Archivos mensuales: mayo 2015

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El despertar sexual en la adolescencia

Por Muriel Wolowelski

La pubertad es una época en la que ocurren intensos cambios corporales (anatómicos, endócrinos y fisiológicos). Estos cambios se acompañan de un gran revuelo emocional que se va a ir tramitando en un período posterior, durante la adolescencia.

La pubertad y la adolescencia son dos momentos turbulentos de la vida sexual que desembocan en un ajuste entre los grandes cambios del cuerpo y la vida mental.

Las oscilaciones son abruptas y el desarrollo sexual nunca es lineal, como tampoco lo son los desarrollos emocionales en la vida. Sin embargo, –y con un afán de claridad en la exposición– se plantea una secuencia ordenada de sucesos acompañados de diversas fantasías propias de la vida mental.

Freud ubica la fase de latencia (entre los seis y once años) como un lapso intermedio entre el desarrollo de la sexualidad infantil y su reaparición posterior con el advenimiento de la pubertad. La describe como un momento de receso donde se observa una disminución de las manifestaciones sexuales provocado, en gran medida, por la aparición de las defensas denominadas “diques psíquicos” (represión, sublimación, formación reactiva).

¿De qué hay que defenderse? De la sexualidad infantil, cargada de fantasías incestuosas expresadas hasta el momento por el niño en variadas actividades sexuales. Es un período de “tranquilidad” (no de ausencia sexual) en el que la mente infantil puede reunir fuerzas para desarrollar de nuevas funciones psíquicas.

Los latentes suelen dividirse en dos grupos definidos por género: los varones organizan el club de fútbol, mirando con desprecio a las niñas que se reúnen en actividades como danza o manualidades. Los niños son “brutos” para ellas; las niñas son “bobas” para ellos. Un latente me contaba con alivio: “¡Menos mal que me puse la ‘vacuna anti-niñas’ porque una niña me tocó hoy en la escuela!”. Con sorpresa le dije: “Pero tu mamá también es una niña” y él respondió, muy seguro en sus cabales: “¡Nooo… mamá es Mamá!”.

La tarea central de esta fase es separarse de los padres edípicos, junto con la consolidación del superyó y las capacidades yóicas. Los niños emplean métodos obsesivos para evitar las fuertes ansiedades que despierta la sexualidad. Los latentes pueden dedicarse a coleccionar objetos, acumular información de memoria; lo prohibido aparece muy delimitado respecto a lo permitido y el pensamiento concreto prevalece, aplastando la imaginación.

La pubertad (alrededor de los 10 a los 15 años) trae aparejada un cúmulo de emociones turbulentas. Es un tiempo de arrebatos corporales, confusión y desorientación. El joven ha crecido y su cuerpo se transforma, es como si estuviera poseído por invasiones novedosas, inesperadas, de procedencia desconocida. Se vuelve continente de un cuerpo que cambia de forma acelerada, tanto así que la imagen que había construido de sí mismo no coincide con lo que el espejo refleja. Desconoce su apariencia, sus pensamientos, su fantasía y se introduce en una lucha que lo conmociona. Los mecanismos anteriores ya no le funcionan. El cuerpo y la sexualidad se vuelven los protagonistas. Más que un momento de transición, pensaría que es una circunstancia necesaria y significativa en el desarrollo de la vida mental.

Una característica propia de este período es la actividad masturbatoria y la fantasía que la acompaña. Aparecen manifestaciones de suma importancia, como la menstruación en la joven y la primera eyaculación en el varón; ambas situaciones representan conflictos emocionales que requieren elaboración. Para la mujercita, habrá una gran diferencia entre la “información” que cuente sobre la menarquia y la experiencia de la misma en su propio cuerpo, junto con su comprensión mental. Klein describe intensas ansiedades persecutorias y fantasías de destrucción del propio cuerpo, como consecuencia de los ataques perpetrados al cuerpo de la madre por los intensos sentimientos de envidia. Asimismo, las actividades masturbatorias pueden provocar fuertes sentimientos de culpa.

En el varón también aparecen sentimientos de culpa por la masturbación, contrarios al alivio de ansiedad que pretendía alcanzar. La ambivalencia caracteriza este momento tan central, dado que los sentimientos que surgen son opuestos: desean tener relaciones sexuales, pero al mismo tiempo se encuentran muy temerosos de ellas, la ansiedad de castración acecha. Por ejemplo, Laufer cuenta el caso de un chico muy perturbado que en la pubertad se masturbaba “sin sentir nada en su pene”. Aunque esto le preocupaba, también sentía cierto alivio dado que, según él: “el cuerpo es el cuerpo y no tiene nada que ver conmigo”. Surgen ansiedades muy intensas respecto a lo que el cuerpo representa y se despierta un temor muy grande por la intensa culpa que provocan.

Los cambios corporales que suceden durante la metamorfosis de la pubertad son causa de una crisis generalizada en la imagen del cuerpo. El cuerpo infantil, ya desaparecido, da lugar al conocido duelo que con su elaboración permite acceder a una nueva sexualidad. Esto implica un trabajo mental, donde se logre la integración del cuerpo y las vivencias infantiles con el nuevo cuerpo adulto, consiguiendo el acceso a otros estados mentales. La capacidad para alcanzar las metas sexuales adultas dependerá en parte de factores externos pero, principalmente, de elementos internos como la tolerancia al dolor psíquico, pensar las emociones y el incremento de la confianza en las cosas buenas y saludables que puedan alcanzarse en la vida.

