Archivos mensuales: agosto 2015

foto_blog_nota_diplomado_angustia

Angustia, depresión, neurosis. Tratamientos y experiencias clínicas

Por Jorge Salazar

El término neurosis tiene dos acepciones en psicoanálisis. Una, metapsicológica (teoría psicoanalítica de la mente), designa un modo específico de organización de la estructura de la personalidad que difiere de los modos perverso y psicótico. La otra, taxonómica (clasificación de las enfermedades), describe una forma sindromática de padecimientos que, no obstante las diferencias entre ellos, constituyen una unidad clínica distinguible de los desórdenes no neuróticos. Ambas acepciones se relacionan estrechamente entre sí pues se considera que las diversas formas clínicas neuróticas derivan de la organización neurótica de la personalidad. Lo mismo podría decirse de los trastornos perversos y psicóticos ya que éstos tendrían un núcleo perverso o psicótico predominante en su organización psíquica.

Sin embargo, aunque el punto de vista anterior es cierto en lo general, tiene el inconveniente de que su aplicación dogmática simplifica en demasía su utilidad en la clínica, pues desconoce las formas mixtas bajo las cuales también se presentan las afecciones psíquicas que, de hecho —podríamos afirmarlo—, han sido desde siempre el modo de expresión más frecuente en la práctica. De cualquier manera, previniendo lo anterior, el psicoanalista puede beneficiarse del enfoque estructural para el mejor reconocimiento de cada caso en particular y determinar sus posibilidades terapéuticas. Más aún, su mayor utilidad reside en que le permite descubrir aquellos casos en los que la sintomatología neurótica enmascara otras afecciones más severas, precisamente como las psicosis o los trastornos limítrofes de personalidad. Como el nivel estructural tiene mayor relevancia sobre el nivel sindromático, el diagnóstico de aquel determina el curso y las vicisitudes del proceso psicoanalítico. De este modo se deslindan dos niveles de teorización y de acercamiento a la clínica con la complejidad que le es de suyo a esta.

El aspecto taxonómico es descriptivo o fenoménico (descripción de hechos observables o sintomáticos) y, por lo mismo, constituye el primer nivel al que el psicoanalista se aproxima en las entrevistas iniciales con el paciente. El nivel metapsicológico, en cambio, es inferencial o teórico y consiste en un acomodo de los datos clínicos obtenidos en las entrevistas iniciales, en la noción preestablecida de estructura de personalidad. Durante las entrevistas, el psicoanalista oscila entre ambos niveles identificando, por un lado, los diversos síntomas que configuran el cuadro clínico y, por el otro, las características de personalidad del paciente que gradualmente —otras veces, intempestivamente— se van revelando a través del vínculo y el contacto emocional. La integración de los niveles sindromático y metapsicológico dan cuenta, pues, de un diagnóstico más global del paciente en el que no sólo sus síntomas sino la personalidad en su conjunto son considerados para predecir las posibles incidencias en el proceso terapéutico y llevar a buen puerto la cura analítica.

Entonces, las neurosis son diversas formas sindromáticas conocidas que, como la histeria, las obsesiones y las fobias, expresan un conflicto psíquico originado por una psicodinámica específica que fue descubierta por Freud y esclarecida mediante conceptos metapsicológicos. Debido a ello, las neurosis constituyeron el campo clínico privilegiado para la investigación psicoanalítica desde los albores de su obra, así como para la aplicación del psicoanálisis como método psicoterapéutico. En efecto, la experiencia clínica acumulada durante décadas nos permite afirmar que el psicoanálisis continúa siendo el método más idóneo para el tratamiento de las neurosis y las caracteropatías afines a ellas.

Lo anterior es así en virtud de que, desde el punto de vista metapsicológico, la estructura neurótica de personalidad es aquella que logra un mayor grado de organización y desarrollo psíquicos. El self neurótico se encuentra más cohesionado, mejor integrado y, en su interior, sus componentes mantienen una relación comunicativa entre sí y con el mundo externo. En esta estructura predomina una economía libidinal genital o edípica que posibilita, a su vez, una relación de objeto total. De este modo, se crean vínculos intersubjetivos que tienden a ser significativos y perdurables enriqueciendo con ello los aspectos propios de la personalidad. La estructura neurótica, a la que le atribuimos los mayores logros madurativos psíquicos, expresa la complejidad de su vida emocional mediante recursos simbólicos que le permiten tolerar y elaborar las experiencias vitales aún cuando estas sean intensas y dolorosas. El acceso a la creatividad, aunque no sea privilegio único de la psique neurótica, adquiere en ella mayor refinamiento y sutileza y posibilita el despliegue más genuino de sus diversos intereses en cada uno de los acontecimientos humanos.

Por supuesto, como afirmamos arriba, la estructura neurótica de personalidad no está exenta de enfermarse o de sufrir eventuales desequilibrios en su organización y funcionamiento. Cuando ello ocurre, se manifiesta el conflicto psíquico como una lucha al interior de la persona entre tendencias afectivas opuestas o representaciones psíquicas inconciliables entre sí. La defensa primaria ante la pulsión, que se acompaña de un afecto displacentero para el sujeto, es la represión y la resultante de este conflicto es una formación de compromiso que, a la manera de un sueño, expresa un sentido oculto que no es de inmediato conocido pero es susceptible de descubrirse. Los síntomas neuróticos son entonces textos crípticos que contienen un mensaje cifrado que el sujeto, interesado en saber su verdadera significación, intenta develar mediante el arte interpretativo del psicoanálisis. Dicho de otro modo, las manifestaciones del conflicto neurótico se expresan simbólicamente a través de los síntomas tanto como de las fantasías, los sueños y otras formaciones del inconsciente.

Es aquí donde el dispositivo analítico encuentra los fenómenos clínicos a los que se aboca con mayor naturalidad y eficacia. La asociación libre y la interpretación de la transferencia son los medios apropiados para descifrar los significados ocultos, para acceder con ello a una mejor comprensión de los conflictos psicológicos del sujeto y —de manera más ambiciosa aun— propiciar un mayor crecimiento mental y enriquecimiento de su vida emocional. Lo anterior no es un logro fácil para el psicoanálisis, no obstante la descripción que acabamos de hacer sugiera lo contrario —nada le es fácil al psicoanálisis—, pero constituye quizás la perspectiva más estimulante e inspiradora de la experiencia psicoanalítica.

 

Artículo del Diplomado Angustia, depresión, neurosis. Tratamientos y experiencias clínicas, conoce más.

foto_blog_NOTA_PSICOLOGO

La tarea del psicólogo

Por Carmen Islas

La psicología tiene como finalidad conocer el comportamiento y la complejidad de la vida, para ello estudia diversas teorías clásicas y actuales. Este método da respuesta a preguntas tales como: ¿Qué es la personalidad? ¿Qué es la motivación? ¿Cuáles son las crisis que enfrentan los seres humanos? ¿Cuáles son las enfermedades mentales más frecuentes? ¿Cómo se comportan los grupos? ¿Qué es la depresión? ¿Cuáles son las respuestas fisiológicas ante el miedo? ¿Se puede medir la inteligencia? ¿Cuáles son las técnicas terapéuticas que se utilizan para tratar los conflictos? Un psicólogo puede ayudar a las personas a desarrollar su potencial intelectual, social, de aprendizaje, emocional, etc., explorar y superar los problemas que frenan su crecimiento.

En todos los ámbitos de la vida se encuentran personas conviviendo unas con otras, la psicología ayuda a comprender lo que sucede en esas relaciones. Podemos detenernos a analizar la dinámica que llevan los miembros de una familia o el espacio social, laboral o educativo en que esas personas conviven y siempre encontraríamos aspectos negativos que se pueden solucionar: violencia, desintegración, peleas, descalificaciones, etc., junto con elementos positivos que vale la pena reforzar, como la capacidad creativa, la salud, la armonía, la calidez, la productividad e independencia, etc.

