Archivos mensuales: enero 2016

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La piel en su significado psíquico

Por Mariana Hurtado Eguiluz

La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo. Lleva a cabo múltiples funciones fisiológicas, como la termorregulación y la exudación; al mismo tiempo es un medio de estimulación sexual. La piel es nuestra frontera material externa: a través de ella establecemos contacto con el entorno material que nos rodea. La piel refleja nuestra salud y estado orgánico interno, pero también por medio de ella mostramos algunas reacciones emocionales, evidentes para nosotros mismos y las personas que nos observan: el rostro se ruboriza al sentir vergüenza, palidece ante una fuerte impresión, la piel transpira cuando sentimos miedo o ansiedad, los vellos se erizan de emoción. Tales capacidades giran en torno a un tema común a nivel psíquico que oscila entre la separación y la cercanía, pues por medio de la piel establecemos contacto con otros individuos.

La teoría de las zonas erógenas, creada por Freud, considera que toda región perteneciente al revestimiento cutáneo-mucoso puede establecerse como zona erógena. Las zonas erógenas, por su parte, constituyen en el origen del desarrollo psicosexual los puntos de elección que determinan la interacción con el ambiente. Estos puntos exigen a la madre del pequeño toda su atención, cuidados y, por consiguiente, excitaciones.

Diferentes autores de la corriente psicoanalítica proponen que el psiquismo se desarrolla a partir de la primera relación entre el bebé y su madre, a través del contacto piel a piel. Para Winnicott, por ejemplo, uno de los fenómenos más tempranos que ocurren como parte del desarrollo emocional es el alojamiento de la psique en el cuerpo. La mente consigue “habitar el cuerpo” gracias a las experiencias suscitadas por las diferentes sensaciones que recibe la piel. El bebé podrá integrar sus componentes psíquicos y somáticos mediante la actitud de sostenimiento (holding) que le provea la madre. Esta función consiste no sólo en el acto literal de sujetar al pequeño contra su regazo, sino de hacerse cargo de sus emociones, satisfacer las necesidades físicas y emocionales, mientras se preocupa por evitarle las disrupciones del medio ambiente.

Siguiendo la línea trazada por Freud y Winnicott, Margaret Mahler planteó que la mente se desarrolla a partir de la relación con la madre que ocurre de manera paralela al desenvolvimiento psicomotor del bebé. La vida psíquica del niño comienza en una fase de “autismo” normal, en donde no tiene percepción de la existencia del otro. Posteriormente se crea una simbiosis madre-hijo, pues el bebé concibe a su madre como una extensión de sí mismo: juntos forman una especie de órbita que nutre y satisface sus demandas. Gradualmente, el pequeño deberá conseguir diferenciarse y separarse de aquella simbiosis para que le sea posible “nacer” psicológicamente como un ser individual, reconociendo la existencia separada de su madre, aunque no se encuentre junto a él. Todo este proceso tiene lugar durante los tres primeros años de vida del niño e, idealmente, culmina con la creación de una identidad propia. Pero, además, Mahler advierte que la simbiosis tiende a dejar un residuo de nostalgia, que impulsa al individuo a buscar otros objetos de amor, con quienes pueda recrear la unión perdida.

Otras teorías más recientes consideran que el apego en los seres humanos es un rasgo instintivo y se manifiesta durante la lactancia. El mamífero conjuga la proximidad materna con protección y seguridad. John Bowlby propone el concepto de “apego” para referirse a la disposición que tiene un niño o una persona mayor al buscar proximidad y contacto con otros individuos, sobre todo bajo ciertas circunstancias percibidas como adversas.

Las nociones teóricas mencionadas señalan que el papel de la madre es crucial para la regulación de la conducta psicosomática del bebé. Las fallas surgidas en el contacto con la madre, es decir, las carencias o los excesos, podrán desencadenar ansiedades muy intensas. Si tales emociones no logran ser toleradas y procesadas por la mente, posiblemente encuentren salida a través del cuerpo, dando origen a enfermedades psicosomáticas que frecuentemente se manifiestan en la piel como dermatitis, eccema, psoriasis, etc. Las personas que experimentan este tipo de padecimientos suelen enfrentarse a diversas dificultades en los procesos de simbolización, despliegan fantasías precarias y muestran problemas para expresar por medio de palabras aquello que viven internamente. El cuerpo se transforma en una vía para manifestar de manera directa lo que la voz calla.

Otros autores consideran que las fantasías inconscientes (“libretos” o argumentos que rigen nuestra vida mental) son las que se hallan detrás de las condiciones psicosomáticas, como expresión de un conflicto interno que posee aspectos agresivos y auto eróticos. El objetivo es entonces ayudar al paciente para que sea capaz de expresar sus conflictos a través de la palabra y no del cuerpo, intentando comprender dichas fantasías y los significados inconscientes que subyacen.

La psicoterapia psicoanalítica ha demostrado tener éxito en el tratamiento de pacientes con manifestaciones psicosomáticas en la piel, gracias al trabajo con las interpretaciones, el vínculo terapéutico y la receptividad del paciente. Dependiendo de cómo se entienda la etiología del problema y de la estructura mental del paciente –que es única para cada persona–, la técnica terapéutica pondrá un mayor énfasis en la interpretación de un conflicto, o bien, se abocará a generar un clima afectivo que permita al paciente resarcir por medio del vínculo con el analista la relación con las figuras parentales, que resultó limitada afectivamente en el pasado.

 

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La importancia de estudiar Psicopatología

Por Gabriela Turrent

Las actividades terapéuticas psicológicas requieren del estudio de la psicopatología, es decir, el conocimiento de los estados de enfermedad mental para poder elaborar diagnósticos y determinar estrategias de tratamiento adecuadas a las necesidades de cada paciente.