 

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El azar en psicoanálisis

Sinopsis del libro de la autora

Araceli Rivera García, Doctora en Clínica Psicoanalítica (Centro Eleia)

Editorial FUNDAp, 2013.

 

Freud como descubridor del inconsciente y creador del psicoanálisis; Klein innovando con su propuesta de las posiciones ezquizo-paranoide y depresiva; Lacan con su estudio del sujeto; todos estos autores han analizado y explicado desde su perspectiva la conformación del sujeto, o sea, su constitución psíquica y, por lo tanto, subjetiva del ser humano. Sin embargo, tales propuestas teóricas se han realizado generalmente con un enfoque determinista, matiz que impregna la estructura teórica del psicoanálisis y que parece no dar cabida a la noción del azar.

Todas las formaciones del inconsciente –llámense sueños, síntomas, olvidos, equivocaciones, chistes, lapsus– contienen parcialmente un deseo no explícito, que se trasmite por medio de la identificación, espacio donde podríamos localizar la participación de lo azaroso. El síntoma, por su vínculo con el deseo, nos motiva a buscar la explicación de su origen: ¿por qué el sujeto desarrolla una clase de síntoma y no otro?, ¿se trata de una elección determinada por diversas razones o es producto del azar? Dentro del psicoanálisis se han estudiado ampliamente los factores que provocan y rodean las manifestaciones sintomáticas, en un intento por conocer sus causas, su dinámica, su ganancia secundaria, etc. No obstante, estas investigaciones no contemplan la posible relación que el azar tiene en dicho procedimiento.

En la clínica psicoanalítica podemos observar cómo dentro del discurso del analizante nos tropezamos una y otra vez con producciones transferenciales, cuyo efecto a través del acto psicoanalítico involucra tanto al analista como a su paciente en las vicisitudes del inconsciente. Es ahí, en el espacio íntimo y singular de la sesión –momentos únicos y privilegiados– donde el sujeto surge para reconocerse, con sorpresa e incertidumbre, como un escenario en el que también hace su aparición el azar.

En esta obra se propone la necesidad de cuestionar la determinación inconsciente: un destino en el que los “dados están cargados” biológica y psíquicamente, según Dolto; un destino donde el inconsciente determina pulsionalmente al sujeto, según Green. La intención es procurar una aproximación a los orígenes, un encuentro inesperado que se suscita gracias al síntoma, como producto de la repetición de lo diferente, que se genera al azar.

La provocativa pretensión de este libro es introducir el concepto de azar como una causa que crea efectos en la estructuración psíquica del sujeto. Se busca desmitificar la determinación del inconsciente, bajo el argumento de que la intervención del azar impide las definiciones mentales específicas, con lo cual sus posibilidades y capacidades creativas permanecen ilimitadamente abiertas. El objetivo es que podamos reconocer y evaluar las implicaciones que esta noción conduce a la investigación teórica y, a su vez, las repercusiones que surgen para la técnica psicoanalítica.

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¿Amor? ¿Enamoramiento? ¿Dolor?

Por Ingela Camba

La vida del ser humano está habitada por el trinomio amor-desamor-odio. Con el psicoanálisis esta consideración va aún más allá, puesto que la mente misma se construye desde el amor y el odio. En la sesión analítica, como reflejo de la vida humana, se escucha acerca de y se viven esas emociones. Como lo plantea Kristeva (1986): “El sujeto recurre al análisis a causa de una falta de amor. Y es mediante la restitución de la capacidad amorosa en el vínculo transferencial –antes de tomar distancia del mismo– como conduce su experiencia analítica.”

Respecto a este tema, encontramos en términos coloquiales conceptos como el amor y el enamoramiento. Para poder pensarlos es necesario hacer algunas puntuaciones. Por un lado, el enamoramiento es un estado emocional altamente valorado por el ser humano, ya que acompaña a todo el ser, lo atraviesa por completo –el psiquismo perforando un cuerpo–, podría decirse que casi se siente físicamente.

Freud (1914: 2018-29) en Introducción al Narcisismo describe cómo “la libido objetal nos parece alcanzar su máximo desarrollo en el amor, el cual se nos presenta como una disolución de la propia personalidad en favor de la carga de objeto.” Es decir, la persona enamorada parece empequeñecerse, mientras que el sujeto amado es sobrevalorado, como resultado de la libido (esta energía de vida no exenta de sexualidad) que se deposita de manera masiva en ese otro.

El amor como emoción y el amor como vínculo

Cuando hablamos de enamorarse, estamos hablando la mayoría de las veces de la emoción que acompaña el vínculo. Para Otto Kernberg (1995): “la capacidad para enamorarse es un pilar básico de la relación de pareja [pues] supone la capacidad para vincular la idealización al deseo erótico y el potencial para establecer una relación objetal profunda…”. El vínculo es la relación en sí, es el amor mismo. El vínculo se expresa de muchísimas formas: los miedos que lo acompañan, los gestos que lo acercan y el dolor que parece que no cicatriza.

Es común que las personas en una relación amorosa se angustien cuando dejan de sentir la emoción del enamoramiento, como si esto marcara el fin del amor. El hecho de que la emoción inicial se desvanezca, no debe significar que acabó la poesía. La emoción muda de forma pero lo que permanece ahí es el vínculo. El amor está transformado o representado de otras maneras probablemente menos bellas y sublimes, como el control, la identificación, la ambivalencia, los celos, la rivalidad, etc.

