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Pensando las relaciones víctima verdugo desde la clínica del psicoanálisis

Taller a cargo de la Dra. Yolanda del Valle

Enero, 2015

Cuando menciono la relación víctima-verdugo, no me refiero a una persona víctima ni a una persona verdugo, sino a una forma destructiva que se presenta como dominio-sumisión y se manifiesta en modalidades que van desde las más evidentes hasta las más sutiles y desconocidas. Tan sutiles son en su mayoría, que sólo pueden ser reconocidas en el trabajo analítico, especialmente a partir de la transferencia.

En este taller presento tres diferentes manifestaciones de la dinámica víctima-verdugo en su relación con lo intrapsíquico. Forman parte tanto de la realidad interna como de la externa, y aseguran un monto de sufrimiento y placer:

1. Como dinámica autodestructiva.

Es un conflicto que se juega entre instancias, específicamente desde lo interno.

Yo, con cualidades y habilidades valiosas, soy víctima de ésta que soy yo misma, porque la envidia que me despierta todo eso bueno que me pertenece, me lleva a buscar la forma de destruirlo-destruirme; o a detener, de una u otra manera, tanto su desarrollo como su culminación. Paradójicamente, esto me sucede pese a que aprecio mucho todo eso bueno mío, trabajo por fortalecerlo y lucho por sacarlo adelante.

2. Como dinámica destructiva sujeto-objeto.

Es una controversia por el poder que se juega en forma diádica entre sujeto y objeto. Los aspectos centrales del conflicto son de naturaleza inconsciente y tienen que ver con bueno-malo y con dominio-sometimiento. Se presenta una confusión entre ciertos aspectos de la psique tanto del sujeto como del objeto en pugna, y esta confusión suele hacerse extensiva a otros que participan de cerca.

¡Haz de limitarte a lo que yo diga; es algo que está fuera de discusión! ¡Ay de ti si te pasas de listo conmigo!, te va a salir muy caro…

¡Sabes cuánto me interesa que estés bien, y mira lo que tú haces conmigo! ¿Qué te hice para que me trates de esa manera?

3. Como dinámica destructiva social.

Existen una serie de supuestos que influyen y hasta determinan nuestra forma de entender al mundo y se transmiten como convenciones o como “verdades” que operan desde lo no consciente. Estos acuerdos sociales inconscientes sobre lo que hemos de pensar, las ideas que debemos sostener, aquello que debemos condenar o defender, colaboran en dar mayor potencia, tanto a la dinámica intrapsíquica víctima-verdugo, como a la dinámica víctima-verdugo diádica, sujeto-objeto.

En el taller reviso específicamente aquellos supuestos que contribuyen a subrayar y eternizar falsos planteamientos en la dinámica destructiva que nos ocupa, como es el planteamiento maniqueo que divide a la realidad en dos opuestos: blanco y negro, todo o nada, buenos y malos, los míos-confiables y los extraños-no-confiables. Está también la exaltación del dolor cuando se le interpreta como manifestación amorosa, como valioso en sí mismo o que honra a quien lo padece. Y, por último, entender al otro como propiedad privada, o verse a sí mismo como propiedad del otro.

Estas “verdades” en general no se cuestionan y mantienen una lectura fija de la realidad que coopera al sostenimiento del statu-quo. Su objetivo último consiste tanto en conservar la unidad del grupo social como sus divisiones y desacuerdos a través de una serie de ideas intocadas entre sus miembros. El mismo mecanismo mental del pensamiento que no es pensado contribuye a que esto sea posible, además de la ausencia absoluta de juicio y de reflexión crítica.

Entendido desde la dinámica de este tipo de relación, el papel de víctima suele tener una gran demanda; probablemente debido a la serie de placeres que se derivan: la erotización del sufrimiento, la fascinación de ser visto como sufriente, el disfrute que proporciona la autocompasión. Pero, sobre todo, porque ser víctima procura un enorme poder: que vean mis heridas, mis moretones, que vean como me maltratan, de qué manera me humillan. De esa manera agreden al enemigo, exhibiendo en sus heridas la crueldad del mismo y distribuyendo algo del odio que a ellos los rebasa.

Sé que te odio pero ignoro cuánto me apasiona odiarte; ser víctima tuya y ser tu verdugo se han erigido en pilar central de mi vida. Es una adicción a la que no deseo renunciar, y no tengo la más remota idea de que se trata de una pasión elegida y pago el precio que sea por mantener este juego destructivo.

Si bien reviso en el taller estos tres niveles de la dinámica víctima-verdugo, mi interés central consiste en enfocar su impacto, su reflejo o su manifestación, en el mundo interno, en el universo de lo íntimo, de lo subjetivo y de lo desconocido, fundamentalmente a través de la transferencia en el psicoanálisis clínico.