Los trastornos mentales son entidades complejas determinadas por factores biológicos, psíquicos y sociales. Su composición múltiple propicia que no existan límites claros entre lo que se considera normal y patológico y que no conozcamos el sustrato biológico de todos los padecimientos. Para lograr una profunda compresión de los padecimientos mentales, los métodos médicos de diagnóstico psiquiátrico son complementados con aportaciones de las diferentes escuelas del psicoanálisis y la psicología profunda.

Estudiar psicopatología clínica implica observar los signos y síntomas que conforman los distintos trastornos y adentrarse en la esencia de la enfermedad a través de perspectivas neurofisiológicas, genéticas, psicológicas y psicodinámicas, reconociendo que ninguna de estas miradas alcanza por sí misma para explicar la totalidad de los trastornos mentales. Este enfoque separa a la modernidad, con explicaciones basadas en una causa, del mundo postmoderno y de la complejidad, donde el objeto de estudio se investiga desde muchos ángulos de explicación posible.

Incorporar diferentes perspectivas al campo de la psicopatología puede ayudarnos a considerar que, además del sustrato físico determinado por el funcionamiento de los neurotransmisores, existen elementos relacionados con la organización de la personalidad, y el medio sociocultural.

Esta visión complementaria de la psicopatología permite pensar que un trastorno depresivo es mucho más que una categoría formada por un número determinado de síntomas, más bien, entenderlo como un tipo de organización mental que puede revelar falta de esperanza, auto exigencia y dificultad para encontrar satisfacciones en la vida. De tal modo, es posible comprender que, aunque este padecimiento suele estar asociado a deficiencias neurobiológicas, también puede ser desencadenado por situaciones que reviven experiencias infantiles traumáticas.

En el Diplomado en Psicopatología Psicoanalítica, que se impartirá en el Centro Eleia a partir de abril de este año, estudiaremos diagnósticos psiquiátricos como bipolaridad, los trastornos de ansiedad y de personalidad, describiendo clínicamente los signos y síntomas que los conforman e incorporaremos padecimientos de orden psicoanalítico: trastornos neuróticos, no neuróticos, de la sexualidad, del carácter, psicóticos, por citar algunos, intentando comprender la forma como los síntomas se inscriben en la estructura de la personalidad.

Revisaremos los diferentes cuadros psicopatológicos de la infancia, la adolescencia y la etapa adulta, en un clima de diálogo y respeto, reconociendo que mientras la psiquiatría y la neurobiología pueden ayudarnos a entender los aspectos fisiológicos y externos de los padecimientos mentales, el psicoanálisis puede dar cuenta de los procesos emocionales subyacentes.

A través de la lectura de una bibliografía actualizada y con ejemplos que aterricen la teoría en la práctica clínica, el Diplomado en Psicopatología Psicoanalítica facilitará que los participantes incorporen herramientas diagnósticas, como entrevistas, análisis de sueños, de juego con los niños y comprensión del vínculo transferencial, que pueden resultar muy útiles en el ámbito personal, laboral y educativo.

Aunque la psicopatología clínica puede aportar información muy valiosa sobre el estado mental y resulta indispensable tomarla en cuenta para iniciar un tratamiento psicoterapéutico, no alcanza a describir la complejidad humana. Las observaciones diagnósticas que se obtienen en los primeros encuentros con un paciente son provisionales, y actúan como hipótesis limitadas e insuficientes, que podrán ser desechadas o confirmadas a lo largo del tratamiento.

El Diplomado en Psicopatología Psicoanalítica puede resultar interesante para personas que se desempeñan en ambientes escolares o empresariales, pues es de gran utilidad para identificar estudiantes y trabajadores con trastornos que dificultan el desempeño y las relaciones con compañeros. A psicólogos y terapeutas que atienden pacientes de manera privada o institucional, puede beneficiarles adquirir herramientas conceptuales para realizar evaluaciones diagnósticas profundas. El conocimiento de la psicopatología permite diseñar estrategias de intervención para que, tomando en cuenta el tipo de síntomas y necesidades del paciente, pueda sugerirse psicoterapia, psicoanálisis o tratamientos en los que se combine la terapia con medicamentos psiquiátricos de apoyo y, del mismo modo, poder descartar aquellas personas que sólo deben tener tratamiento psiquiátrico, les conviene realizar terapias específicas (de psicopedagogía o de familia) o ser canalizados a instituciones especializadas en la atención de adicciones.

Coordinadoras del Diplomado:

Marcela Barruel y Gabriela Turrent.

 

Conoce el temario, profesores y más detalles en el siguiente enlace:  http://www.centroeleia.edu.mx/diplomado-psicopatologia-psicoanalitica

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Conflictos en la familia. Diagnósticos y tratamientos

Nota del Taller “Conflictos en la familia. Diagnóstico y tratamientos”

Por Marcela Villarreal Loor

El trabajo en psicoterapia busca explicar los conflictos desde diferentes marcos teóricos. Uno de ellos es la perspectiva psicodinámica, que toma en cuenta los impulsos que quieren ser satisfechos y las defensas que se les oponen. Algunas propuestas nos hablan del conflicto que vivimos los seres humanos entre el amor y el odio. Otras hipótesis apuntan a los ambientes o contextos que contribuyen al origen de las patologías.

Pero, dentro de la psicología clínica, ¿en qué momento cobra importancia el estudio de la familia? Este interés se desarrolló de la mano de las teorías de relaciones objetales, de la inclusión de nociones que consideran no solamente lo intrapsíquico, sino también los aspectos interpersonales. Sin embargo, el impulso más fuerte que recibió esta línea de investigación surgió del trabajo desarrollado en Estados Unidos durante los años sesenta con el enfoque de la teoría de sistemas. Diferentes escuelas surgieron a partir de esta época para explicar desde otras perspectivas los conflictos personales, conectando los síntomas con los diversos sistemas a los que pertenece el individuo.