Quien más te quiere, ¿te hará sufrir?

El vínculo con el otro está determinado por la propia estructura y es en las relaciones más significativas que se despliega lo más profundo del ser. Es decir, dan muestra de la manera como uno se relaciona y se entiende con el mundo. Desde este punto de vista, la relación puede ser controladora, cruel, absorbente e identificatoria, de envidia, de gratitud, de reconocimiento, con ansiedades de separación o cualquier combinación de estas modalidades.

En ese sentido, la mente inconsciente es poco libre y, además, no reconoce su falta de libertad. Por eso el psicoanálisis es fundamental para eliminar la rigidez de los patrones que uno no conoce de sí mismo. Retomando a Kristeva (1986): “A partir de ser el sujeto de un discurso amoroso durante los años del análisis, toma contacto con sus potencialidades de transformación psíquica, de innovación intelectual e incluso de modificación física (…) el espacio analítico es el único lugar explícitamente designado por el contrato social en donde hay derecho de hablar de las heridas y de buscar nuevas posibilidades de recibir nuevas personas, nuevos discursos.”

En ninguna de estas relaciones queda fuera del psiquismo ni la pasión ni la intensidad de los sentimientos, pero su expresión si puede variar. En ocasiones una corriente tan intensa pero contraria se apodera de toda la emocionalidad y la cubre apareciendo algo parecido a la inhibición o un aplanamiento afectivo. El sujeto puede pensar que no se interesa por nada, cuando se trata en realidad de la mente defendiéndose de su propia pasión.

¿El fracaso de la relación se debe a una mala elección de pareja?

Otro tema clave es el de la elección de pareja, pues en este aspecto hay muchos rasgos narcisistas. La otra persona puede ser elegida porque tiene lo que a uno le falta, porque su presencia podría completar algún ideal sobre nosotros mismos o coincide con la vida que creemos necesitar cumplir –éxito, inteligencia, belleza, status, conocimiento, fuerza, etc.–.

Además, cuando escogemos al “otro”, esta elección se encuentra determinada en su mayor parte por lo que cada persona es, no tanto por lo que el “otro” es. Hay una proyección inconsciente en lo que buscamos de los otros y esto ocasiona que pongamos en ellos expectativas de realización propias. De aquí, podríamos imaginar cómo sigue la historia, porque en primer lugar la elección de la persona es producto de elementos inconscientes.

Conviene distinguir otro tipo de elección de objeto, cuando, por ejemplo se realiza pensando más en un papá que cuida o en una mamá que consiente y alimenta con detalles. Ciertamente, esta forma de seleccionar parece pertenecer más al orden de lo edípico y da muestra de una preocupación mayor por el vínculo con el otro, que por la proyección de fantasías propias. Se trataría de un amor en mayor relación con el otro, que con uno mismo.

No hay amor perfecto, ni hay posibilidad de planificar el amor dentro de un vínculo. Pero quizá si cabe preguntarse: ¿Cómo amamos? ¿Reconocemos desde qué lugar se escoge al compañero? ¿Hay algún tipo de vínculo al que no podemos renunciar?

Referencias.

  • Freud, S. (1914). “Introducción al narcisismo”. En, Obras Completas, tomo II. Barcelona: Biblioteca Nueva, 1980.
  • Kernberg, O. (1995). Relaciones amorosas. Normalidad y patología. Buenos Aires: Paidós.
  • Kristeva, J. (1986). Al comienzo era el amor. Psicoanálisis y fe. Buenos Aires: Gedisa.

 

 

 

 

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Una mirada psicoanalítica de la depresión

Una mirada psicoanalítica de la depresión como respuesta a situaciones de pérdida y ansiedad

Artículo de las Jornadas Clínicas 2015

Por Carmen Islas

En la actualidad se tiende a ver la depresión como una enfermedad ocasionada únicamente por factores biológicos, curables por medio de determinados medicamentos. La creencia entonces es que debe eliminarse, o sea, curar a la persona lo antes posible para que vuelva a ser productiva, feliz y bien adaptada socialmente, sin considerar las consecuencias. Es un hecho que los factores biológicos inciden en estos problemas pero no debemos descartar las historias personales.

La experiencia de la pérdida se ha visto más como una descripción de conductas externas que de la complejidad de la persona que la sufre. En el psicoanálisis nos interesa comprender el problema desde una perspectiva individual, explorar la vida interior de la persona y cómo cada quien responde de forma distinta a las experiencias de pérdida y separación.

A veces no somos concientes de nuestras experiencias de pérdida y de cómo forman parte de nuestra condición humana. El concepto de duelo descrito por Freud en 1917, así como las ideas de Abraham y Klein sobre el tema, son excelentes estudios que aportaron ideas sobre la vida psíquica. La pérdida de un objeto no se refiere sólo a la muerte de un ser querido, sino a la separación o pérdida de cualquier objeto que haya tenido un valor significativo para la persona, como ideales, lugares, posesiones, incluso puede ser que el objeto permanezca en la realidad, pero que nuestro vínculo con él haya cambiado. El duelo consiste en el proceso por el cual aceptamos la separación del ser amado que hemos perdido. El dolor es el sentimiento que surge ante la pérdida y el duelo es el modo como lo procesamos. Estas son algunas ideas que nos pueden ayudar a comprender cómo se pasa por dicho proceso.