Si observamos con atención a una pareja, por ejemplo en la manera de tratar a sus hijos, probablemente encontremos que se asemeja al mismo tipo de relación que ellos tuvieron con sus propios padres. Además se puede observar cómo el ambiente social, cultural y educativo influye para que desarrollen su crianza de determinada manera. Pero si hablamos con ellos de forma particular y conocemos su historia personal, la visión que tienen de sí mismos y del mundo, lo que piensan, imaginan y sienten, nos daremos cuenta de que existen otros factores muy importantes. Encontraremos que la personalidad de cada uno de los padres influye profundamente en la relación que establecen con sus hijos. Darle peso a uno u otro de esos factores determina los modelos teóricos y técnicos que se han desarrollado en la psicología.

Como vemos, la aplicación de la psicología es muy amplia e interesante, podemos orientarnos a lo social, a lo clínico, a la atención hospitalaria, a lo educativo o a lo laboral. Un psicólogo bien entrenado requiere sensibilidad, humanismo, interés por la búsqueda de su propia verdad y por la actualización constante de sus conocimientos. Puede colaborar en la resolución de problemas complejos de la vida psíquica, que repercuten en cambios favorables en el ámbito escolar, familiar, comunitario, de salud física, organizacional, cultural, deportiva, nutricional, etc.

Una de las ventajas de estudiar psicología es que es una profesión que permite combinar las tareas de la vida cotidiana con las laborales. Por ejemplo, una mujer dedicada a la psicología clínica, puede organizar los horarios de atención a pacientes en su consultorio privado y además estar cerca de su esposo, su casa y su familia, es decir, planear sus actividades de forma personal y, de acuerdo a sus posibilidades, sentirse plenamente satisfecha por la labor profesional que realiza.

Los problemas psicológicos se pueden reflejar de diversas maneras. Para dar algunos ejemplos, pensemos en los niños que reprueban en la escuela, los adolescentes que se encierran en sus cuartos y no salen con amigos, la persona que no puede conservar un empleo, los problemas alimenticios, las fobias a los animales, a volar, a las alturas, etc. Los problemas mentales pueden manifestarse por medio de conductas como la ingesta sin control de alimentos, alcohol o tabaco, el consumismo desenfrenado, la violencia familiar, el racismo, la cooperación o competencia, la capacidad de liderazgo, el comportamiento violento de las masas en un encuentro de futbol, etc.

La docencia, la investigación y la aplicación de la psicología en cualquiera de sus áreas son también actividades muy creativas y apasionantes, que despiertan la necesidad de seguir actualizándose mediante el estudio de los múltiples temas de interés. El psicólogo tiene grandes retos sobre cómo prevenir, diagnosticar y atender oportunamente los problemas de la salud mental en una sociedad cada vez más cambiante. Actualmente los psicólogos han centrado su interés en la equidad de género, en la transformación de la constitución familiar, en la integración cultural, en los problemas derivados del avance tecnológico, entre otros ejes.

Como vemos, el valor de la psicología es fundamental porque se refiere a la persona, a lo que siente, piensa y a su capacidad para desarrollarse sanamente. Su estudio es realmente apasionante porque implica gran creatividad en el trabajo y por la naturaleza de su objeto de estudio: cada persona es única, incluso varía en diferentes etapas de su vida.

 

notas_home_libro-abster

Grupo interno. Psiquis y cultura. Libro de Samuel Arbiser.

Reseña del libro

Grupo interno. Psiquis y Cultura

Basado en el sólido respaldo del psicoanálisis clásico, este libro es una selección de artículos, conducida por un coherente hilo conductor, en los que se rescatan algunas líneas de pensamiento que caracterizaron la producción psicoanalítica del Río de la Plata, especialmente aquellas que descollaron en un tiempo de plena efervescencia de ideas en esa región. La época se podría situar entre los años 50 y 80 del siglo pasado, en que la figura de Enrique Pichon Rivière convocaba y estimulaba la potencialidad creativa de un numeroso conjunto de brillantes pensadores. Sus enseñanzas partieron desde esa cosmovisión psicosocial y multidisciplinar que luego recogieron y desarrollaron –enriquecidas en diversas direcciones– autores del calibre intelectual de José Bleger, David Liberman, Willy y Madeleine Baranger, Ricardo Avenburg y Horacio Etchegoyen, entre muchos otros.

El autor del libro recoge especialmente aquellas ideas de Enrique Pichon Rivière que habían quedado latentes o dispersas en su obra, esperando la ocasión para desarrollarse; ideas como la noción de ‘Grupo Interno’ como configuración del aparato psíquico, en tanto se corresponde solidariamente con una perspectiva ‘psicosocial’ del psicoanálisis; perspectiva ésta que Arbiser amplía con una concepción antropológica del hombre como ‘habitante del ecosistema socio-cultural’ como el título mismo lo indica.

Lo significativo para remarcar es que esas mencionadas líneas de pensamiento desarrolladas en el libro adquieren una dramática actualidad (primeras décadas del siglo XXI) como instrumental  para lidiar con el cambiante panorama de la práctica psicoanalítica contemporánea, así como con la casi inabarcable y heterogénea profusión teórica. Al respecto, dice el autor en la Introducción: “Personalmente intuyo que el debate que se aproxima en el campo de nuestra disciplina estará, a grandes rasgos, dividido entre aquellos que consideran al psicoanálisis una disciplina autónoma y autosuficiente y que, por esa razón, apuntan su principal preocupación a tratar de destilar la ‘especificidad del psicoanálisis’ o ‘la identidad psicoanalítica’, y aquellos otros que atienden y legitiman la ‘diversidad’ de los aportes y centran su mayor preocupación en la ‘operatividad’; y, por consiguiente, en la optimización de ‘todos’ los ‘recursos’ científicos para el abordaje del ‘sufrimiento humano’; recursos en los que el psicoanálisis ‘actualizado’ deberá ocupar un lugar preeminente. Sin desmedro del valor que asigno al trabajo de los primeros en su afán de perfeccionar los instrumentos teóricos y técnicos, me alineo decididamente entre los segundos; y creo que las nociones de ECRO (Esquema Conceptual, Referencial y Operativo) y el de Grupo Interno introducidos por Enrique Pichon Rivière son las bases doctrinales para una actualización de un psicoanálisis ‘pluralista’ que vislumbro centrado en forma preponderante en la ya mencionada operatividad”.

El libro está dividido en tres partes: El Grupo Interno, Temas Clínicos (historiales) y Opinión. En la primera parte priman los aspectos conceptuales matizados por generosos ejemplos clínicos. En la segunda se desarrollan varios historiales que de alguna manera trasmiten el pensamiento del autor en su práctica clínica; en la tercera parte se ocupa de algunos temas más generales que incumben sus opiniones respecto del psicoanálisis en general y del mundo humano.

 

 

 

Comentario de contratapa del libro

Los que hemos seguido a lo largo de los años el inteligente esfuerzo de Samuel Arbiser para entender el psicoanálisis como teoría y práctica, hace ya mucho tiempo que esperábamos este libro. Es un conjunto armonioso de escritos que muestra una trayectoria infatigable apuntando a un psicoanálisis actual, moderno y profundo. El lector se entusiasmará por la coherencia de Arbiser y su logrado intento de presentar una visión del psicoanálisis de nuestra época con la inspiración del gran maestro de todos nosotros, Enrique Pichon Rivière.

El lector percibirá, como yo, el empeño de Arbiser para mostrarnos una manera de entender nuestra disciplina como se fue desarrollando en los últimos cuarenta años en el Río de la Plata. Cautiva la prosa de Arbiser, ágil, sencilla y rigurosa.

 Ricardo Horacio Etchegoyen

 

Samuel Arbiser es médico por la Universidad Nacional de Buenos Aires. Miembro titular con Función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires y Full Member of the International Psychoanalytical Association. Es miembro del comité de publicaciones de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API). Es profesor titular del IUSAM, en las carreras Especialización en Psicoanálisis y Maestría Familia y Pareja. Es docente invitado en la Escuela de Mediación del Colegio Público de Abogados de la ciudad de Buenos Aires y profesor invitado en la Universidad de San Luis. Es autor de numerosos artículos en distintas publicaciones psicoanalíticas, entre ellas: Revista de la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados, Acta Psiquiátrica y Psicología de América Latina, Psicoanálisis (ApdeBA), Revista de Psicoanálisis (APA), Revista de la Sociedad Argentina de Psicoanálisis (SAP), Revista Uruguaya de Psicoanálisis (APU), Libro Anual de Psicoanálisis (Mención Especial), Revista Chilena de Psicoanálisis, Revista de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM), Revista da Sociedade Brasileira de Psicanálise de Porto Alegre, International Journal of Psychoanalysis, Fort Da, The Journal of the Northern California Society for Psychoanalytic Psychology, Journal of the American Psychoanalytic Association, Psicoanalisi, Rivista della Associazione Italiana di Psicoanalisi, Semester-Journal Karl Abraham Institut (Berlín).