Este taller tiene como objetivo revisar una amplia gama de problemas a la luz de las relaciones familiares, observar todo aquello que concierne al diagnóstico y al tratamiento, aproximándonos a las dificultades familiares desde una perspectiva compleja.

La teoría sistémica ha sido por muchos años la piedra angular de la terapia familiar, pero no es el único marco teórico disponible para explicar las emociones y los conflictos que se presentan en la familia. La complejidad hoy en día invita a mirar un objeto de estudio desde diferentes perspectivas. El abordaje puede ir de lo individual a lo familiar o al estudio de pareja, tomando en cuenta diferentes contextos.

En el trabajo clínico, los terapeutas tratan de conocer las causas del problema e intervienen en aquello que consideran que debe modificarse para solucionarlo. Por ejemplo, en el caso de las familias, es importante marcar fronteras claras entre los diferentes subsistemas, es decir, el lugar que ocupan los hijos con relación a sus padres o la familia extensa (abuelos y otros parientes) frente a la familia nuclear (una pareja con sus hijos). Nos ocupamos de la organización de jerarquías, las triangulaciones y los grados de diferenciación en la familia; trabajamos con los duelos no resueltos, las lealtades generacionales y muchos otros puntos de intervención.

Ante la demanda que se da en el consultorio de alguien que presenta una conducta problemática, un estado mental que genera sufrimiento o el deseo de un cambio, el terapeuta tiene que decidir desde dónde lo abordará. Para ello, un elemento central es la evaluación y el diagnóstico, pues, a partir de estos podrá pensar en el tipo de tratamiento o la intervención más adecuada para el caso. La evaluación y el diagnóstico varían de acuerdo al modelo teórico que el terapeuta maneje. Puede ser que el diagnóstico tome como base el DSM, lo que es frecuente dentro del mundo de la psiquiatría, o bien, puede estar centrado en otros tipos de evaluación donde se valoren los puntos fuertes y los distintos recursos de la persona. Mucho se ha insistido en distinguir entre lo saludable y lo patológico, entre estados mentales de bienestar o de sufrimiento. Algunos enfoques de terapia familiar evitan expresiones que aluden a la enfermedad y tratan de emplear palabras o metáforas que evoquen la presencia de recursos, competencias y autonomía.

En la actualidad, las ideas de diagnóstico y terapia van de la mano, pero la forma en que se evalúan los conflictos varía de acuerdo a los modelos terapéuticos. Por ejemplo, la escuela de terapia familiar de Milán considera que el diagnóstico es una propuesta en evolución, pues parte de las hipótesis formuladas y va cambiando conforme el proceso terapéutico avanza. La corriente estructural resalta la importancia de determinados pasos a evaluar para poder generar hipótesis que muestren los objetivos del tratamiento. Se observan las interacciones que mantienen el síntoma, la historia de la familia de origen de los padres, los recursos y las posibilidades de cambio, procurando señalar las áreas de intervención.

Una de las perspectivas para abordar los conflictos es el tratamiento con enfoque sistémico familiar. Lo sistémico plantea que las dificultades de un individuo no están aisladas ni son producto de un estado mental interno solamente. El problema se estudia de acuerdo al contexto en el que está ocurriendo; el foco se orienta a las conexiones y relaciones, más que a las características individuales. El concepto de totalidad señala que el individuo forma parte de una familia, una unidad con características únicas que se organiza de cierta forma; las interacciones dentro de ella afectan a todos los elementos del sistema, incluyendo al sujeto. Esto no quiere decir que en el trabajo con la familia se olvide al individuo; la persona es tomada en cuenta con sus características particulares, pero la atención parte de los vínculos que se establecen en la familia y su forma de organización.

La familia va pasando por diferentes etapas evolutivas, como: la llegada de los hijos, la organización con hijos pequeños o adolescentes, la partida de los hijos por diferentes motivos, ya sean profesionales o personales. Cuando aparece un síntoma en alguno de los miembros, el interés se centra en entender qué función ejerce esa conducta en el funcionamiento total de la familia. El terapeuta se pregunta si en realidad es algo que ayuda al grupo a mantener un equilibrio o es una forma de comunicar la necesidad de un cambio. Más que buscar la causa del síntoma, la intención es comprender el significado que esta conducta ejerce en función de otros. Existen situaciones que pueden ser tolerables y necesarias para desviar las tensiones en la familia, pero cuando un conflicto provoca una presión insoportable para el sistema, entonces la familia busca ayuda terapéutica.

Existen múltiples causas que dan origen a los síntomas, por ejemplo, dificultades económicas, problemas para encontrar empleo, migraciones que implican la separación de vínculos importantes, ya sea externos o al interior de la familia, etc. Todo esto puede generar estados depresivos pasajeros u otros que persistan e, incluso, se agudicen, aunque los factores que lo desencadenaron hayan desaparecido.

Es aquí donde el abordaje terapéutico desde la complejidad cobra relevancia. ¿Qué es lo que mantiene al síntoma? Desde la terapia familiar, una de las tareas centrales es conectar la situación con el sistema, es decir, determinar qué función tiene ese síntoma para todos los demás, quién ayuda a mantenerlo y con qué base se sostiene. Esto es importante porque la premisa con la que algunas personas llegan a consulta, principalmente en el caso de niños pequeños, es: “A mi hijo le pasa algo, cúrelo”. Nociones como esta tienen que ser redefinidas en términos que impliquen que el síntoma no se genera por una situación aislada del sistema, sino que se encuentra sostenida por una serie de actitudes, supuestos básicos, prejuicios, creencias, expectativas, que fueron aportadas por cada uno de los padres a partir de su familia de origen.