Después de estos autores, ha habido numerosas contribuciones al tema. Darian Leader en 2011 escribió un libro acerca del duelo, la melancolía y la depresión, titulado La moda negra. En esta obra trata de diferenciar entre el dolor y el duelo. El autor considera que debemos de pasar por algunos aspectos del duelo para reconocer que el trabajo de pensar profundamente sobre el dolor se está realizando. Si no, podemos permanecer estancados y, más que resolverlo, desarrollar una melancolía.

Detrás de sentimientos depresivos podemos encontrar experiencias profundas de pérdidas que nunca fueron concientes. Una mujer de mediana edad que vivió deprimida hasta que llegó a análisis, pudo reconocer lo mucho que le afectó el hecho de haber sido criada por una nana y no por su madre, quien tenía que cuidar de otros hijos y lidiar con un marido alcohólico.

Leader utiliza varios ejemplos para explicar el proceso del duelo. Entre otros, menciona el del gran escritor Edgar Allan Poe, quien a los tres años perdió a su madre. Pasó toda la noche junto con su hermana pequeña y el cuerpo de la madre fallecida, hasta que un benefactor de la familia lo encontró. En su obra literaria vuelve una y otra vez a la imagen de la mirada en blanco de la difunta; la proximidad de la muerte está por todas partes como un esfuerzo por completar su duelo. Sin embargo, más que alejarse de la madre, su presencia se hizo cada vez más real, a pesar de sus intentos por pasar el horror de lo que había sucedido al nivel simbólico a través de su escritura. Esto demuestra que cuando las pérdidas no se asimilan pueden tener efectos durante toda la vida.

La técnica analítica nos permite acceder a los recuerdos, pensamientos y fantasías acerca de la pérdida y ver cómo se ligan a otros aspectos inconcientes de la niñez y de la vida posterior. Mecanismos como la identificación con el objeto perdido repercuten en la salud, produciendo enfermedades psicosomáticas o accidentes.

El analista se convierte en un buen compañero durante el proceso del duelo, pues con su ayuda, la persona que sufre puede acceder a su propia respuesta a la pérdida. Leader piensa que el arte es una manera de alcanzar lo irrepresentable, incluyendo el sentimiento doloroso ocasionado por las pérdidas. Funciona como un puente entre los objetos y el lenguaje que los nombra y una vía para elaborarlas.

Las ideas de este autor y de otros psicoanalistas contemporáneos serán abordadas en las Jornadas Clínicas del Centro Eleia 2015: “Conflictos, pérdidas y angustias depresivas en los vínculos intersubjetivos”, que tendrán lugar el próximo 5 y 6 de junio.

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Perspectivas sobre la realidad

Por Andrea Méndez

 

Arquitecto de aquellos mundos,

encauzaba a mi voluntad

grandes océanos domados

bajo túneles de cristal.

Baudelaire

 

Partiendo de la idea de que no existe una única y verdadera versión de lo real, este artículo pretende mostrar cómo el tema de la realidad ha sido cuestionado a lo largo del tiempo. En un mundo en el que gobierna la incertidumbre, donde no existe utopía alguna o promesa de un futuro mejor, el ser humano ha tratado de encontrar la manera de explicar la realidad, su realidad.

Esta búsqueda ha ido evolucionando a lo largo de la historia, desde la época de los griegos, donde lo más importante consistía en ser un buen ciudadano, hasta la actualidad donde lo que reina es el individualismo. Para muchos autores, el pensamiento griego es la base de la razón y, por tanto, del sentido de realidad, ya que fueron los primeros en cuestionar públicamente su existencia y su relación con el mundo circundante. Se pensaba que el papel que cada quien cumple como ciudadano, refleja en parte la realidad que vive.

Posteriormente, en la época medieval, el hombre seguía tratando de conservar la armonía social. Desde el nacimiento, cada sujeto sabía lo que tenía que hacer durante toda su vida: si nacía en una familia de zapateros, se dedicaría a arreglar zapatos. Al parecer, su realidad estaba construida desde el momento de nacer (Rawls, 2001).

Con el Renacimiento hubo un cambio de lo fijo al mundo de la posibilidad. Es decir, cada quien labra su destino. Al abrirse múltiples opciones para que cada persona cree su camino, al percibir el mundo como infinito, el hombre se enfrenta a la incertidumbre de su futuro y de su función en la vida. El mundo ya no tiene un “límite preciso”, según Villoro (1992), si no que se encuentra frente a un abanico interminable de posibilidades que despiertan inseguridad.

Sin embargo, este cambio en la percepción no sólo trajo dudas e incertidumbre, sino también la preocupación por sus propios deseos e intereses. En general, los postulados anteriores al pensamiento posmoderno hablaban de la realidad relacionándola con situaciones externas objetivables, pero se puede encontrar la excepción aún durante el periodo positivista, tiempo en el que Freud desarrollaba su teoría psicoanalítica con dos postulados básicos: la existencia del inconsciente y de la sexualidad desde periodos infantiles.

Freud luchó porque el psicoanálisis fuera reconocido como una ciencia por la sociedad del siglo XIX, donde dominaba el modelo positivista. Para ello, en un principio, pretendía demostrar que el psicoanálisis era capaz de dar cuenta de una realidad objetiva y verificable empíricamente: la del pasado de sus pacientes como determinante de sus patologías actuales. Creía que a través del tratamiento psicoanalítico se puede llegar a dilucidar qué es lo que en realidad le había ocurrido al paciente.