Ha participado como autor en: Masculino-Femenino. Cuestiones psicoanalíticas contemporáneas, Alizade, Silveira Araujo y Gus (comp.); Grandes psicoanalistas argentinos, R. Doria Medina Eguía (comp.); Escritos clínicos sobre perversiones y adicciones, R. Moguillansky (comp.). Como editor en: On Freud´s Inhibition, Symptom and Anxiety”, Ed. Samuel Arbiser and Jorge Schneider; Dictionnnaire International de la Psychanalyse, Alain de Mijolla; como investigador en: Comparative Confidentiality in Psychoanalysis, Ed. By Penelope Garvey and Alexander Layton.

foto_blog_taller_neosexualidades

Neosexualidades: gays y lesbianismo. Taller.

Por Muriel Wolowelski

Freud inaugura el siglo XX con un descubrimiento revolucionario y fundamental: la existencia de sexualidad en los niños. Con esta afirmación se viene abajo el mito de la sociedad victoriana que suponía que los niños no desarrollan su sexualidad sino hasta el comienzo de la pubertad. Estas nuevas ideas sobre la sexualidad infantil amplían el concepto de sexualidad en sí mismo –que había permanecido centrado hasta aquel momento en la vida adulta y en la genitalidad– y despliegan un nuevo panorama donde ocupan un lugar central las fantasías y los deseos que aparecen en los niños desde muy pequeños. Freud deja de observar conductas y se detiene en las fantasías que las acompañan. Afirma que la sexualidad de los niños sigue una evolución por etapas basadas en las fantasías que se organizan alrededor de las actividades orales, anales y fálicas; paulatinamente, estas se van complejizando en torno a estructuras como el complejo de Edipo o las ansiedades de castración en niños y niñas.

El concepto de neosexualidad es más reciente y toma en cuenta algunas modalidades sexuales que pueden ser ordenadas de acuerdo a diversas actividades y a sus características fenoménicas: homosexualidad masculina, homosexualidad femenina o lesbianismo, fetichismo, sado-masoquismo, travestismo, transexualismo. La vida actual tiene una mayor apertura a la expresión de estas sexualidades y es por ello que su estudio se ha visto más difundido.

En este taller hablaremos acerca de diferentes formas de sexualidad, tratando de abordarlas con una mirada psicoanalítica enfocada no en la realización de ciertas acciones sexuales, sino en la comprensión de las fantasías inconscientes que les subyacen e influyen en los comportamientos observables, en la identidad personal y en la de género.

Las situaciones clínicas que plantearemos en la exposición son diversas, por ejemplo: las motivaciones inconscientes de una pareja homosexual (masculina o femenina) para tener un hijo propio o adoptarlo pueden estar relacionadas con una fantasía reparatoria que provenga de identificaciones saludables con los padres. Asimismo, también podría tratarse –en el caso de una pareja homosexual femenina– de un intento por desvalorizar a la figura masculina, si es que la fantasía pretendiera esto al recurrir a un procedimiento de inseminación artificial. Aquí se estarían expresando los sentimientos de triunfo de una mujer que tiene una gran rivalidad con el hombre y que lo transforma en un personaje innecesario, sintiendo que es posible la procreación entre dos mujeres. Profundizaremos en las fantasías latentes que llevan a una persona a rentar un vientre, acercarse a otros medios para el embarazo asistido o realizar el cambio de sexo mediante una operación quirúrgica. Es importante señalar que tales pensamientos pueden descubrirse tanto en personas homosexuales como heterosexuales.

Esta manera de abordar los actos sexuales a través del análisis de las fantasías predominantes enriquece el entendimiento de los fenómenos, a la vez que rompe el esquematismo que implica considerar normal o patológica una conducta sexual por las acciones que la definen.

Los tiempos actuales se acompañan de una mayor apertura que saca de las sombras comportamientos que anteriormente permanecían ocultos o impedidos de aceptación debido a las estrictas normas sociales: matrimonios homosexuales, adopción de niños y distintos accesos a la homoparentalidad. Los avances médicos y científicos han permitido que se lleven a cabo embarazos asistidos que ofrecen la posibilidad de tener hijos propios a estas diversas modalidades de pareja.

Todos estos temas forman parte de una temática muy reciente que se puede estudiar con el material teórico disponible, aunque habrá que esperar el paso del tiempo para poder desarrollar nuevas hipótesis y observar las nuevas conclusiones que de ellas deriven. Emplearemos numerosos casos clínicos y viñetas para ilustrar con una mirada psicoanalítica estas temáticas que forman parte del universo de la sexualidad humana.

 

Taller que se llevará a cabo el 26 de septiembre en el Plantel Norte y el 3 de octubre en Plantel Sur.

Más información: aquí: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-neosexualidades-gays-lesbianismo

 

foto_blog_nota_taller_freud

Sigmund Freud. Vida y obra

Artículo del Taller Sigmund Freud. Vida y Obra.

Por Dr. Jorge Salazar

La obra de Sigmund Freud (1856-1939) es trascendente en más de un sentido. Primeramente, porque es posible afirmar que la teoría psicoanalítica constituye la perspectiva más innovadora, comprensiva y compleja sobre la vida mental, tanto en sus aspectos normales como en sus manifestaciones psicopatológicas. Lo anterior ha sido así desde que el psicoanálisis emergió, como una nueva luz, junto con el amanecer del siglo xx y lo sigue siendo en la actualidad. En efecto, ninguna otra teoría precedente o contemporánea tiene el nivel de sistematización, coherencia y audacia que el psicoanálisis ofrece para la descripción y comprensión de la vida anímica. Esta obra, original y de gran envergadura, fue creada por un solo hombre con una capacidad intelectual y una intuición extraordinarias. Durante toda su vida adulta, el genio de Freud se interesó por desvelar los misterios de la mente y construir una explicación verosímil, cabal, para su estructura y funcionamiento. Todas sus experiencias vitales así como otras influencias intelectuales y culturales confluyeron en su mente para realizar ese genial descubrimiento.

Sabemos que este autor no descubrió el inconsciente pero sí su significación. Integrando a sus nuevos estudios e investigaciones un conocimiento erudito, Freud fue el primero en proporcionar a la psique un sentido vinculado con las experiencias emocionales del sujeto, sobre todo en su etapa infantil, y estableció la importancia que aquéllas tienen en el desarrollo de la personalidad, la formación del carácter y la patología. Quizás el rasgo más sobresaliente de la intuición freudiana fue el atribuir un significado susceptible a descifrar, oculto en las manifestaciones ordinarias de la vida psíquica como los sueños, los lapsus, los olvidos o las confusiones de recuerdos, los chistes y los síntomas neuróticos. Tales expresiones psíquicas, antes de Freud, carecían de significado o tenían un sentido baladí pero él las interpreta desde su significación inconsciente, con lo que se enriquece la comprensión de la vida interior de las personas y se esclarecen los nexos entre sus deseos, motivaciones y conflictos.

Aunados a la noción freudiana del inconsciente y la interpretación de los sueños, los conceptos de pulsión, sexualidad infantil, complejo de Edipo y de castración, la represión, los complejos modelos de organización y funcionamiento dinámicos del aparato psíquico, constituyen los fundamentos del edificio teórico psicoanalítico. En conjunto, la conceptualización freudiana de los procesos psíquicos le confiere al psicoanálisis consistencia, riqueza y un carácter sugestivo sin parangón en su campo. Por añadidura, estas originales ideas no sólo fueron argumentadas, revisadas y discutidas por Freud a través de su vasta obra escrita, sino que también las dio a conocer en una prosa bella y elegante que le mereció en vida un reconocimiento aparte.