En este taller hablaremos de los marcos teóricos que fundamentan la terapia familiar, del significado de los síntomas, de la importancia del diagnóstico y de las diferentes intervenciones que se realizan durante el proceso terapéutico, las cuales pueden funcionar desde diferentes niveles y enfoques; esto permite trabajar en un marco de mayor complejidad.

Fechas en las que llevará a cabo el taller:

Sábado 12 de marzo 2016

Sábado 19 de marzo 2016

10:00 a 13:00 hrs.

Inscríbete al taller en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/conflictos-en-la-familia

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¿Cómo lidiamos con el dolor?

Por Mariana Castillo López

En la práctica clínica nos topamos de continuo con el fenómeno de la pérdida y el duelo. Por tal razón, no es casual encontrar un gran desarrollo teórico en cuanto a estos temas.

La investigación psicoanalítica parte de Freud, quien en 1915 publica Duelo y melancolía, en donde da cuenta de la forma en que respondemos a la ausencia, además de hacer énfasis en que los seres humanos perdemos todo el tiempo. La situación que se presenta en el consultorio clínico ha llevado a buscar en los modelos teóricos el apoyo que nos dé luz al respecto. En la experiencia diaria, fuera del consultorio, nos enfrentamos a pérdidas continuas, las cuales, en ocasiones, tienen un eco inconsciente, por ejemplo, cuando no estamos muy seguros de por qué experimentamos un dolor tan intenso al desprendernos de cosas que pensamos no tendrían el peso para producir tal efecto.

En la vida cotidiana, la muerte de seres queridos, el fin de relaciones de amistad o amorosas, el cierre de ciclos educativos e incluso el fracaso en proyectos o dificultades en la construcción de metas, pueden llevarnos a experimentar aquel tipo de sensaciones que Klein describe con vehemencia en su trabajo, denominándolas “ansiedades depresivas”.

Es bien sabido que nadie reacciona de la misma forma ante la ausencia. Pensemos, por ejemplo, en un velorio: tal vez allí encontremos a un grupo de personas que hacen bromas y ríen a carcajadas, mientras otros los miran pensando que eso está fuera de lugar. No será extraño ver a alguna persona que llora desesperadamente, dando gritos de dolor e inculpándose por la muerte: “Si lo hubiera cuidado más, si tan solo hubiera estado más tiempo con él, ha sido mi culpa”. Incluso, es posible que alguien más parezca un muerto en vida, sin que nada sea suficientemente bueno o emocionante para sus ojos, que todas sus experiencias se vean ennegrecidas y que se sienta la peor persona en el mundo, creyéndose merecedor de todas las cosas terribles que le suceden.

En el ejemplo anterior, por más contradictorias y alejadas que parezcan las respuestas de cada personaje, hay una constante: el dolor se muestra en todos los casos y cada una de las reacciones se encuentra ligada a una forma de defenderse de él. Si algo coincide, es la tendencia a evitar, a toda costa, el dolor psíquico. Es lo que tratamos de hacer todo el tiempo, porque en verdad es muy doloroso.

Las valiosas contribuciones de Melanie Klein (1935, 1940) nos han permitido adentrarnos en el mundo de la fantasía inconsciente, donde encontramos una serie de personajes que a cada momento escenifican cuadros conformados por varios elementos. La autora estructura su modelo, básicamente, en dos posiciones. De lo que se trata es de la descripción de dos estados mentales, formas predominantes como tendemos a funcionar o ver el mundo, durante determinados momentos. Klein las denomina “posición esquizoparanoide” y “posición depresiva”; cada una de ellas se caracteriza por el uso de mecanismos de defensa específicos, un tipo de ansiedad predominante y una manera determinada de relacionarse. La autora observa clínicamente un constante vaivén entre las dos posiciones, lo cual significa que todos pasamos de una a otra, siempre con la finalidad de lidiar con la ansiedad.

En la posición esquizoparanoide el mundo es dividido en dos aspectos que no pueden mezclarse: lo bueno es separado de lo malo, por lo que el sujeto tiende a pensar que todo lo hostil se encuentra en los demás, mientras que él posee todo lo bueno. Esto produce la sensación de estar en un mundo inseguro, los otros son experimentados como peligrosos. La ansiedad persecutoria se refiere a cómo el sujeto siente que debe protegerse de las agresiones de los otros, viviéndose a sí mismo como completamente inocente. Es importante comprender por qué para Klein esta división del mundo interno permite ir acomodando las cosas y mantener lejos nuestros aspectos desagradables y agresivos. Es común la sensación de que los otros nos desean el mal o que tienen la intención de dañarnos. Para Klein, dicho temor procede de nuestra propia agresión colocada en alguien más. En este modo de pensamiento no todo es negativo; así como hay personajes muy malos, también se encuentran otros muy buenos, con los que nos aliamos para sobrevivir.

La idea es que, poco a poco, mientras va avanzando el desarrollo, él bebé empieza a experimentar a los que le rodean como buenos y malos. Su angustia se calma al comprender poco a poco que los demás no son del todo buenos ni malos; comienza a vivir en un mundo mucho menos peligroso, pero que ahora lo enfrentará con nuevas situaciones que producen otro tipo de ansiedad. Este estado mental es nombrado “posición depresiva”. Se alcanza cuando nos es posible percatarnos de que el objeto, al cual amamos, es el mismo al que, en otros momentos, hemos atacado. Por ejemplo, ser mal agradecido con los padres implica, en cierta forma, atacar a alguien a quien amamos profundamente. Este momento produce mucho dolor, porque lleva a pensar en las consecuencias de nuestra hostilidad y a responsabilizarnos de ella. Lo que se experimenta es culpa, sentimiento cotidiano con el que se pueden hacer dos cosas: tolerarlo y hacer algo para reparar el daño o poner en marcha mecanismos para no sentirlo.