Freud descubrió que lo psíquico no era sólo lo consciente; consideró que lo inconsciente es un sistema con su propio modo de funcionamiento. Decía que el analista tiene que colegir lo olvidado, construirlo, como un trabajo similar al del arqueólogo, sólo que el analista trabaja en mejores condiciones, ya que dispone de más material porque el objeto al que se dirige todavía está vivo (Freud, 1937).

Al no ser algo tangible o de fácil acceso, el estudio del inconsciente se torna algo complejo. Para trabajar con él, fue necesario establecer un diálogo con el paciente, donde sus relatos y la observación de su comportamiento en las sesiones sirvieran al analista como material de interpretación. De hecho, en las sesiones analíticas, el paciente continuamente traduce su experiencia en discurso. Sólo el discurso puede conformar y dar una estructura definida a la experiencia.

Freud no fue el primero en hablar sobre los sueños, ya que a lo largo de la historia estos han despertado una gran curiosidad en los seres humanos, por su capacidad para representar una realidad diferente a la de la vigilia. Para el psicoanálisis, los sueños representan una realidad estructurada de manera distinta y poseen un peso importante, ya que son el medio por excelencia como se manifiesta el inconsciente, junto con los lapsus (errores en el discurso), los actos fallidos (aparentes errores en la conducta), entre otros.

Hasta ahora se habló específicamente desde Freud. Será necesario más espacio para explicar posteriormente las propuestas de otros analistas, quienes afirman que el mundo y la realidad del individuo se pueden entender a partir de la realidad externa, lo fenomenológico, lo objetivo. Del mismo modo, sería oportuno tomar en consideración a aquellos autores que piensan que lo interno –las fantasías y lo subjetivo– es lo que llena de significado al mundo externo.

 

Referencias:

– Etchegoyen, H. (2005). Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires: Amorrortu.

– Freud, S. (1937). “Construcciones en el análisis”. En Obras completas, tomo XXIII. Buenos Aires: Amorrortu.

– Rawls, J. (2001). “Introducción: La filosofía moral moderna, 1600-1800”. En Lecciones sobre la filosofía moral. Barcelona: Paidós.

– Villoro, L. (1992). “Introducción”; “La pérdida del centro”; “La idea del hombre”; “Características del pensamiento moderno”; “La crisis de la modernidad”. En, El pensamiento moderno, filosofía del Renacimiento. México: El Colegio Nacional / Fondo de Cultura Económica.

Libros de nuestros maestros

Conoce las publicaciones de nuestros fundadores y profesores del Centro Eleia. Algunos de ellos están a la venta.

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Conflictos, pérdidas y angustias depresivas en los vínculos intersubjetivos

Eleia editores (2016)

Autores: Yolanda del Valle, Carmen Islas, Bárbara Sánchez-Armass, Alba Pérez-Ruiz

En esta nueva publicación del Centro Eleia presentamos los casos clínicos acompañados de distintas interpretaciones sobre los mismos, así como las ponencias teóricas que formaron parte de las Jornadas Clínicas 2015, Conflictos, pérdidas y angustias depresivas en los vínculos intersubjetivos, fue un tema que se propuso como eje de dichas actividades, de cuya lectura seguramente ustedes disfrutarán, tanto por la riqueza y solidez conceptual de los puntos de vista expuestos, como por la variedad de corrientes psicoanalíticas de las que se valen diferentes expositores para fundamentarlos.

 

 

Sobre el psicoanálisis contemporáneo
Editorial Paidós (2013)
1a. edición
Autores
Celia Leiberman y Norberto Bleichmar

En El psicoanálisis después de Freud (1989), así como en Las perspectivas del psicoanálisis (2001),  Celia Leiberman y Norberto Bleichmar  trazaron un panorama de las principales teorías psicoanalíticas con un enfoque pluralista y reflexivo respecto de las escuelas y los pensadores más creativos a lo largo de casi un siglo de existencia de esta disciplina.

Ahora en Sobre el psicoanálisis contemporáneo registran los cambios más relevantes ocurridos en las dos últimas décadas: las teorias que surgen, las que permanecen, los cambios en la clínica, así como las distintas situaciones culturales y sociales que inciden en estos desarrollos. Interlocutores de estos diálogos psicoanalíticos son los analistas franceses André Green, Jean Laplanche, Piera Aulagnier, Joyce McDougall, y las escuelas intersubjetivista y relacionalista, que en los Estados Unidos han tomado el lugar que antes ocupaba la psicología del yo.

El análisis crítico de las evoluciones producidas en la técnica psicoanalítica actual, y la reflexión sobre los cambios más significativos en el movimiento psicoanalítico se presentan de manera didáctica, en un estilo ágil y ameno, en un libro que muestra con entusiasmo cuán fecundo y creativo es el psicoanálisis —el clásico y el contemporáneo—, formado por una interesante cantidad de teorías que constituyen un método de intensa potencialidad.

 

Psicosomática actual: teorías y enfoques clínicos
Eleia editores (2014)

Autores: 

Catherine Goetschy

Carolina Martínez

Conrado Zuliani

Norberto Bleichmar

Celia Leiberman

 

En este libro, el lector encontrará un conjunto de reflexiones sobre el tema de la psicosomática, que se han planteado desde las vertientes más recientes del psicoanálisis. Estas aportaciones para el trabajo terapéutico son discutidas en mesas de intercambio clínico, sobre historiales de pacientes con diversas patologías que involucran el cuerpo y la mente. Varios psicoterapeutas dialogan sobre ciertos momentos del tratamiento analítico de seis pacientes que sufren las manifestaciones de algunas enfermedades en las que se observan las intrincadas relaciones entre el cuerpo y la vida mental.