En otro sentido, la obra de Freud, el psicoanálisis, es también trascendente porque su teoría se acompaña de la práctica –de la que aquélla es derivada– con una aplicación desde su inicio orientada a la cura de las patologías neuróticas y del carácter. Algunos años después, el método psicoanalítico se ensaya con otras afecciones mentales recabando así nuevas experiencias que contribuyen a la expansión de su cuerpo teórico. De hecho, durante la primera mitad del siglo xx, el psicoanálisis es la única terapéutica alternativa razonablemente útil en el manejo de diversos trastornos psiquiátricos, debido a la ineficacia y crudeza de los procedimientos usuales de la psiquiatría en aquellos días. No fue sino hasta la segunda mitad del siglo, décadas más tarde, cuando emergió la psicofarmacología moderna y esta, junto con el auge de las neurociencias y el surgimiento de otras modalidades psicoterapéuticas, acompañan al psicoanálisis en su vocación terapéutica.

Con todo, la práctica psicoanalítica conserva un lugar –más acotado que antes– dentro de la amplia gama de opciones terapéuticas actuales y se diferencia de las demás al procurar a la persona un alivio de los efectos del gran malestar de la cultura contemporánea. Pero también promueve en el analizando una profunda reflexión acerca de la forma como vive su vida y sus circunstancias, con el ánimo de procurarle transformaciones sustanciales que impulsen su crecimiento mental, el desarrollo de su imaginación y creatividad, establecer mejores vínculos afectivos, para adquirir un verdadero bienestar emocional. Ninguna otra modalidad psicoterapéutica tiene en su quehacer una intención tan ambiciosa y radical como el psicoanálisis. El descubrimiento freudiano de la transferencia y el concepto de interpretación en psicoanálisis conforman su seña de identidad.

El psicoanálisis se sostiene en un método, una técnica y una ética, inaugurados por Freud, que todavía constituyen el fundamento de su práctica. Considerando aun las modificaciones posteriores que el método ha sufrido, implementadas por sus seguidores y siendo necesarias debido a la expansión de sus límites clínicos, en esencia, el método psicoanalítico es freudiano y en ello radica su singularidad con respecto a las otras técnicas de intervención psicoterapéutica. Más allá, es un método de gran refinamiento que exige un exhaustivo entrenamiento por parte del psicoanalista para su acabado ejercicio.

Finalmente, la obra de Freud trasciende porque el psicoanálisis es un hito histórico que no sólo revolucionó la psicología y la psiquiatría sino que modificó la comprensión de otros ámbitos diversos en los que se expresan la sociedad y la cultura. En efecto, los mitos y las religiones, las artes y las letras, la filosofía y el lenguaje, la historia y las ciencias sociales, fueron afectados por el pensamiento de este autor y, desde entonces, su propia concepción y articulación en el complejo entramado cultural se pueden pensar desde otro lugar. El psicoanálisis ha instaurado un diálogo con estas otras disciplinas convirtiéndose en un incisivo interlocutor.

Sin duda, el descubrimiento del psicoanálisis es resultado de la modernidad, de la venturosa confluencia de ideas liberales y de cierta prosperidad económica y social en la Viena de fin de siglo, que permitió el nacimiento del psicoanálisis junto con el de otros movimientos artísticos y culturales, revolucionarios cada uno en sus respectivos ámbitos. Pero no es menos cierto que, en reciprocidad, el psicoanálisis contribuyó a su vez al robustecimiento de la modernidad al propagar sus ideas a las principales ciudades dominantes en el mundo occidental. La generación del cambio de siglo se acercó a él para encontrar respuestas, despuntando el siglo xx, a la caída de los viejos imperios europeos, a la mayor incertidumbre en las nuevas sociedades más libres y democráticas, así como a la desazón que sobrevino apenas unos cuantos lustros después.

La historia del pensamiento de esta época reconoce a Sigmund Freud como un pensador cuya influencia es decisiva en la cultura. Por todo lo anterior, la obra de este autor merece tener más y mejores lectores, al mismo tiempo que se estudia con dedicación su biografía intelectual.

Conoce las fechas del taller en el siguiente enlace: http://www.centroeleia.edu.mx/taller-freud-vida-y-obra

foto_blog_wigtenstein

La ferocidad psicótica de Wittgenstein

Por Alberto Villalobos Manjarrez

“¿Por qué exiges explicaciones?

Si se te proporcionaran éstas,

una vez más estarías ante un límite.

No podrían llevarte más allá de donde estás ahora”.

Zettel, Ludwig Wittgenstein

 

Si nuestra verdad es extraña para nosotros mismos, como indica Jacques Lacan en el seminario El reverso del psicoanálisis (1969-1970), es inevitable vivir con ella, aunque, por otra parte, no nos concierna. Así pues, sobre este punto, el psicoanalista recuerda la obra de un lógico que, a su juicio, es de fácil lectura; se trata de Ludwig Wittgenstein y su Tractatus logico-philosophicus (1921), obra compuesta por una serie de aforismos que, para Lacan, afirman que no hay más verdad que la proposición. Proposiciones que consiguen su sentido sólo en virtud de la forma lógica que las liga con un hecho de naturaleza física.

El Tractatus pretende trazar un límite a la expresión de los pensamientos. Lacan escribe: “Para este autor, la estructura gramatical constituye lo que él identifica con el mundo. La estructura gramatical, eso es el mundo. Y, en suma, lo único verdadero es una proposición compuesta de modo que comprenda la totalidad de los hechos que constituyen el mundo” (2008:62).

Ahora bien, si la realidad total es el mundo, los estados de cosas, el darse efectivo de los hechos, son representados por la figura, que es un modelo de la realidad. Los elementos —objetos— que constituyen la figura se relacionan de modos determinados. “La figura es un hecho” (Wittgenstein, 1921:2.141.62). La estructura de la figura consiste en la interrelación de sus elementos, mientras que su posibilidad es la forma de figuración. Por eso, la posibilidad de que las cosas se relacionen del mismo modo que los elementos de la figura es la forma misma de la figuración. Así, la figura enlaza con la realidad: “El darse y no darse efectivos de estados de cosas es la realidad” (Wittgenstein, 1921:2.106.61). Lo que la figura debe tener en común con la realidad para figurarla, ya sea verdadera o falsamente, es la forma lógica: la forma de la realidad.

Dicho esto, Wittgenstein advierte que el pensamiento es una proposición con sentido, es decir, se trata de la proposición como figura de la realidad. Si se comprende la proposición, se conoce el estado de cosas representado. Si es verdadera, una proposición muestra el comportamiento de las cosas. De modo que, sobre la filosofía, Wittgenstein redacta en el Tractatus: “La mayor parte de las interrogantes que se han escrito sobre cuestiones filosóficas no son falsas, sino absurdas. De ahí que no podamos dar respuesta en absoluto a interrogantes de este tipo, sino sólo constatar su condición de absurdos. La mayor parte de los interrogantes y proposiciones de los filósofos estriban en nuestra falta de comprensión de nuestra lógica lingüística” (1921:4.003.75).

En efecto, las proposiciones de la metafísica y la filosofía se vuelven —desde la lógica del Tractatus—, de forma general, sinsentidos, puesto que no remiten a hechos, es decir, a lo que es el caso. Por eso, sobre la tarea de la filosofía, Wittgenstein propone: “El objetivo de la filosofía es la clarificación lógica de los pensamientos” (1921:4.112.82). Sin embargo, el lógico también afirma que el mundo, como la totalidad de los hechos, es inexpresable. Por consiguiente, en este punto, tiene lugar la siguiente afirmación: “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo” (1921:5.6.123). Si los límites de la lógica son los del mundo, el sujeto se vuelve, asimismo, un límite del mundo. Lacan comprende que para Wittgenstein, el mundo está constituido, en virtud de lo que se puede decir de él en las proposiciones, por la tautología de la totalidad del discurso.