Volviendo al ejemplo del velorio, las defensas maniacas –de las que nos ocuparemos ahora– están ejemplificadas en el primer grupo, aquellos que en un momento de dolor reaccionan mediante una defensa de la que se sirven para minimizar el dolor de la pérdida; la experiencia dolorosa queda eclipsada por una sensación omnipotente, de mucho poder, en donde se siente que lo perdido es poco importante: “¿Para qué llorar, si se puede reír?, de todas formas no era tan importante para mí”. El objeto perdido es disminuido, no hay motivo de dolor si lo que perdemos era poca cosa. Pero para que esto funcione, el yo tiene que sentir que no pierde porque él posee todo lo bueno, es una defensa.

Recordemos que ya Freud encontró en Duelo y melancolía (1915) una relación íntima e inseparable entre la pérdida y la manía. No debemos olvidar que son procesos de carácter inconsciente, del mismo modo como ocurre con el segundo personaje, aquel que se culpa y el dolor por la pérdida lo inunda. Esta persona experimenta ansiedades depresivas por no haber cuidado al objeto de su propio sadismo. Ahora que está perdido, aparece culpa y tal vez la necesidad de reparar el daño. Por ejemplo, si el finado fallece de alguna enfermedad terminal, una defensa reparatoria sería crear una fundación en la que con su nombre se ayude a enfermos que sufren de la misma dolencia.

Por último, es preciso hablar de un fenómeno descrito por Freud y que, posteriormente, Klein retomó haciendo importantes aportaciones en relación con lo que sucede cuando el proceso de duelo se complica. Es importante decir que para la autora, basada en el concepto freudiano de dualidad entre la pulsión de vida y la pulsión de muerte, todo ser nace con un monto de agresividad y sadismo que marcará la forma como se relaciona con sus objetos. Si esta hostilidad es muy fuerte, los objetos quedarán destruidos y la bondad, opacada, no le servirá para tener buenos vínculos con otros. Si pensamos en el tercer personaje que experimenta toda una vida de dolor, que pareciera tener un velo que obscurece cada una de sus experiencias, vemos una respuesta ante la pérdida en la que lo hostil toma el centro.

Para concluir, intentaré describir lo que ocurre en la mente del melancólico, pues de acuerdo con lo anterior, la hostilidad y los objetos destruidos sádicamente se apoderan de todo el cuadro, dando como resultado un ataque de igual dimensión hacia el yo. Es como si se tratara de una película de terror, los personajes que habitan la mente son malignos, sádicos y persiguen al bueno de la historia, el cual es como un niño pequeño, asustado y que siempre termina acorralado por los monstruos. El terror que se experimenta tiene que ver con las escasas posibilidades de sobrevivir a la desolación que implica el poner fuera todo lo bueno, quedando en su interior lo malo y desagradable. Esto es frecuente en aquellos que tienden a reprocharse continuamente, que se juzgan muy duramente y que, como se mencionó, parecen tener una imagen de sí mismos en la que creen merecer todo lo malo que les pasa.

La pérdida y el dolor se presentan invariablemente en la vida, pero la forma en que los enfrentamos adquiere múltiples matices que fueron observados y abordados teóricamente por autores como Freud y Klein. Sus propuestas representan una brújula para la comprensión profunda de los fenómenos que nos habitan. En la clínica psicoanalítica son un motivo de consulta recurrente. El conocer de estos temas nos acerca a la comprensión de algo tan humano como lo es nuestro propio dolor.

Referencias:

– Abraham, K. (1911). “Contribuciones a la teoría del carácter anal”. En, Psicoanálisis clínico. Buenos Aires: Hormé, 1980.

– Abraham, K. (1924). “Un breve estudio de la evolución de la libido considerada a la luz de los estados mentales”. En, Psicoanálisis clínico. Buenos Aires: Hormé, 1980.

– Etchegoyen, H. y Minuchin, L. (2014). Melanie Klein: Seminarios de introducción a su obra. Buenos Aires: Beibel.

– Freud, S. (1917). “Duelo y melancolía”. En, Obras completas, tomo 14. Buenos Aires: Amorrortu, 2007.

– Freud, S. (1915) “Pulsiones y destinos de pulsión”. En, Obras completas, tomo 14. Buenos Aires: Amorrortu, 2007.

– Klein, M. (1935). “Contribución a la psicogénesis de los estados maniaco-depresivos”. En, Obras completas. Amor, culpa y reparación. Buenos Aires: Paidós, 1975.

– Klein, M. (1940). “El duelo y su relación con los estados maniaco-depresivos”. En, Obras completas. Amor, culpa y reparación. Buenos Aires: Paidós, 1975.

Ni neurosis ni psicosis: un nuevo modelo específico para los casos límite pensado por André Green a partir de Freud

Por Yolanda del Valle

En este taller presento un modelo contemporáneo para trabajar con los casos límite, que son ahora tan frecuentes como difíciles de tratar. André Green lo desarrolló a lo largo de su obra siguiendo fielmente a Freud, al tiempo que iba recogiendo las contribuciones de los posfreudianos que fueran consistentes con la propuesta freudiana.