 

 

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El psicoanálisis después de Freud
Editorial Paidós (1989)
7a. reimpresión

Autores

Norberto Bleichmar y Celia Leiberman.

Un clásico en la docencia universitaria y en el entrenamiento de terapeutas, tiene una parte dedicada a la explicación  de las principales escuelas psicoanalíticas postfreudianas. Otros capítulos comentan y analizan críticamente qué aportó cada escuela, sus avances y problemas. También se estudian aspectos epistemológicos del psicoanálisis y temas controversiales como la relación naturaleza-cultura.

 

 

 

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Las perspectivas del psicoanálisis
Editorial Paidós (2001)

Autores
Celia Leiberman y Norberto Bleichmar

Fruto de treinta años de reflexión, el libro es un fascinante recorrido por temas fundamentales como: la sesión psicoanalítica, los progresos de la técnica, los resultados y la terminación del tratamiento analítico, el análisis de los sueños, la historia del psicoanálisis, el diagnóstico y la psicopatología, lo psicosomático, así como los modelos teóricos y clínicos actuales. Todo el texto tiene una voluntad terapéutica.

 

 

 

 

La mente en desarrollo. Reflexiones sobre clínica psicoanalítica
Editorial Paidós. Biblioteca de Psicología Profunda (2011)

Autora
Elena Ortiz

La mente en desarrollo. Reflexiones sobre clínica psicoanalítica es un libro que expone cómo se comprende el progreso emocional desde la perspectiva psicoanalítica. Frecuentemente, el mundo de conceptos psicoanalíticos intimida por lo vasto y complejo, en el estudio de la disciplina puede perderse de vista el objetivo central del trabajo clínico. Este texto es un llamado a tener clara y presente la meta del quehacer psicoanalítico y psicoterapéutico: la evolución mental.

 

 

 

Lo psíquico: Fantasía, Fantasma y Realidad
Eleia Editores (2011)

Autores
Gabriel Espíndola
Elena Ortiz
Alma Toledo
Gabriela Turrent
Norberto Bleichmar

Las Jornadas Clínicas llevadas a cabo en mayo del 2011 tuvieron como finalidad reflexionar sobre nuestra actividad como psicoanalistas y psicoterapeutas. Se estableció un foro de estudio e investigación entre colegas así como un espacio de diálogo interdisciplinario donde especialistas en neurociencias y literatura hablaron sobre temas de interés para el psicoanálisis.
Lo psíquico: Fantasía, Fantasma y Realidad fue el título de estas exitosas Jornadas donde a lo largo de día y medio tuvieron lugar mesas de discusión sobre casos clínicos y conferencias teórico-clínicas. En el presente texto, el lector podrá apreciar el trabajo desarrollado y el pensamiento no sólo de los más destacados profesores del Centro Eleia sino también de especialistas en temas relacionados con el estudio de la vida mental.

 

Jornadas Clínicas: Inconciente y Transferencia
Eleia Editores (2007)

Autores
Norberto Bleichmar
Catherine Goetschy
Carolina Martínez y Marta Puig

El Centro Eleia, dedicado exclusivamente a la psicología en México, presenta esta obra que contiene los diálogos de las Jornadas Clínicas realizadas en junio de 2007 con el tema Inconciente y Transferencia.

En ella aparecen los historiales clínicos de pacientes con diferentes problemáticas: un niño, un adulto mayor, una adolescente neurótica, otra fronteriza y personas con trastornos sexuales, de personalidad y de carácter. Los casos de estos pacientes fueron estudiados en mesas redondas donde participaron analistas con diferentes enfoques teóricos y técnicos.

En las Jornadas prevaleció un clima de libertad, respeto y pluralidad tan esenciales en nuestra disciplina, así como en la convivencia profesional y humana.

La lectura de estas apasionantes discusiones puede ser muy instructiva para el terapeuta o el estudiante. Estamos seguros de que quien lea cuidadosamente este libro mejorará su habilidad terapéutica y de comprensión de la psicología humana.

A Norberto Bleichmar, Catherine Goetschy, Carolina Martínez Salgado y Marta Puig nos resultó
una tarea muy grata organizar estas Jornadas y deseamos transmitir la riqueza contenida en los comentarios de los colegas que nos acompañaron.

 

Psicología
Editorial McGraw-Hill Interamericana (2007)

Autora
Eva Marcuschamer

Es un importante libro cuyos temas y secciones están pensados para proporcionar al lector una visión panorámica de la psicología.

 

 

Diálogos clínicos en Psicoanálisis
Eleia Editores (2005)

Autores
Norberto Bleichmar
Celia Leiberman
Elena Ortiz
Ana María Wiener
Contribuciones de Carlos Moguillansky

Libro de las Jornadas del XV aniversario del Centro Eleia. La nueva tradición psicoanalítica discutida en mesas redondas con analistas pertenecientes a diferentes instituciones, todos ellos calificados en la utilización de diversos modelos teórico-clínicos.

 

Actualizaciones en psicoanálisis
Eleia Editores (1993)

Autores
Celia Leiberman, Norberto Bleichmar y Graciela Magaril

Junto a un grupo de destacados psicoanalistas los Doctores Bleichmar revisan la mayor parte de la producción psicoanalítica en determinados períodos históricos, sintetizan los artículos, los ordenan y presentan una selección de aquellos que, a su juicio, son de los más interesantes por su originalidad o utilidad clínica.