Ambos autores coinciden en que no existe un meta-lenguaje; de manera que, por este motivo, Lacan redacta: “No hay sentido más que del deseo” (2008:64). Conclusión de la lectura del Tractatus sobre la cual se puede preguntar por su compresión: ¿sería posible plantear una noción de deseo bajo la lógica del Tractatus? Ciertamente, Lacan procede por otras vías. Para el psicoanalista, la verdad reside en lo que el deseo esconde de su falta. Aunque inseparable de los efectos del lenguaje, la verdad, para Lacan, está fuera de toda proposición. De modo que los efectos del lenguaje incluyen, a su vez, al inconsciente —se afirma su relación con el lenguaje—. No obstante, desde la filosofía de Wittgenstein, el estatuto del inconsciente se pone en entredicho cuando se pregunta sobre la posibilidad de acceder a él.

“Denuncia como una fuente de confusión constante el hecho de que hablemos de estados mentales a la vez para designar estados conscientes y para nombrar estados hipotéticos de un mecanismo mental inconsciente” (Bouveresse, 2004:80). El problema reside en que se utiliza la misma gramática, en el caso de Freud, para describir procesos tanto conscientes como inconscientes, cuando los mecanismos de éstos últimos se rigen por leyes completamente distintas.

Por otra parte, Lacan expresa que en el discurso de la filosofía —en especial el universitario—, la verdad descansa principalmente en el yo —una Yocracia—. Aunque la filosofía es irreductible a esta afirmación, el psicoanalista admite que Wittgenstein lleva hasta el límite la cuestión de la verdad, al colocarla como fundamento del saber. “Seguramente este autor tiene algo cercano a la posición del analista, que se elimina completamente de su discurso” (Lacan, 2008:67).

Sin embargo, no se trata de la única relación que Lacan observa en el pensamiento de Wittgenstein, ya que sugiere una coincidencia entre la gran seguridad de su discurso y un “no sé qué”, que se asoma en la psicosis. Sobre el Tractatus, el lógico escribe: “La verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece, en cambio, intocable y definitiva” (2008:56). Discurso implacable cuyo efecto en Lacan insinúa la psicosis.

A propósito de la lógica, el psicoanalista se pregunta por el goce que, como residuo, acompaña al lenguaje y lo sitúa en un sistema que, por débil que sea, obtiene su fuerza por un efecto de in-completitud que indica un límite —los límites del lenguaje son los límites del mundo—. A diferencia de Wittgenstein, para Lacan, la verdad —hermana del goce; hermana del más allá del límite— es externa a la proposición y, sin embargo, mantiene una indisociable relación con los efectos del lenguaje vinculados con el inconsciente.

Así pues, la filosofía de Wittgenstein, que procede por medio de “una ferocidad psicótica” (Lacan, 2008:65), trastoca el rigor de la navaja de Occam —postulación que implica no admitir ninguna noción lógica que no sea necesaria, además de sugerir la predisposición a la simplicidad en la elaboración filosófica—, mientras que las proposiciones del Tractatus se resuelven como sinsentidos en tanto que quien las lee, al haberlas comprendido, sale de ellas, pero precisamente por haberlas atravesado. Relación paradójica con el límite que arroja la escalera después de haber subido.

Referencias 

  • Bouveresse, J. (2004). Filosofía, mitología y pseudociencia. España: Síntesis.
  • Hadot, P. (2007). Wittgenstein y los límites del lenguaje. Seguido de: Una carta de Élisabeth Anscombre. España: Pre-textos.
  • Lacan, J. (2008). El seminario de Jacques Lacan, Libro 17: El reverso del psicoanálisis. 1969-1970. Buenos Aires: Paidós.
  • Wittgenstein, L. (2007). Zettel. México D. F.: UNAM. Instituto de investigaciones filosóficas.
  • ______________ (1921). Tractatus logico-philosophicus. España: Alianza, 2012.
notas_home_libro-medina

Juegos de goce y dolor. Mirando la agresión en las relaciones de pareja desde el Psicoanálisis.

Sinopsis del libro

Del autor: J. Eugenio Medina Mercado

Editorial independiente.

 

En algún momento de nuestra existencia todos los seres humanos iniciamos una relación de pareja con la firme pretensión de amar, ser amados y encontrar la felicidad. Sin embargo, más tarde o más temprano, muchas de estas parejas se descubren inmersas en juegos de dolor, manifiestan actitudes agresivas de diversa índole y su relación se asemeja a un terreno pantanoso donde al tratar de salir con denodado esfuerzo, se hunden más y más. Esto nos lleva a preguntar: ¿Qué causa que dos personas, pretendiendo amarse, comiencen a agredirse, lastimarse o humillarse? ¿Por qué, si se inicia con el deseo de formar un vínculo de amor, se conforma uno de odio? ¿Qué puede decir el psicoanálisis al respecto?

Vivimos un tiempo nuevo con formas inéditas de convivencia donde la violencia parece penetrar cada uno de los rincones de los vínculos humanos. El individuo se vuelve cada vez más desconfiado y hostil en sus relaciones de trabajo, en la familia, en su desarrollo social y, de manera particular, en la relación de pareja. Sus fantasmas internos son volcados hacia el exterior en una actitud agresiva que no siempre alcanza a los objetos; una hostilidad que se pierde en el vacío e incrementa el sentimiento de frustración.

En esta nueva conformación social el amor también pierde su sentido: las relaciones de pareja, hoy más que nunca, están impregnadas de fuertes dosis de agresión, destinada al sometimiento del otro, a anular al otro. Son relaciones de pareja con vínculos precarios, donde el elemento de unión es el odio, la consideración narcisista de sentir a la persona como extensión del propio Yo o un simple satisfactor de necesidades. Las parejas parecen haber perdido la razón de su conformación. Sin referentes de sentido, sin roles específicos qué desempeñar, sin propósitos determinados para su existencia –ya sean emanados de Dios, la moral o la Ley–, las personas convierten su relación en juegos de goce y dolor o se limitan a encuentros que buscan el placer inmediato, contactos que no aportan nada a la conformación de la experiencia para el aprendizaje emocional.

Los vínculos de pareja muy pronto se encuentran inmersos en un juego de goce y dolor. El goce concierne al deseo, a ese deseo del que poco sabemos, que nos cuesta trabajo identificar y nombrar, pero que nos impulsa a querer ser lo más importante en la vida del otro, tal como lo es para nosotros. No se busca que ese otro a quien amo satisfaga alguna necesidad específica, sino de disminuir la tensión misma que el cuerpo experimenta al no lograr satisfacer una demanda del cuerpo que difícilmente se puede nombrar. De forma que, el deseo inconsciente, derivado de la sensación de que algo nos hace falta para sentirnos plenos, se pone de manifiesto y trata de colmarse en la relación con la pareja aspirando a convertirse en lo único que el otro necesite para ser feliz, pretendiendo ser lo único que el otro ame. Cuando este anhelo no se satisface suele surgir agresión y dolor en un intento de poder ser el centro de atención y amor de ese otro a quien pretendo amar y de quien espero amor. 

El goce se encuentra en el terreno de lo que no se quiere (o no se puede) saber ni hablar, esa región del inconsciente a la que no se tiene acceso pero que provoca tensión y busca descargarla una y otra vez de la misma forma, recordando, repitiendo sin poder reelaborar, llevando a la conformación cíclica de relaciones cargadas de agresión hacia la persona que se pretende amar. Esta dialéctica interminable establece vínculos de goce y dolor, eslabones perfectamente sellados donde el deseo no satisfecho instala la tensión perenne encadenada al sufrimiento.

Mirar la agresión en la pareja desde el psicoanálisis implica reconocer la existencia de una fuerza inconsciente que influye en nuestros actos, en los vínculos, en el hacer de cada día. Este inconsciente se constituye a lo largo de nuestra vida con elementos de constitución biológica –entre ellos, la fuerza de nuestras pulsiones– y nuestras experiencias –principalmente las de la niñez, que suelen dejar más honda huella–. A estos factores se suman las situaciones que olvidamos, que reprimimos, pero que permanecen ahí, formando parte de lo que somos y suelen aflorar ante diversos eventos actuales. A partir de estos elementos inconscientes nos relacionamos con los demás, escogemos amistades, enemigos, pareja; a través de ellos también se actualizan nuestros conflictos e impregnan de amor o de odio nuestros vínculos.