Se trata de un modelo que articula dos ejes: el intrapsíquico y el interpersonal, porque considera la importancia central del objeto en la formación del psiquismo. Esto nos permite observar la forma en que el conflicto con las propias pulsiones se complica porque se le suma el conflicto con las pulsiones del otro con quien se interactúa (problema característico de los trastornos límite). Para abordarlo, el autor considera tanto a ese otro y su carga pulsional, como al conjunto de lo intrapsíquico en general, especialmente a los objetos primarios, la sexualidad, el narcisismo y las pulsiones.

Esta investigación busca poner al día la metapsicología, la clínica y la técnica para dicho fin y nos brinda elementos para pensar las diferencias en el trabajo con el paciente neurótico y el que se desarrolla con el paciente límite. ¿Cómo funciona la mente en cada caso? ¿Cuál es el contraste de su relación con nosotros como analistas suyos, cuando se trata de uno o del otro? ¿Qué hacer y qué no hacer durante el tratamiento?

Buscando contestar estas preguntas, presentaré el modelo específico que propone Green para los casos límite, sus aspectos metapsicológicos, casos clínicos que permitan ver la diversidad de manifestaciones de esta problemática y las técnicas para favorecer el trabajo en el consultorio, destacando la importancia del encuadre interno del analista.

La oportunidad que me concede el Centro Eleia para compartir este trabajo en un taller especializado es una experiencia muy gratificante que agradezco.

 

Conoce las fechas en que se impartirá este taller, en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-especializado-yolanda-del-valle

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Teorías actuales sobre la mente. Variantes de la identificación proyectiva. Relaciones íntimas y sociales.

Por Marta Puig

La identificación es un proceso complejo y fundamental en la estructuración de la personalidad. En este taller haremos una discriminación metapsicológica de las distintas modalidades de identificación y sus consecuencias para la identidad y la vida mental de una persona.

Revisaremos este concepto desde los distintos modelos de la mente, principalmente a partir de las teorías que dan importancia a las relaciones de objeto tempranas y a la construcción del pensamiento a través de la identificación con un objeto que cumple esta función y permite que dentro de la mente se cree un aparato propio para pensar.

Todo ser humano posee diferentes partes de la personalidad, ya que el self o sí mismo se relaciona dentro de la mente con distintos objetos, que en psicoanálisis llamamos objetos internos. Cuando un “personaje” toma el control de la mente, es como si el self quedara por un momento identificado con esa figura y pareciera que la persona funciona de acuerdo al criterio de ese personaje. Esto quiere decir que nuestra identidad no es estable, sino dinámica y cambiante. Nuestros pensamientos, sentimientos y comportamiento se van modificando de acuerdo con lo que está pasando en el interior de la mente y con quién nos identificamos.

Podemos decir que hay estratos o áreas infantiles que coexisten con aspectos adultos o maduros de la personalidad, que no tienen que ver con la edad cronológica, sino con distintas modalidades de funcionamiento emocional. Estos estados mentales son universales y cada personaje tiene su propio sistema de valores. La parte infantil está dominada por los celos, el egocentrismo, la rivalidad y el amor propio, en contraste con el desarrollo, que se genera en la mente a partir de las identificaciones introyectivas, es decir, por una asimilación progresiva de las cualidades y las funciones de los objetos internos amados y admirados.

Abordaremos estos fenómenos con ejemplos clínicos, tanto en la intimidad de la sesión como en situaciones de la vida cotidiana. Daremos ejemplos de sueños y manifestaciones semejantes que permitirán vislumbrar el complejo proceso de las identificaciones y explorar los estados mentales. El psicoanálisis es un método que permite entrar en contacto con los aspectos profundos y verdaderos de la identidad, al comprender cuáles son los objetos internos que predominan y se apoderan del carácter y de la personalidad en el funcionamiento cotidiano, así como en la relación transferencial.

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Aportaciones de nuestros alumnos: Validez ecológica del TDAH en Psicología

Por Alejandro Monterrosas

Desde que Wilhelm Wundt desarrolló el primer laboratorio de psicología experimental en Leipzig, Alemania, en 1879, se empezaron a proponer diversos constructos y teorías que necesitaban de un ambiente estrictamente controlado para poder ser puestas a prueba. La gran variedad de experimentos llevados a cabo en laboratorios ayudaron a los investigadores a conocer y entender procesos normales y patológicos, tanto del desarrollo de habilidades como de conductas y formas de interacción social.

En la investigación de procesos cognitivos, llevar sujetos a ambientes con situaciones y estímulos controlados ayudaba a los investigadores a aislar procesos individuales para su mejor análisis y entendimiento. Asimismo, se intentaba excluir cualquier variable extraña que pudiera interferir en el desempeño del individuo, afectando los resultados.

Durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, la investigación neurológica y neuropsicológica tuvo su primer auge al estudiar a sobrevivientes de guerra con lesiones a nivel cerebral. Así fue como comenzó en las décadas de los 40 y 50 la observación de la relación cerebro-conducta, junto con el desarrollo y lanzamiento de las primeras baterías que medían, localizaban y cuantificaban los efectos secundarios de las lesiones neurológicas.

El desarrollo de estas y otras pruebas dentro de la psicología fue posible gracias a la identificación de procesos cognitivos individuales, primero en pacientes con afectaciones neurológicas, para luego pasar al estudio en pacientes sanos, con ambientes aislados, controlados y estructurados para evitar la interferencia o contaminación con otros procesos mentales no dañados o no relacionados.

A finales de los 50, diversos investigadores comenzaron a discutir un problema que se presentaba al medir, cuantificar y describir ciertos procesos dentro de un laboratorio, pues era posible que este ambiente controlado no se relacionara en lo más mínimo al ambiente social o familiar en el que el individuo se desarrollaba e interactuaba de manera cotidiana. A esta cualidad de representar dentro de un laboratorio o en una prueba, lo más fielmente posible, las capacidades que las personas utilizan en su vida, se le llamó validez ecológica. En su estudio, Bombin-González y colaboradores (2014) consideran que la fragmentación de los procesos mentales complejos para el análisis de procesos más sencillos implica una gran pérdida de valiosa información.