 

 

 

 

Recomendaciones de libros 

Grupo interno

Los que hemos seguido a lo largo de los años el inteligente esfuerzo de Samuel Arbiser para entender el psicoanálisis como teoría y práctica, hace ya mucho tiempo que esperábamos este libro. Es un conjunto armonioso de escritos que muestra una trayectoria infatigable apuntando a un psicoanálisis actual, moderno y profundo. El lector se entusiasmará por la coherencia de Arbiser y su logrado intento de presentar una visión del psicoanálisis de nuestra época con la inspiración del gran maestro de todos nosotros, Enrique Pichon Rivière.

El lector percibirá, como yo, el empeño de Arbiser para mostrarnos una manera de entender nuestra disciplina como se fue desarrollando en los últimos cuarenta años en el Río de la Plata. Cautiva la prosa de Arbiser, ágil, sencilla y rigurosa.

Ricardo Horacio Etchegoyen

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Depresión: enmascaramiento y somatización

Jornadas Clínicas del Centro Eleia 2015

Por Alba Pérez-Ruiz

En nuestra experiencia cotidiana, todos hemos tenido algunos días difíciles o agradables, otros que nos parecen aburridos e incluso carentes de sentido. Es común que relacionemos esos días menos favorecedores con estados depresivos. Con frecuencia nos referimos a este tema porque todo individuo que sufre de algún problema emocional u orgánico puede presentar una depresión. ¿Quién no ha tenido en algún momento de su vida un episodio depresivo?

Podemos identificar los factores que dan origen a dicho estado con situaciones de carácter diverso: una pérdida, una separación, fracasos sentimentales, económicos o profesionales. Estos elementos no son la causa misma de la depresión, sino que interactúan con los mecanismos del mundo interno del individuo. Por esta razón, la realidad psíquica será el principio determinante en la eclosión de cualquier tipo de ansiedad depresiva.

Sin embargo, cuando hablamos de depresión, debemos tener en cuenta que el término posee múltiples sentidos e implícitamente hace referencia a los distintos grados y a la amplia variedad de manifestaciones que tiene esta condición. Los estados depresivos pueden estar presentes en diversas estructuras psicopatológicas y a diferentes niveles, ya sea como una característica predominante o en forma secundaria a la patología principal. El pluralismo que muestra el espectro depresivo ha llevado a una variedad de denominaciones y clasificaciones de lo que se entiende por depresión. De ahí que, de acuerdo con la perspectiva psicoanalítica, por un lado, se habla de melancolía como la describió Freud y su vinculación con conceptualizaciones más recientes como son la depresión neurótica, la depresión blanca, la depresión narcisista, la depresión esencial, la depresión primaria, por mencionar algunas y por otro lado se habla de una “cualidad depresiva”, que constituye un funcionamiento mental que la involucra.

Una persona que se encuentra dentro de un estado depresivo nos hace preguntarnos sobre su forma de funcionamiento psíquico, el origen de su estado, los factores que intervienen, si la situación está relacionada con alguna pérdida, una separación, una frustración o un fracaso y si tales causas tienen que ver, por su parte, con una baja autoestima o una herida narcisista. Además, cuando se suscita una enfermedad física paralela a la depresión, podría surgir la pregunta de si fue la depresión la que llevó a la persona a ser vulnerable a la enfermedad o fue la enfermedad la que la deprimió.

Puede ocurrir que los síntomas de la depresión se confundan con los de otro padecimiento físico o con una situación de conflicto emocional de naturaleza distinta. Por ejemplo, las adicciones, los conflictos familiares, el escaso rendimiento laboral o académico pueden tener como causa de fondo una depresión latente; si esta condición avanza en forma enmascarada, un síntoma tiende a cubrir a otro. Así entonces, un niño hiperactivo que presenta síntomas como dificultad para concentrarse, problemas para retener información y su atención, agitación motriz, etc., podría padecer de una depresión grave, aunque tales indicadores apunten a un trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

De acuerdo con lo anterior, la depresión puede estar enmascarada detrás de alteraciones somáticas, por ello es importante tomar en cuenta los siguientes aspectos para su abordaje clínico: la depresión puede ser la causa que desencadena los síntomas somáticos; ser la consecuencia de alguna enfermedad orgánica o alteración física, o bien constituir una variable que condiciona el avance y/o recuperación de un padecimiento físico.

En el primer caso, observamos que el estado depresivo se manifiesta a través de diversos cambios en las cualidades somáticas del sujeto como: dolores de cabeza, malestares en distintas partes del cuerpo, fatiga crónica, insomnio, alteraciones en el apetito y en las funciones gastrointestinales, entre otros. Por otra parte, cuando decimos que la depresión es consecuencia de alguna enfermedad orgánica, nos referimos a los efectos emocionales secundarios que pueden originarse por algún padecimiento en particular. Por ejemplo, tras un diagnóstico de cáncer o de una enfermedad degenerativa, es común que los pacientes experimenten estados depresivos. La depresión por alteraciones físicas se refiere a individuos que han sufrido algún daño físico prolongado o permanente. El tercer punto hace alusión a los efectos que tiene la depresión en la evolución o tratamiento de una enfermedad. Para poner un ejemplo, en el caso de la enfermedad coronaria, es mucho más probable que ocurra una afección del corazón, como puede ser un infarto, cuando la enfermedad está asociada a un estado depresivo.