La mirada psicoanalítica incluye otro factor de gran importancia: la responsabilidad psíquica. Esta noción implica reconocer que las personas no sufrimos pasivamente la influencia del medio, no reaccionamos ante un estímulo de manera directa. La agresión, por ejemplo, no es la simple respuesta a un elemento ajeno. Para el psicoanálisis, el individuo es responsable de la forma como procesa la realidad externa.

Todo vínculo de pareja, todo enamoramiento, toda pretensión de amor, ocurre desde el inconsciente de las personas. La elección depende de la configuración inconsciente y es complementaria en el nivel de lo incomprensible, en ese “no sé qué” que “no sé cómo”, que pertenece al goce y da paso al establecimiento de una relación. Ciertamente, suele estar presente algo de conciencia en todo el proceso, pero el factor determinante se encuentra más allá de la comprensión del sujeto, quien sólo se deja llevar por la tensión que provoca su aparición.

La calidad del vínculo también se relaciona directamente con el inconsciente de la pareja: la agresión no es un factor fortuito o una respuesta inmediata a una provocación del otro, sino que, al igual que una acción amorosa, es la manifestación de los contenidos del inconsciente, de lo que el individuo tiene registrado como experiencias amorosas, agresivas o traumáticas y que no son de fácil acceso para la conciencia. Son aquello de lo que no se quiere saber y que forma parte del territorio del goce.

A partir de estos argumentos es posible afirmar que la selección de pareja, la violencia que se vive al interior de ella, las dificultades para controlarla o evitarla, la imposibilidad de romper el círculo vicioso, dar por terminada una relación llena de dolor, la tendencia a acercarse a personas ofensivas o escoger a personas que lo toleran, la repetición constante de vínculos agresivos, todo ello tiene como factor constitutivo los contenidos del inconsciente.

Es así que algunos conceptos nodulares de la teoría psicoanalítica pueden dar claridad a este complicado problema: transferencia, triángulo edípico, pulsiones, identificación proyectiva, mecanismos defensivos, objetos internos, narcisismo, renegación, pasaje al acto. En fin, el psicoanálisis propone todo un corpus teórico para intentar comprender la agresión en las parejas, de aquellas que suelen estar inmersas en perennes juegos de goce y dolor.

 

J. Eugenio Medina Mercado

facebook_terapia_juego

Diplomado. Terapia de Juego. Bases y avances en psicoanálisis infantil

Artículo del Diplomado Terapia de Juego que imparte la Dra. Sara Dweck

En este diplomado se revisarán los principales momentos del desarrollo de los niños tanto en la normalidad como en las distintas patologías que pueden presentarse.

“Latencia, una etapa del desarrollo infantil”. Nota de: Mariana Hurtado Eguiluz

El periodo de latencia ha quedado un tanto relegado en la producción bibliográfica de nuestra disciplina, si comparamos con la gran cantidad de trabajos que versan acerca de otras fases del desarrollo. Es interesante dirigir nuestra atención a la latencia y estudiar toda la riqueza que encierra esta etapa de la niñez, con las transformaciones intrapsíquicas que implica, los conflictos que la constituyen y las manifestaciones conductuales que la caracterizan, influenciadas, sin duda, por factores de orden social y cultural.

Si definimos la latencia desde el punto de vista cronológico, la ubicaremos entre el complejo de Edipo (que se da alrededor de los 3 a 5 años), hasta que comienzan los cambios de la pubertad, cuando los jóvenes de ambos géneros son sorprendidos por las transformaciones de su cuerpo.

Para visualizar esta etapa, pensemos en chicos de 6 hasta 11 o 12 años de edad, más o menos. Cabe resaltar que diversos autores coinciden en que, más allá de las edades de los niños, son más importantes otros factores para ubicar su momento de desarrollo, tales como las fantasías, los pensamientos y las emociones que acompañan y definen cada fase. Sin embargo, es importante tener presente que los procesos y los cambios no se dan de manera lineal ni inmediata.

Freud lo denominó “latencia” al considerar que en este periodo de vida los niños ya no se encuentran tan ocupados de la sexualidad; es decir, comienza a quedar atrás su interés por entender la diferencia de los sexos, la preocupación por el propio cuerpo y por el del otro, las dudas por cómo es que nacen los niños o qué es aquello que hacen mamá y papá juntos cuando se van solos a determinado lugar, etc.

Todo esto, que había ocupado la mente del niño en momentos previos, se relega poco a poco y la atención se dirige a nuevos elementos. Cabe destacar que la relación con la sexualidad no desaparece absolutamente. Más bien, las energías que hasta entonces estaban concentradas en este aspecto, se canalizan ahora en el deseo por aprender cosas nuevas, conocer el entorno social e integrarse a algún grupo con el cual el niño se sienta identificado.

Si todo marcha bien en el desarrollo, los chicos comienzan a preocuparse por formar parte de un colectivo con sus compañeros del colegio; se reúnen los niños y las niñas separadamente, a quienes solemos identificar como “el club de Toby” y “el de la pequeña Lulú”. El interés se vuelca ya no sólo en sí mismo o en las personas más cercanas, como mamá y papá; cobran importancia en la mente del niño las maestras, así como otros familiares y personas de su entorno. ¿Cuántos de nosotros no conservamos amigos de la primaria? La amistad adquiere gran trascendencia en este periodo. El niño ahora capaz de preocuparse por el otro y desarrollar un sentimiento de comprensión y empatía. Es en esta época cuando se esbozan las características sociales de un individuo.

Para este momento, los juegos plagados de fantasía e imaginación cederán turno a aquellos en los que se desempeñen diferentes roles (el doctor, la familia), los juegos de mesa y de destreza o los que se realizan en equipo, como el fútbol y otros deportes. La actividad lúdica cambia, se vuelve más compleja. Los niños combinan sus habilidades con el azar, establecen reglas de juego o modifican las que han sido transmitidas de generación en generación, y lo hacen de manera cooperativa o repartiendo roles.

El aprendizaje tiene gran auge pues los niños se sienten ávidos por asimilar y absorber todo aquello que el mundo les ofrece. Se amplían los intereses por el arte, los instrumentos musicales, los idiomas. Adquieren todos los conocimientos necesarios para la vida, “como una caja de resonancia abierta todos los sentidos, como las velas abiertas a todos los vientos, como placa sensible a todos los colores” (Doltó, 1996).

El lenguaje deja de ser egocéntrico y se convierte, de manera paulatina, en el principal medio de expresión y comunicación. Los niños piensan, se vuelven reflexivos y van logrando autonomía; se fortalecen las bases de la propia moral. En este sentido, aparecen nuevos sentimientos éticos, como la honestidad, la justicia y se conforma una organización de la voluntad. En general, el equilibrio afectivo se hace más estable. La acción inmediata se coarta y aumenta el pensamiento.

Durante la latencia, la actividad motriz permite el incremento del aprendizaje a través de la experiencia; se pone la actividad motora al servicio de descubrir y comprobar cómo es el proceso de elaboración del mismo. El cuerpo deja de ser un instrumento privilegiado para la expresión de los estados internos, tanto como se hayan incrementado las posibilidades de expresión verbal. Asimismo, se expanden las habilidades para la expresión artística.

Si bien hemos descrito las características generales de la latencia, no se pretende –menos desde nuestra disciplina– generar la ilusión de un niño universal y teórico. Sabemos con seguridad que siempre encontraremos niños e historias particulares que transitan en contextos familiares y sociales que los hacen únicos.

Resulta de suma importancia estudiar a profundidad la latencia, pues a menudo son referidos a consulta psicológica pacientes que se encuentran en esta etapa de la vida infantil. Un diagnóstico correcto y oportuno facilitará no sólo una adecuada orientación para los padres de familia y educadores, sino que dará al niño la posibilidad de resolver aquello que le aqueja.