Pese a que todavía no hay un consenso claro sobre la definición y la aplicación de la validez ecológica, tanto en psicología como en neuropsicología, diversos autores coinciden en la necesidad de crear pruebas y demostrar constructos que sean representativos de la vida del sujeto. Esto ayudaría a generalizar los resultados que se observan en el laboratorio y predecir de manera fiel la conducta que tendrá la persona en su vida diaria. En palabras de Brofenbrenner, se trata de: “Mantener la integridad de las situaciones de la vida real en el contexto experimental, sin dejar de serle fiel al contexto social y cultural” (1977: 516).

En el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se ha encontrado evidencia de un déficit en determinadas funciones que controlan, modulan y organizan nuestra conducta para orientarla a un fin concreto. Este conjunto de habilidades son llamadas Funciones ejecutivas. No obstante, se ha empezado a cuestionar la validez ecológica de las diversas pruebas con las que se valora este déficit en el funcionamiento ejecutivo. El objetivo es saber si tales pruebas realmente están arrojando resultados confiables sobre las capacidades que los pacientes usan todos los días para llevar a cabo sus tareas cotidianas.

En ocasiones, las pruebas diseñadas bajo procesos teóricos resultan con poca correspondencia para la realidad clínica del paciente. Un ejemplo son los test de resolución de problemas que plantean tareas que frecuentemente no tienen que ver con las actividades cotidianas de los pacientes. La importancia del impacto que tiene la disfunción en el entorno cotidiano del paciente supone una especial importancia para el diseño de estrategias de intervención y rehabilitación.

Para García-Molina, Tirapu-Ustárroz y Roing-Rovira (2007), en neuropsicología la validez ecológica está relacionada con la capacidad de una prueba para predecir el desempeño de un paciente en su vida diaria con base en los resultados obtenidos en los test. A comparación del ambiente en un laboratorio, en la vida diaria lo sujetos se suelen enfrentar a tareas no estructuradas, abstractas y espontáneas, por lo que las pruebas no estarían mostrando el mismo grado de disfunción que el paciente enfrenta día con día.

Teniendo en cuenta la validez ecológica, Gioia, Isquith, Guy y Kenwonthy (2000) desarrollaron el Inventario Breve de Conductas de Funciones Ejecutivas (BRIEF, por sus siglas en inglés), que es un cuestionario auto aplicable y que puede ser contestado en 20 minutos. Tiene una versión para niños en edades de 5 a 18 años y son los padres o maestros los que deben responder las preguntas. La segunda versión es para adultos y puede contestarlo el mismo paciente.

La importancia del BRIEF radica en que sus preguntas ayudan a documentar una serie de conductas que el niño no podría exhibir dentro de un consultorio u oficina. Además, estas conductas son difíciles de plasmar en una “evaluación a lápiz y papel” (Gioia et al., 2000: 3), por lo que la valoración de dominios específicos de las funciones ejecutivas debió ser llevada a ambientes comunes para el niño y en lugares donde la presencia de un evaluador en un ambiente estrictamente controlado pudiera afectar su motivación.

Con preguntas específicas como: “¿El niño tiene problemas al esperar su turno?”, “¿necesita ser vigilado de cerca?”, “¿es impulsivo?”, “¿tiene problemas concentrándose en los quehaceres, trabajos de la escuela, etc.?”, “¿necesita la ayuda de un adulto para continuar una tarea?”, “¿cuándo se le dan 3 cosas para hacer, recuerda solo la primera o la última?”, se puede conocer el desempeño del niño en 8 dominios diferentes de las funciones ejecutivas.

Un problema que suele estar relacionado al uso del BRIEF es la manera en la que es resuelto. En ocasiones, la visión de la conducta del niño puede verse afectada por sesgos o distorsiones en los padres o maestros, haciendo que se exagere (intencionalmente o no) la gravedad o la frecuencia de los síntomas que los niños presentan. No obstante, el BRIEF ha sido bien aceptado por los especialistas y su efectividad ha sido corroborada múltiples veces. Este instrumento también es usado para ayudar a desarrollar nuevos experimentos que tomen en cuenta la validez ecológica de las funciones ejecutivas en el TDAH (Monterrosas, s.f.).

Referencias

– Ardilla, A. & Roselli, M. (2007). Neurosicología clínica. México: Manual Moderno.

– Bombin-González, I., Cifuentes-Rodríguez, A., Climent-Martínez, G., Luna-Lario, P., Cardas-Ibáñez, J., Tirapu-Ustárroz, J., et al. (2014). Validez ecológica y entornos multitarea en la evaluación de las funciones ejecutivas. Revista de Neurología, 59(2): 77-87.

– Brofenbrenner, U. (1977). Toward an experimental ecological of human development. American Psychologist, 32: 513-531.

– García-Molina, A., Tirapu-Ustárroz, J., & Roing-Rovira, T. (2007). Validez ecológica en la exploración de las funciones ejecutivas. Anales de psicología, 23(2): 289-299.

– Gioia, G.A., Isquith, P.K., Guy, S.C. & Kenwonthy, L. (2000). Behavior Rating Inventory of Executive Function: Professional Manual. Florida: Psychological Assessment Resources, Inc.

– Monterrosas, A. (s.f.). Conducta de búsqueda, una prueba ecológica para funciones ejecutivas en el TDAH. [Tesis de licenciatura no publicada] México: Centro Eleia.

 

 

 

 

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¿Qué se obtiene con el psicoanálisis?