En el marco de las Jornadas Clínicas del Centro Eleia 2015 abordaremos estos y otros temas que permitirán adentrarnos en la problemática actual de los estados depresivos, partiendo de los distintos puntos de vista que los especialistas participantes presentarán, junto con sus aportaciones para la actualización teórica y su experiencia clínica en el trabajo con Conflictos, pérdidas y angustias depresivas en los vínculos intersubjetivos.

 

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La importancia del juego en el desarrollo del niño

Por Patricia Bolaños

El juego no es solamente una de las actividades más características del modo como se comporta un niño, sino que posee múltiples funciones que forman parte esencial de su desarrollo. A través del juego el pequeño integra su mundo afectivo, identifica y conoce sus propias emociones, así como las de los demás. Esto podemos observarlo, por ejemplo, cuando los niños juegan a estar tristes, enojados o muy contentos, simulando diferentes situaciones.

El juego también les permite explorar distintos aspectos de su ámbito social; identifican ciertos roles al jugar a ser adultos, a trabajar en alguna cosa u oficio. Asimismo, jugando les será posible adquirir y fortalecer sus nociones cognitivas, como repasar los números al jugar a las “escondidillas” o utilizando los dados en un juego de mesa. Del mismo modo ocurre respecto al desarrollo de sus habilidades físicas, ya que éstas mejoran cuando corren, saltan, trepan, etcétera.

Ahora bien, me gustaría enfocarme en la importancia que el juego posee para el desarrollo psíquico del niño y cómo su comprensión nos permite entender de manera profunda la mente infantil.

A través del juego, el niño elabora los conflictos centrales a los que se enfrenta su mente. Una de las primeras problemáticas que surgen en el desarrollo es la separación: asumir que el otro tiene una existencia aparte de la propia y, después, tratar de entender qué sucede con la otra persona cuando no está –“¿desaparece?, ¿regresará?”–. En este momento nos encontramos con uno de los juegos más tempranos: esconderse detrás de una sabanita y aparecer inmediatamente, también conocido como peek-a-boo, mediante el cual el bebé trata de elaborar la ausencia del objeto. Los terapeutas dedicados al trabajo clínico con niños, están familiarizados con el juego de las escondidillas en el consultorio dentro del contexto de una interrupción por vacaciones o incluso en fines de semana.

Más adelante, conforme los pequeños van descubriendo su cuerpo y el de la madre, muestran interés por los huecos; les agrada llenar y vaciar cosas. Los juguetes que permiten hacerlo son sus predilectos a esta edad. En el consultorio, los niños suelen introducirse en distintos espacios, debajo de algún mueble, por ejemplo, o vaciar su caja de juegos. Así, se elabora el interior y el exterior, “¿qué está adentro o afuera de mi cuerpo, del cuerpo de mamá, del de mi analista?

Cuando se está consiguiendo el control de los esfínteres, el interés lúdico está puesto en la tierra y el agua, que representan simbólicamente la orina y las heces. Al manipular estos elementos, el niño experimenta el placer de ensuciarse y de controlar por medio del juego lo que pasa en su cuerpo.

Después de los tres años, el pequeño se encuentra sumamente atraído por la diferencia entre sexos y la relación de los padres. Juegos como “el doctor”, “la casita”, tienen la finalidad de elaborar estos temas que son centrales en la mente del niño, como lo son también las emociones vinculadas a los celos, la curiosidad, la exclusión y la rivalidad.

Alrededor de los cinco años, identificarse con el padre del mismo sexo se convierte en una de las tareas más destacadas. Entonces, los varones se encuentran fascinados con superhéroes, pistolas y espadas, haciendo una introyección del rol masculino. Entre tanto, las niñas prefieren juegos con bebés, hacer la comidita, en un intento también de identificarse con las funciones maternas.

Al entrar a la escuela primaria, durante el período de latencia, los intereses se modifican, a los niños les gusta usar juegos de mesa, de azar, como una forma de poner a prueba sus capacidades y dejar de lado la sexualidad infantil. A partir de los siete u ocho años y hasta llegar la pubertad, el cuerpo tiene un rol fundamental. Los chicos buscan jugar a la lucha, a las carreras, fútbol, para reafirmar la habilidad de su cuerpo confrontada a la de sus pares.

Durante la pubertad, los juegos sexuales tienen una intención lúdica, de exploración y conocimiento. Los besos y las caricias apuntan a descubrir las nuevas sensaciones que experimenta su cuerpo sexuado.

El niño que juega bien, tranquilo, con imaginación y de acuerdo a las características que corresponden a su edad, muestra un desarrollo saludable. Por el contrario, aquellos que presentan un juego rígido, sin imaginación y que tiende a ser regresivo, nos señala problemas en su desarrollo emocional.

 

Referencias bibliográficas:

Aberastury, A. (1968). El niño y sus juegos. Buenos Aires: Paidós.

Esquivel, F. (2010). Psicoterapia infantil con juego. México: El manual moderno.

 

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Artículo del Diplomado “Terapia de Juego. Bases y avances en psicoanálisis infantil”
Inicia: 10 de octubre de 2015
Clases todos los viernes de 9:00 a 13:00 hrs.
Duración: 9 meses
Imparte: Dra. Sara Dweck

Se imparte en el Plantel Norte

Av. Cerro de las Campanas 3
nivel 5, San Andrés Atenco
Tlalnepantla, (Periférico/Pirules)

Mayores informes e inscripciones mmercado@centroeleia.edu.mx o al 56612177 ext. 110

Conoce los detalles del Diplomado Terapia de Juego aquí