 

facebook_terapia_juego

Artículo del Diplomado “Terapia de Juego. Bases y avances en psicoanálisis infantil”
Inicia: 10 de octubre de 2015
Clases todos los viernes de 9:00 a 13:00 hrs.
Duración: 9 meses
Imparte: Dra. Sara Dweck

Se imparte en el Plantel Norte

Av. Cerro de las Campanas 3
nivel 5, San Andrés Atenco
Tlalnepantla, (Periférico/Pirules)

Mayores informes e inscripciones mmercado@centroeleia.edu.mx o al 56612177 ext. 110

Conoce los detalles del Diplomado Terapia de Juego aquí

 

foto_blog_nota_desvios

Sexualidad. Caminos y desvíos

Nota del Taller: Sexualidad. Caminos y desvíos

Por Marta Puig

El psicoanálisis desde sus inicios se ha ocupado de comprender la sexualidad humana y todos los fenómenos que la conforman. En este taller exploraremos la metapsicología de la sexualidad desde la perspectiva freudiana, así como los desarrollos teóricos posteriores, junto con sus apasionantes debates.

La referencia a la sexualidad estuvo presente en la obra de Freud desde sus inicios, pero poco a poco se tornó más compleja. De acuerdo con este autor, la sexualidad tiene su origen en los comienzos de la vida infantil. Esta noción modifica y cuestiona la idea tradicional de que los niños son inocentes y asexuales. Freud entendió que este aspecto humano es muy amplio e incluye varios fenómenos. Si consideramos que la sexualidad consiste únicamente en encuentros sexuales genitales, estamos restringiendo en gran medida nuestra comprensión de ella.

Desde esta novedosa visión, se propone que toda conducta humana está determinada por un estado sexual dentro de la mente, formado por intenciones y motivaciones inconscientes. Esta comprensión metapsicológica de la sexualidad  contempla los diferentes estados emocionales como el odio, el amor, los celos, la envidia a los padres y a los objetos internos.

Freud se dio cuenta también, a través de expresiones en la vida cotidiana y dentro de la clínica, que la sexualidad posee una fuerza, ya que los deseos inconscientes tienden a repetirse y perduran toda la vida; existe una parte infantil en la mente que actúa todo el tiempo sin que nos demos cuenta. Su teoría señala que todas las personas albergamos en una parte muy oculta de nuestra mente un niño dotado de emociones intensas, de deseos sexuales y agresivos.

Por otra parte, es importante señalar que la sexualidad es una condición específica en cada individuo. Esto se debe a que se construye desde muy temprano en la vida, en un entretejido de aspectos constitucionales junto con las vivencias infantiles de cada persona y sus identificaciones.

En el taller explicaremos cómo las fantasías inconscientes, dinámicas y cambiantes alteran nuestra identidad personal y de género. Abordaremos temas como las elecciones de pareja y sexuales, la feminidad y la masculinidad, el erotismo, la creatividad y el embarazo, acompañando la exposición con ejemplos de casos clínicos. Hablaremos también acerca de las investigaciones actuales respecto a la homosexualidad, el lesbianismo y la transexualidad.

La presentación tomará varios puntos de vista entre lo pulsional, la realidad psíquica, las influencias sociales y las identidades culturales.Todas estas temáticas se complementan para explorar el apasionante tema de la sexualidad humana desde el psicoanálisis.

 

Inscríbete al Taller Sexualidad. Caminos y desvíos, aquí.

foto_blog_nota_vicente_lenero

Aportaciones de alumnos. Hipótesis clínica sobre la novela ‘A fuerza de palabras’ de Vicente Leñero

Aportaciones de nuestros alumnos de la Licenciatura en Psicología

En la materia de literatura que cursaron los alumnos de segundo semestre de licenciatura leímos algunos cuentos y novelas que nos permiten percatarnos de que la literatura, dentro de toda la intencionalidad lúdica y la propuesta ficcional que lanza a los lectores, teje intensas relaciones con la psicología al crear personajes contradictorios y, quizás por esta misma razón, tan próximos a la realidad empírica. Por un lado, el alumno Rafael Corominas analiza al protagonista de una novela japonesa, Eguchi, cuyo conflicto se centra entre el erotismo y la vejez, en el ensayo “Aplicación de la teoría freudiana de la personalidad a la obra La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata”; por el otro, Itzifani Navarro escribe un ensayo, entre teoría y ficción, en el que analiza a Enrique, un personaje situado en los confines de la lucidez y la locura en “Hipótesis clínica sobre la novela A fuerza de palabras de Vicente Leñero”. Los rasgos de ambos protagonistas emulan la naturaleza psíquica humana y la representan de manera tan verosímil, que nos hacen pensar que la literatura, esta gozosa fiesta de palabras, es también un personaje que de vez en cuando se vale, ¿por qué no?, recostar en el diván.

 

Ana Sofía Ramírez Heatley

Profesora titular de Literatura II

 

Hipótesis clínica sobre la novela A fuerza de palabras de Vicente Leñero

 

 

Por Itzifani Navarro Torres

 Ser psicoanalista es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia

de que nada es más disparatado que la realidad humana.

Jacques Lacan

 

Introducción

 

Te preguntarás de dónde surge mi ímpetu por este paciente que no es más que ficción: el protagonista de una novela. Pues bien, hace algunos años, cuando cursaba el primer año de la carrera de psicología, leí A fuerza de palabras, la segunda versión de la novela La voz adolorida (1961) del escritor, periodista, dramaturgo, guionista y académico mexicano Vicente Leñero (1933-2014).

Se trata de un texto en forma de monólogo que me envolvió en el apasionante realismo psicológico del que yo estaba obteniendo mis primeras pinceladas. El ejercicio de la lectura me llevó a experimentar el impulso de escuchar y apreciar la historia del protagonista Enrique, y considerarla como una oportunidad exploratoria de lo que me esperaba dentro de unos años en mi consultorio.

Con esta obra, Vicente Leñero coloca al lector en la posición de los que estamos en la búsqueda y el trabajo de la salud mental del individuo y la sociedad. El receptor se encuentra atrapado en una vorágine de sucesos de una vida que parece haber sido sometida al silencio por los personajes cercanos a Enrique, ya fueran reales o producto de su desorden psíquico, asunto que el escritor deja totalmente a la interpretación individual.

En este cauce de palabras y voces internas, que llevan dejos de sinsentido y de cordura, se aprecia el dolor y la angustia que envuelven la infancia, adolescencia y juventud de un Enrique que nunca encontró a la madre imaginada, y que, más bien, se sintió castigado por el yugo de lo único familiar que le quedó: sus tías, amistades y personas añoradas que se mezclan en un torbellino de palabras a lo largo de la historia. En la novela, el monólogo de Enrique se dirige a un oyente que jamás conocemos. En él explica por qué abandonó el manicomio y cómo ha sido su vida hasta entonces: cuál fue su experiencia al haber vivido durante su infancia y juventud bajo el régimen de dos aparentemente insesibles tías dentro de una casa que albergaba el encierro de su madre, sin posibilidad alguna de visitarla.

Es por estos recuerdos peculiares entre pasado y presente, entre ficción y realidad, entre personaje y paciente que decidí tomar este caso. Pues Enrique, mi paciente, se encuentra inmerso en algo tan enmarañado y lleno de perturbaciones parecidas al personaje creado por Vicente Leñero… Te veo la semana siguiente para que analicemos juntos este caso.

 

Enrique

 

Tal como acordamos la semana pasada durante nuestra conversación telefónica, me gustaría platicarte sobre un caso nuevo que llegó a mi consultorio. Estaba terminando de redactar mis consultas del día. La noche era fría y lluviosa; en el sanatorio se percibía un clima particularmente silencioso, parecía que los sedantes ya habían surtido efecto. De pronto comenzó a escucharse barullo en la puerta de traslados y salí a ver qué era lo que estaba pasando.

Recuerdo perfecto cómo entró un aire helado por mis piernas hasta terminar soplando mi nuca, como un susurro anunciante; dos enfermeros lo sujetaban con fuerza. Él solo daba gritos ahogados; pedía regresar a la casa de San Ángel; gritaba con furia que su hijo moriría esa noche si no cuidaba la entrada del sótano. Conforme iba acercándome cruzamos la mirada, pude ver sus ojos. Parecían dos agujeros negros profundos y solitarios, su piel estaba cuarteada, su aliento parecía muerte, sus ropas enjuiciaban ser de otra época. No es que desconfíe de mis habilidades psicoanalíticas, pero al mirar ese rostro tan perdido, recordé cuando estaba en el primer año de la carrera leyendo una novela sobre un personaje psicótico.