Dr. Norberto Bleichmar

El psicoanálisis es una de las creaciones intelectuales más importantes del ser humano. Nació a finales del siglo XIX, gracias al genio de Freud, y se desarrolló incesantemente desde ese entonces.

Me interesa comentar algunos puntos sobre su enfoque de la mente humana, qué lo diferencia de otras terapias y qué puede esperarse en cuanto a los cambios de la personalidad. Las ideas básicas del psicoanálisis son:

  • Conocemos conscientemente una parte de nuestra vida mental y emocional. Hay otra, inconsciente, a la que podemos acceder a través de los sueños, los errores al hablar, las equivocaciones en conductas, los chistes y los síntomas. A este grupo de fenómenos se los ha llamado: formaciones del inconciente.
  • Todo ser humano tiene una “federación de almas”, o sea, partes distintas de la personalidad que coexisten; a veces predominan unas y, por momentos, otras que no son las mismas. En realidad, la salud mental depende, en buena medida, de la parte de la mente que tiene el “comando” de la personalidad, idea que propuso el psicoanalista Donald Meltzer.
  • Nadie es “cien por ciento” adulto, tenemos conductas adultas y otras que vienen de la infancia, como los celos, la envidia o el amor propio, al que llamamos narcisismo.
  • La realidad psíquica es diferente a la “realidad material”, a la ficción que vemos en el mundo. Construimos una imagen del mundo desde la subjetividad de nuestra realidad psíquica. Si alguien está eufórico puede ver al mundo o las personas como maravillosas, si está deprimido puede ver un mundo gris y vacío o poco interesante y poco vital.

La base de la terapia psicoanalítica es muy diferente en cuanto al método y los objetivos de otras terapias. En mi opinión, es la mejor y más profunda manera de entender quién es uno y cuáles son los conflictos que padece, al mismo tiempo que buscamos resolverlos. Las otras terapias no van al fondo de la personalidad, ni al inconciente, ni a las fantasías, sino al sentido común, al apoyo emocional o a las indicaciones y recomendaciones de qué hacer en la vida; utilizan la influencia del terapeuta (sugestión de transferencia).

El psicoanálisis obtiene resultados que van más allá de quitar síntomas –eso no es malo, pero es limitado–. Un objetivo más ambicioso es cambiar todo lo que se pueda de la parte neurótica del carácter.

Varios obstáculos conspiran contra una investigación profunda de la mente. Algunos son internos, es decir, propios del paciente, que evita comprender realmente y en profundidad su mente. Otros pueden ser de naturaleza externa; por ejemplo, la cultura y los psicofármacos o los seguros médicos buscan economía de tiempo y dinero, y producen en el sujeto una mejoría de humor o de ciertos síntomas, pero también lo llevan a la repetición indefinida de ellos y a una vida supuestamente adaptada, pero poco profunda emocionalmente y poco creativa. En estos casos, además, el malestar tiende a persistir por un camino u otro.

Una terapia psicoanalítica puede cambiar en gran medida nuestra parte neurótica del carácter. Sin embargo, hay que saber que el punto de llegada depende del de partida. Personas muy conflictivas o con traumas muy severos en su vida pueden mejorar mucho, pero siempre tendrán áreas de sufrimiento. Personas que comienzan un psicoanálisis con mayor salud mental, lógicamente, obtendrán un resultado más positivo y completo.

Creo que las terapias no psicoanalíticas son pobres en sus resultados, aunque pueden ser más cómodas. Sucede igual que con el exceso de medicación que se realiza en niños con problemas de aprendizaje; se los medica en demasía, tanto en la cantidad de medicamentos como en el tiempo durante el cual se los administran. No se exploran los conflictos infantiles, los celos, los problemas de familia, las ansiedades de la infancia, sino que se quiere “tapar” todo esto con pastillas o con medidas pseudopedagógicas.

Actualmente hay varias teorías dentro del psicoanálisis. Con todas ellas se pueden obtener buenos resultados terapéuticos, aunque ellos dependerán, como cualquier logro en la vida o en una profesión, de dos factores: el primero, que alguien esté dispuesto a invertir tiempo y energía para realizarlo; el segundo, que quien aplique la terapia se haya entrenado adecuadamente y tenga un nivel razonable de salud mental. Así como la crianza de niños saludables depende de la salud mental de la madre y de sus emociones y, en menor grado, del entorno social o económico, del mismo modo sucede con el psicoanálisis.

El psicoanálisis es muy adecuado como terapia para los problemas de carácter, las neurosis y los conflictos con la sexualidad o con adicciones no muy graves. No es el tratamiento de elección para individuos severamente enfermos, como psicóticos, adictos graves o aquellos seres humanos con alteraciones profundas de la ética social (delincuentes, sociópatas, criminales). Estas personas obtendrán mayores beneficios de la atención psiquiátrica, comunitaria, los medicamentos y otros tratamientos.

El psicoanálisis siempre encontró opositores, sobre todo en una época temprana por considerarlo demasiado sexualista. En la actualidad esto ocurre por otros motivos: hay fuertes inclinaciones a aceptar convenciones sociales sobre la sexualidad o la vida emocional, a empobrecerla con criterios de éxito o dinero, a suponer que invertir tiempo y dinero en cambiar nuestra realidad psíquica no vale tanto la pena y que es preferible lo inmediato. Pero al final se pagan las consecuencias de esas opciones, ya sea en las relaciones, en la angustia o en la mayor incidencia de enfermedades físicas en aquellas personas que no desean saber nada de lo que hay y ocurre dentro de su psiquismo.

Es inestimable lo que puede dar un psicoanálisis o una psicoterapia psicoanalítica, en cuanto a los cambios que produce dentro de la mente y la personalidad.