechos para consolidar la formación clínica de las personas que quieren dedicarse a la atención de pacientes.

¿Cualquier persona que tenga una Maestría puede estudiarlo?

Como el Doctorado pertenece al área de Salud Mental, se dirige a toda persona pasante o titulada de maestrías, avaladas por la SEP, en áreas de la Psicología, la Psicoterapia o la Psiquiatría. Nos preocupamos por conformar grupos pequeños de alumnos en los que participen personas motivadas e interesadas en la comprensión de los aspectos fundamentales de cada una de las teorías psicoanalíticas, sus aportaciones y aplicación.

¿Qué nos puede decir sobre las clases que se imparten en el Doctorado?

En ellas se promueve un ambiente de respeto e interés por reflexionar y analizar, de acuerdo con distintos niveles progresivos de comprensión, las diferentes ideas que presentan las escuelas psicoanalíticas. Estas sesiones se llevan a cabo una vez por semana, de las 9:00 a las 14:00 horas, ya sea en miércoles o jueves. En este momento, la octava generación asiste los miércoles, por lo tanto, la siguiente, correspondiente a 2014, tendrá lugar los días jueves. En una mañana se imparten tres materias de hora y media cada una.

Durante los primeros semestres se acude a dos materias teóricas, una sobre psicopatología, otra sobre alguna escuela psicoanalítica en específico, y a una tercera donde se realizan las supervisiones grupales, en las que se revisan los materiales clínicos de los alumnos, tomando en cuenta distintas formas de comprender el diagnóstico, el pronóstico y el tratamiento de cada paciente. Conforme los estudiantes avanzan, también adquieren una mayor formación en cuanto al trabajo psicoanalítico con niños y adolescentes.
Finalmente, ¿cuál diría usted que es el objetivo principal del Doctorado?

Diseñamos un Doctorado que responda lo mejor posible a las necesidades de los profesionistas de este ramo, de manera que puedan entrenarse dentro del mejor nivel académico y así se encuentren mejor capacitados para dar respuesta a las demandas de un país cambiante y en proceso de salir adelante, además de ayudar a que las personas se conviertan en seres humanos con una mejor vida.