Lo pasaron al pabellón catorce, le administraron un sedante, y sus alaridos se fueron extinguiendo en la obscuridad de la madrugada. Al día siguiente, parecía otra persona. Se percibía más tranquilo y lúcido, así que comenzamos nuestras sesiones caleidoscópicas.

El paciente se llama Enrique, llega al sanatorio después de presentar un brote psicótico, aunque él manifiesta que llegó aquí para solicitarme ayuda con el rescate de su hijo. Fue criado por dos de sus tías —Ofelia y Carmen—, ambas solteras. La figura paterna siempre estuvo ausente; su padre murió en un viaje cuando Enrique estaba en la primera infancia. Su madre desarrolló trastorno esquizoafectivo, esto después de la muerte del padre. Solo por periodos convivía con un tío —llamado por el paciente tío Pepe—, quien murió cuando Enrique estaba en la segunda infancia. Esto ocasionó que sus relaciones afectivas se basaran en lo bipersonal, volcando sus deseos solo en la figura femenina.

Primera entrevista

Comenzó pidiendo ser escuchado con atención para que yo pudiera entender el motivo por el cual buscó este encuentro. Desde la edad preescolar, Enrique creó un amigo imaginario llamado Raúl Zetina. Este personaje le ayudó a sobrellevar toda la parte social hasta la adolescencia; recuerda que en la escuela era muy señalado por los niños malos, como él les llamaba, se sentía perseguido y muy criticado.

Enrique comenta: “Para acabar con sus burlas, para poner punto final a los apodos y a las majaderías que se secreteaban con Raúl y que luego Raúl se sentía obligado a confesarme porque al fin y al cabo él era mi niño amigo, empecé a juntarme con ellos, a hacerles y a reírles cuentos que no me daban risa” (Leñero 26).

Para Enrique esta etapa significa una fuerte necesidad de vincularse. Sin embargo, teme la intrusión, el abandono, el rechazo y, por ende, Raúl siempre trataba de calmarlo y calmar a los otros niños tratando de integrar a Enrique. Dentro del cuadro simbiótico que lo caracteriza, lo significativo sería que representa la naturaleza de sus propios vínculos. Es decir, él piensa que es nada para nadie, de ahí, el sentir la mirada persecutoria de su familia y compañeros simboliza la fantasía del Yo de ser atacado por todos.

En la adolescencia, este amigo imaginario que solía cuidar sus heridas se fue convirtiendo en un personaje persecutorio y ambivalente, al grado de que conceptúo una escena de abandono: Raúl lo corre de su casa por instrucción de la suegra, dejándolo a la deriva. A partir de entonces ya no vivió a este personaje como una ayuda, sino como un ojo crítico que lo llevaba a estados paranoides.

En el caso de Enrique, las perturbaciones psicóticas se fijaron en la etapa temprana del desarrollo. Es evidente la ruptura total del Yo, proyectando así la parte destructiva y odiada en su estructura psíquica, lo que hace que se perciba como un peligro para el objeto amado, y por lo tanto, origina la culpa.

Segunda entrevista

Enrique entra súbitamente sujetado por uno de los enfermeros, se nota un tanto molesto, pero está más ávido por seguir hablando.

La sesión se dirige inmediatamente a la vida con la mamá. La madre fue totalmente ausente y creada desde un constructo imaginario. El pequeño Enrique fue agredido física y verbalmente desde el momento en que su madre se desvaneció en los sueños profundos de las alucinaciones. La custodia se encontraba a cargo de sus dos tías: Ofelia —una señora que él describe como poco tolerante, cero amorosa y amargada a causa de no haber conocido el amor—. Enrique comenta: “Tía Ofelia era tan mala como las mujeres más malas del mundo” (Leñero 56).

Para la infancia del paciente, esta tía fungía como la representación de la madre malvada; la que lo abandonó, la que no tiene muestras de cariño, la que no se preocupa por saber cómo se siente, qué lo está confundiendo, sino todo lo contrario: lo castiga, incluso a altas horas de la noche, lo trata de mantener distante y continuamente destaca sus errores.

De su tía Carmen, Enrique suele mostrar vestigios de cariño, un cariño matizado por la identificación hacia un odio por la madre mala. El paciente relata cómo la influencia ruin y desmedida de tía Ofelia mermó la autonomía de tía Carmen, sucumbiendo ante los chantajes, al grado de perder al amor de su vida, convencida por ésta de que no estaba a su altura y no tendría ningún futuro con él.

No menciona en qué momento pasó, Enrique solo sabe que poco a poco se dio cuenta de que su madre vivía enclaustrada en una habitación de la casa, y que no podía verla aun cuando anhelaba estar entre sus brazos, imaginando lo hermoso de su rostro. Esta prohibición le generaba niveles de angustia intolerables. Para Enrique era importante que su mamá fuera como una fotocopia de la profesora que tuvo cuando asistía al colegio (Miss Eugenia), pero no solo modificando el aspecto externo, sino también entraba en juego el aspecto emocional, así como los afectos que se adhieren al caso.

En el caso de Enrique percibo una tendencia fuerte al funcionamiento psicótico, resultado de una clara identificación con la psicosis materna, así como una falta en el vínculo con ésta.

Tercera entrevista

Enrique se muestra decepcionado, confundido y muy molesto al entrar al consultorio. Le pregunto qué es lo que pasa, y con un tono de voz rencorosa y fría me responde que no valió la pena el viaje hasta aquí, pues la ayuda que me solicitó no ha llegado y es probable que su hijo ya esté muerto.

Lo insto a hablar del tema, le pido que me explique qué es lo que pasa con ese hijo; comienza una historia de amor con una mujer llamada Isabel Huerta, una mujer de apariencia física más grande que él, vestida de luto cuando la conoció, de carácter afectivo y tierno. Lo escuchaba hablar y comprendía por qué se sentía enojado o triste, pues ella también había tenido una infancia dolorida. Al poco tiempo se casaron y tuvieron un hijo.

Enrique comenta: “Yo no podía acompañarla porque estaba en cama, con fiebre, encerrado allá arriba en mi cuarto. Isabel se acercó. Voy a salir, me dijo. ¿A dónde vas?, le dije. A ver al doctor porque la criatura va a nacer muy pronto…salió del cuarto y no volví a verla” (Leñero 151).

Enrique menciona que su hijo sí vivió pero que siempre estuvo enfermo, y desde que se recuperó, sus tías lo tienen encerrado en el sótano.

Para Enrique, el momento de crear un mecanismo de idealización con la madre se vio truncado por su ausencia, y aunque trató de reflejarlo con la creación de una mujer buena, en este caso Isabel, se realizó de forma patológica, lo que le impide defenderse de ansiedades persecutorias. Entonces, si el objeto no fue perfecto ni poseía todo, se destruye y ataca al Yo (ansiedad persecutoria) —el Yo tiene que preocuparse por él y preocuparse por repararlo (ansiedad depresiva)—.

El surgimiento de Isabel fue un mecanismo masoquista que revivió el abandono y la muerte de su madre dejando al hijo —donde se ve proyectado Enrique— solo y desprotegido física y emocionalmente. Ahora ese hijo está atrapado en el sótano que Enrique describe como “un lugar horrible, una cárcel, manicomio sin luz, que es muy grande, mal ventilado, sucio y lleno de voces, voces por todas partes que persiguen y atormentan a su infeliz morador” (Leñero 135).

Este sótano es la representación de la psicosis sobre el Yo que le atormenta y, que su ruptura psíquica le impide abrir y explorar.

¿Y tú qué opinas acerca de este paciente?

 

Bibliografía:

Asociación Americana de Psiquiatría. Guía de Consulta de los Criterios Diagnósticos del DSM-5. España: Editorial Médica Panamericana, 2014.

Brown, Cynthia y Maricela Vargas. “Capítulo II. Psicoanálisis y Esquizofrenia.” Creciendo con la Esquizofrenia de mi Madre. Tesis de Maestría. Centro ELEIA; México, D. F., 2000.

Leñero, Vicente. A fuerza de palabras. México: Fondo de Cultura Económica, 2002.

 

Consulta el artículo Aplicación de la teoría freudiana de la personalidad a la obra “La casa de las bellas durmientes” de Yasunari Kawabata aquí.